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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1992

Mucho de dónde escoger


Podemos observar cuatro maneras de innovar en los programas universitarios de literatura. La primera y más evidente consiste en aumentar el surtido de los cursos impartidos, independientemente de todo objetivo ideológico. Comparados con los años 1950, los departamentos de literatura inglesa y norteamericana ofrecen hoy muchos más cursos que incluyen a muchos más escritores. En la universidad de Princeton, por ejemplo, el catálogo de 1990 es mucho más generoso que el de 1960. La lista, que ha aumentado muy poco en el primero y el segundo año (los años de preparación general, como se recordará), que incluye todavía cursos (de un semestre) sobre El arte de escribir, sobre Shakespeare, sobre Los grandes escritores norteamericanos y sobre La tradición literaria inglesa; Primera Parte: del siglo XIV hasta el XVIII; Segunda parte: del siglo XVIII hasta nuestros días, se ha duplicado, en compensación, en el tercer año, ya que pasó de 24 a 51 cursos semestrales. Los dos cursos sobre la Edad Media de 1960, hoy son cuatro. Vemos la misma duplicación en el Renacimiento. Tres cursos tratan del siglo XVII, y tres del XVIII (por oposición con tres y uno, respectivamente, en 1960). El siglo XIX se beneficia hoy con cinco cursos (dos en 1960), y la literatura inglesa moderna, con ocho (ninguno en 1960). Siete cursos (por oposición con tres en 1960), enseñan los diferentes períodos de la literatura norteamericana. Además, un gran número de cursos cubre los diferentes géneros literarios, la teoría de la literatura, la interpretación literaria, la historia de las ideas lingüísticas, así como temas variables concernientes a la tradición literaria femenina y a la literatura afroamericana. En el cuarto año, los estudiantes eligen entre varios seminarios avanzados, dos en 1960, cuatro en 1990. Hay que notar la ironía de la situación: como Sancho Panza, gobernador de su isla, el estudiante de tercer año en literatura inglesa se encuentra frente a un inmenso festín de 55 cursos y seminarios semestrales, pero sólo tiene el tiempo y el derecho de elegir ocho, puesto que debe consagrar el resto de sus estudios a seguir cursos de formación general.

La tendencia siempre creciente a la riqueza se puede percibir igualmente en la evolución de la influyente Antología de la literatura norteamericana, publicada por la editorial Norton. Comparando tres de sus ediciones recientes, un joven crítico mostró que tienden más a incluir que a excluir autores. El número de escritoras, por ejemplo, aumentó de 29 a 50 en la última edición, y el de escritores negros, de 14 a 21. Estos agregados reflejan las pasiones políticas de las universidades de hoy, pero conducen a muy pocas exclusiones entre los escritores que ya estaban presentes en las ediciones anteriores. Anne Bradstreet, Mary Rowland son, Rebecca Harding Davis, Edíth Wharton, Willa Cather y muchas otras aparecen, mientras que Sidney Lanier y William Vaughn se retiran. Además, la categoría de E. E. Cummings (misógino) y de Allen Tate (tachado -¿por qué,?- de conservador) disminuye un poco.

La riqueza y la diversidad son, por otro lado las consignas en todos los mercados culturales. En el mundo de la edición, se publican más libros nuevos y más clásicos cada año, en tirajes que sobrepasan todo lo que en el pasado se pudo imaginar, y siempre a precios accesibles. La creciente prosperidad de colecciones como Penguin Classics, Signet Classics, Bantam Classics y World's Classics (0xford University Press) dan testimonio del apetito insaciable del público por las obras literarias del pasado. Las editoriales universitarias contribuyen a su vez a esta apropiación universal traduciendo textos exóticos o menos conocidos.


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