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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1992-1993

CONCLUSIONES


La libertad que debe ser promovida y acrecentada en todo régimen que aspire a la democracia es la libertad individual respecto del estado, aquellas libertad de la que son manifestación concreta las libertades civiles y la libertad política, como participación directa en la formación de las leyes a través del cuerpo político del cual la asamblea de ciudadanos es la máxima expresión.

La única forma de democracia compatible con el estado liberal, es decir, con el estado que reconoce y garantiza algunos derechos fundamentales, como los derechos de libertad de pensamiento, de religión, de reunión, etc., es la democracia representativa o parlamentaria, donde la tarea de hacer las leyes concierne no a todo el pueblo reunido en asamblea, sino a un grupo restringido de representantes elegidos por aquellos ciudadanos a quienes se les reconozcan los derechos políticos. En esta concepción, que se puede llamar liberal de la democracia, la participación en el poder político que siempre ha sido considerada el elemento característico del régimen democrático, también es resuelta en una de las libertades individuales que el ciudadano ha reivindicado y conquistado frente al estado asboluto, redefinida como la manifestación de aquella particular libertad que, yendo más allá del derecho de expresar su propia opinón, de reunirse o de asociarse para influir sobre la política del país, comprendo también el derecho de elegir representantes en el parlamento y ser elegidos.

Si no puede llamarse propiamente liberal a un estado que no reconozca el principia democrático de la soberanía popular, aunque limitadamente al derecho de una parte también restringida de los ciudadanos de dar vida a un cuerpo representativo, es todavía más cierto que según la concepción liberal del estado no puede haber democracia sino donde se reconozcan algunos derechos fundamentales, de libertades que posibiliten una participación política guiada por una determinación autónoma de la voluntad de cada individuo.

En general, la línea de desarrollo de la democracia en los regímenes representativos debe ser buscada esencialmente en la gradual ampliación del derecho de voto que, en un principio restringido a una exigua parte de los ciudadanos con criterios basados en la renta, en la cultura y el sexo, se ha ido extendiendo según una evolución constante, gradual y general a todos los ciudadanos de ambos sexos que hayan alcanzado un cierto límite de edad (sufragio universal).

El proceso de democratización que consiste en un cumplimiento cada vez más pleno del principio límite de la soberanía popular se inserta en la estructura del estado liberal, en principio entendido como un estado garantista. En otras palabras, a lo largo de todo un discurso que llega hasta nuestros días, el proceso de democratización como se está desarrollando en los estados que hoy son llamados de democracia liberal, consiste en una transformación tanto cualitativa como cuantitativa del régimen representativo. En este contexto histórico la democracia no se presenta como una alternativa al régimen representativo (como en el proyecto roussoniano original), sino como complemento del mismo; no se trata de una transformación sino de una corrección.


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