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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1992-1993

3. Minorías y Liderazgo


El principio fundamental del pensamiento democrático ha sido la libertad entendida como autonomía, es decir, como capacidad para legislarse a sí mismo, de acuerdo con la definición de Rousseau que debería tener como consecuencia la plena identiricación entre quien pone la regla y quien recibe la conducta, y por tanto la eliminación de la tradicional distinción, en el que se apoya todo el pensamiento político entre gobernantes y gobernados. Sin embargo, como ya lo he indicado (parágrafo 1) siempre que se piensa en el concepto de gobierno, en el sentido de gobierno real, no todos los individuos participan en esta mayoría. Aquí aparece lo que Sartori llama el modelo de la clase gobernante, que tiene su origen en la llamada ley de clase política, de Gaetano Mosca.

La ley de Mosca significa que toda la sociedad política se configura en su estructuración vertical como una pirámide, argumentando que siempre habrá dominantes y dominados. Esta estructuración implica el liderazgo de las minorías, caracterizado por una multiplicidad de grupos de poder entrelazado,s envueltos en maniobras de coalición[Nota 5]

Bobbio, por su parte, reconoce que el poder oligárquico está presente en las llamadas democracias, sin embargo Ia presencia de élites en el poder, no borra la diferencia entre regímenes democráticos y autocráticos"[Nota 6]

Otra línea de investigación, encabezada por Robert Micheis, llega a una conclusión que difiere completamente de la argumentada por Bobbio en El futuro de la Democracia. Para el alernán, la democracia es imposible. Su obra Los partidos políticos, publicada por primera vez en 1911, tiene como postulado principal la llamada ley de hierro de la olígarquía. Micheis considera que la organización democrática a medida que se hace más compleja pierde su carácter democrático. Su argumento se basa en el carácter de la delegación a partir de la imposibilidad de que el pueblo ejerciera directamente el poder legislativo en asambleas populares, naciendo la representación popular del estado parlamentario. En consecuencia el poder de determinación llega a ser considerado como uno de los atributos específicos del liderazgo y las masas lo pierden gradualmente mientras se concentra en las manos de los líderes; éstos se emancipan de la masa y de su control. La organización implica la tendencia a la oligarquía; en toda organización, ya sea de partido político, gremio profesional u otra asociación, se manifiesta esta tendencia. Torno consecuencia de la organización, todos los partidos o gremios profesionales llegan a dividirse en una minoría de directivos y una mayoría de dirigidos."[Nota 7] A medida que se desarrolla la democracia, aparece un efecto lateral: con el avance de la organización, la democracia tiende a declinar. El aumento de poder en los líderes es directamente proporcional a la magnitud de la organización. "El advenimiento del liderazgo señala el principio del fin de la democracia" ya que, según Jean Jacques Rousseau, "un pueblo que se entrega a sus representantes deja de ser libre". [Nota 8]

Como se puede apreciar Michels concebía la democracia a lo Rousseau, con el carácter utópico que el ginebrino le imprimió a ésta. Es un escéptico de la democracia porque no la encuentra, ya que se equivoca de sitio y la busca en las estructuras y no en las interacciones. Quiere encontrarla ínmovilizada en algo dentro de algo, en lugar de buscarla en la dinámica entre grupos y organizaciones. No son los individuos sino los grupos los protagonistas de la vida política de una sociedad democrática, en la que ya no hay un solo soberano, ni el pueblo o la nación -el pueblo comprendido como unidad ideal- sino el pueblo dividido objetivamente en grupos contrapuestos, en competencia entre ellos con su autonomía relativa con respecto al gobierno central. El modelo del Estado democrático basado en la soberanía popular fue el modelo de una sociedad monista. La sociedad real que subyace en los gobiernos democráticos es pluralista."[Nota 9]


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