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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

CARTA A ANDRÉ MEYER, 1942*

Author: Marc Bloch


*Traducción de Jean Meyer.

Fuí alumno de Marc Bloch (1886-1944) en la Universidad de Estrasbrugo en 1934-1935, luego en la Sorbona. En la Universidad de Estrasburgo, por la cual pasaban entonces los grandes profesores, antes de terminar su carrera en París, Marc Bloch era el historiador más eminente, desde la aparición, en 1931, de su primera obra maestra Los caracteres originales de la historia rural francesa. Para los estudiantes de historia éste era "el libro" por excelencia.

Marc Bloch era un maestro fascinante, pero exigente a la hora del examen -lo que nos parecía muy natural. No perdonaba una falta de gramática, tampoco de ortografía.

Cuando en el otoño de 1940 los docentes judíos fueron dados de baja por el gobierno de Vichy, se hizo una excepción con algunos pocos, entre los cuales estaba Marc Bloch, en consideración a su conducta heroica durante la primera guerra mundial, la cual le valió la Legión de Honor y cinco menciones por hechos de guerra. Entonces fue nombrado profesor en la Universidad de Montpellier, donde llegué a ponerme en contacto con él.

Es de sobra conocido que en noviembre de 1943, cuando los alemanes ocuparon el sur de Francia (la "zona libre") Marc Bloch entró en la clandestinidad y tomó, como resistente, el nombre de Narbonne (ciudad vecina a Montpellier). Arrestado en Lyon, fue torturado y fusilado el 15 de julio de 1944.

Acabó como un héroe de Plutarco. Supo unir al historiador el ciudado y el sabio el francés, como lo confirma esa frase de su testamento:

Extraño a todo formalisino confesional, así como a toda solidaridad supuestamente racial, me sentí, a lo largo de toda mi vida, antes que todo y muy sencillamente, francés.

André Meyer [Nota 1]

M. André Meyer

Professeur au Lycée

Nice

Montpellier, 5 tue Sainte Croxi a 18 de enero de 1942 [Nota 2]

Mi querido amigo,

Con felicidad recibí noticias de Ud. Desde que la guerra verdadera sucedió a la "guerra en broma", [Nota 3] le había perdido la pista, aunque haya sabido, en Clermont, [Nota 4] algo acerca de su evasión. Permítame, antes que todo, felicitarlo por su felicidad. El optimismo, mejor dicho, la confianza de todos los alsacianos es admirable. ¡Cuánta razón tiene Ud. al participar y asociar a ella, por adelantado, el destino del pequeño ser que ustedes esperan! [Nota 5]

Mis aventuras bélicas fueron menos pintorescas que las suyas. Sin embargo no les faltaron del todo colores. Del 10 al 30 de mayo (1940) tuve que vagabundear de puesto de mando en puesto de mando, obsesionado por la preocupación de repartir gasolina y diesel a los tanques, tractores y camiones de un ejército cada día mas zarandeado; me entregué también a la tarea de dar las órdenes de incendiar todos los depósitos abandonados. Luego, después de hacer hecho ponchar debidamente las llantas de las pipas pude, con la mayor parte del Estado Mayor, alcanzar la costa. Un hermoso atardecer de primavera embarqué en Dunkerque [Nota 6](éste no era tan hermoso como el atardecer); dos días después me encontré en Cherbourg, vía Inglaterra. Por fin, después de peripecias interminables, me encontré en Rennes, el mismo día de la entrada de la columna alemana, sin que tuviera que disparar. Me vestí de civil y aparté un cuarto en el hotel bajo el nombre de "Sr. Marc Bloch, profesor en la Sorbona".

Quince días después las comunicaciones quedaron restablecidas, de modo que pude pasar por Nantes, Angers, y finalmente llegué a la Creuse, en donde estaban los míos. Unos sufrieron bombardeos en Gueret; mi esposa, uno de mis hijos y mi madre, que habían sido rescatados en auto, corrieron sin rumbo unos diez días al sur del río Loire, a lo largo y después de la batalla; por fin llegaron a Gueret después que yo. ¡Pequeña historia de una familia francesa normalmente muy tranquila! Adivinará Ud. cómo todos nosotros, a lo lago de esa temporada, acumulamos muchas experiencias aleccionadoras; especialmente yo con mi trabajo en el Estado Mayor del Ejército. Aún no llega el momento de ponerlas por escrito. [Nota 7]

Acá estoy ocupado con la docencia, que es bastante pesada (un tema de la Edad Media para la "agregación", [Nota 8] algo que conocía mal; sobre todo una clase de historia económica de Francia en el siglo XIX, que había dado en París en forma muy parcial y que no es sencillo de armar.) No tengo a la mano mis libros, muy amenazados, según me acaban de decir, en París, en donde se quedaron. [Nota 9] Como todo el mundo, estoy mal instalado. Hasta ahora casi no he trabajado en lo mío. Los Annales salen de nuevo, con las modificaciones externas que Ud. adivina. [Nota 10]

Mi sobrino Marc Weill está en Lyon, en donde encontró un pequeño empleo y prepara un examen de contador público. Brunschwig es, por desgracia, prisionero de guerra. Recibí noticias suyas al principio, pero desde la instauración del sistema de formas y tarjetas, imposible corresponder con él, imposible mandarle los suplementos de los cuales, parece, está muy necesitado. [Nota 11]

Sobra decirle que mis preocupaciones personales van, ante todo, dirigidas al porvenir de mis hijos. Especialmente de mis hijos mayores: uno es estudiante de 2° año de derecho, el otro (¡que soñó, toda la vida, con la Escuela Colonial!) [Nota 12] está en el último año de Prepa. Pero esta es mi pequeña huerta individual, de la cual sería imposible olvidarse; sin embargo, no es más que una pequeña huerta. Mis más altas preocupaciones se encuentran en otra parte. Son las mismas que las suyas; e idénticas, igualmente, nuestras esperanzas. ¿Tendré que decirle que es menos el... digamos, mañana (un mañana imaginado en la luz que adivina Ud.) que el pasado mañana que me preocupa? Es difícil para un viejo historiador vivir en el tiempo inmediato.

Muy cordialmene suyo, mi queirdo amigo, [Nota 13]

Marc Bloch

P.D. Desde luego espero que Ud. no abandone la idea de un trabajo personal. No tarde demasiado en pensarlo en serio.


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