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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1992-1993

2. Por una libertad con justicia social


Probablemente fue John Stuart Mill el primero entre los teóricos liberales en destacar, en el ámbito de la concepción liberal del Estado, algunas instancias propuestas por el liberalismo premarxista europeo, como la eliminación de los privilegios de nacimiento, la gradual sustitución de un espíritu comunitario, en lugar del egoísmo del individuo que trabaja y acumula únicamente para su provecho y la admisión de controles estatales en la economía. Quizás este espíritu fue determinante para que una fracción no dogmática de la izquierda tomara en cuenta a un clásico del liberalismo, y conforme a su estudio renaciera un espíritu crítico hacia las ideas hercdadas del marxismo, que dieron origen a regímenes despóticos. El hecho de que intelectuales de izquierda hayan releído positivamente uno de los clásicos de liberalismo y aconsejen esto mismo a sus compañeros de facción "es señal de que la desconfianza (y la ignorancia) recíproca de las dos culturas (liberal y socialista) está por terminar". [Nota 21]

Los sistemas cerrados (totalitarismo de cualquier doctrina) sólo se pueden abrir con la inserción de principios extraños que modifiquen el antiguo equilibrio: mientras que el socialismo marxista descuida las conquistas fundamentales de la democracia liberal, empezando por los derechos individuales de libertad, convencido equivocadamente de que éstos son resabios del capitalismo liberal, y en definitiva de una civilización que hay que derrocar; el liberalismo librecambista favorece la permanencia y el acrecentamiento de las situaciones de privilegio y desigualdad. Es por eso que para terminar con esa situación que prevalece en el liberalismo económico es necesario Introducir algún criterio de justicia distributiva .... y aquí comienzan los problemas. Distribuir, pero ¿con qué criterio? El debate actual ... nace de la diferencia entre las respuestas dadas a esta pregunta tan simple". [Nota 22] La situación gira en torno a los planteamientos de estas dos corrientes con posturas muchas veces antagónicas, que conducen a un conflicto aparentemente sin salida.

Desde hace algunos años el liberalismo económico ha levantado la cabeza, pero su contrincante ya no es el colectivismo de los países donde los partidos comunistas tomaron el poder, sino la modalidad del estado socialdemócrata. "Los vicios que normalmente eran atribuidos a los estados absolutistas burocratización, pérdida de libertades personales, desperdicios de recursos, mala conducción económica- son ahora atribuidos a los gobiernos que adoptaron políticas de tipo socialdemócrata".[Nota 23] La visión de la derecha es que este estado benefactor socialdemócrata- está al borde del fracaso y camina hacia el totalitarismo. De la misma manera, la izquierda ejerce crítica constante hacia el sistema socialdemócrata por haber aceptado, aunque moderadamente, al capitalismo. Sin embargo, este estado situado entre las dos corrientes y amenazado hoy principalmente por el liberalismo, presenta un panorama más claro para la democracia que sus dos variantes radicales. Un hecho innegable es que la práctica democrática es una consecuencia histórica del liberalismo (todos los estados democráticos existentes fueron al inicio liberales), pero se ha arribado a una forma de estado que no es mínima (aunque no sea el estado máximo de los regímenes totalitarios). Éste es el argumento esgrimido por el liberalismo para atacar al estado benefactor: la creación de un estado que ya no logra desarrollar su propia función de gobernar por ocuparse en otros campos donde no es función originaria de éste intervenir.

Bobbio argumenta que esta lucha por el desmantelamiento del estado socialdemócrata está basada en una concepción filosófica de la que nació el estado moderno: "el ¡usnaturalismo moderno al partir no de la naturaleza social del hombre, sino de su naturaleza egoísta, considerando más al individuo aislado que al indiviuo en sociedad, expresa una concepción del hombre estrecha, particularista, privatista, atomista ... dando origen a una particular ideología política: la del liberafismo". [Nota 24] Esta concepción individualista de la sociedad nunca ha sido aceptada por la izquierda, pero es una concepción que ningún proyecto que contemple la liberación del individuo puede desechar. Por esto "no es casualidad que hoy afloren ideas contractualistas y se hable de un nuevo contrato social [Nota 25]

La hipótesis de la que parte el contractualismo moderno, es la de un Estado en el que solamente existen individuos aislados, pero tienden a unirse en sociedad para salvar la vida y la libertad. Partiendo de esta hipótesis la sociedad política se convierte en un artificio, un proyecto para construir y reconstruir continuamente, que tiende a someterse a revisión permanente, y que por tanto jamás es definitivo. ¿Será ésta la única protección por parte del gobierno a los individuos contrayentes? o por el contrario¿ un contrato social con el principio de justicia distributiva? "En pocas palabras, se trata de ver si, partiendo de la misma concepción individualista de la sociedad, que es irrenunciable, y utilizando los mismos instrumentos, seamos capaces de contraponer al neocontractualismo de los liberales un proyecto de contrato social diferente, que incluya entre sus cláusulas un principio de justicia distributiva y por tanto sea compatible con la tradición teórica y práctica del socialismo. Y,[Nota 26]

De este nuevo contrato social sugerido por Bobbio nace el liberal-socialismo: una doctrina que busca los derechos individuales y su confirmación en los derechos sociales. La brecha abierta por la libertad individual llega a la libertad social, siempre y cuando la vía no sea un liberalismo antisocialista o un socialismo marxista.


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