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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1992-1993

SOLIDARIDAD SOCIAL*

Author: Vilfredo Pareto [Nota 1]


* La versión original de este artículo, Solidarité Social, apareció en el Journal des Economistes (1898, XXXIII: 161-71). Versión en español y Notas Finales" de J. Molinet, Departamento Académico de Ciencias Sociales, ITAM. Agradezco muy especialmente a Ma. del Carmen Roqueñí (IIS-UNAM) haber obtenido fotocopia del original paretiano. Que ella encuentre en esta propuesta de traducción una manera de justificar sus cuidados y comprender mi terquedad. La anotación ha sido reducida al mínimo considerado indispensable en un material de trabajo y está incluída en las notas finales (J.M.).

Me gustaría mucho saber qué es precisamente lo que se entiende bajo este nombre, con el mayor cuidado leo a los autores que lo tratan, pero confieso que con esto casi no avanzo. Es evidente que esta solidaridad sea una panacea universal, un medio de resolver todas las dificultades económicas y sociales, una suerte de fórmula mágica del tipo ¡ábrete Sésamo! y que notablemente sea una receta maravillosa para sacudir el yugo de los capitalistas y anular la ganancia del infame capital, pero no se concibe con la misma facilidad cómo se producirán estos hermosos efectos.

Desgraciadamente es un punto sobre el cual nuestros reformadores no se explican de buena gana. Alaban en muy bellos discursos las virtudes de la dulce solidaridad, que oponen a la cruel competencia, y anatematizan, obvio, a los economistas liberales, malditos manchesterianos. Sin embargo, desde las alturas a donde les lleva su elocuencia, apenas si tienen a bien tener en cuenta nuestra pobre vida terrestre y sus duras necesidades.

Aquí mismo G. [ ] de Molinari presentó algunas observaciones al carácter condenatorio más bien fuerte que [Pierre] Berthelot dirigió contra las odiosas doctrinas del laisser-faire, laisse-passer. Yo esperaba que Berthelot respondiera, que aportara a esta discusión algunas de las cualidades que, en química, le hacen un científico verdadero y un maestro venerado, pero esta espera ha terminado en decepción. Berthelot no se ha dignado apoyar con ninguna prueba sus afirmaciones económicas, aunque las necesitaban mucho. Son afirmaciones que parecen más bien arriesgadas, y en esto difieren principalmente de sus trabajos en química que, al contrario, son modelos de claridad, de rigor científico donde nunca faltan las pruebas.

Pero he aquí a un historiador, Vandal, que tal vez nos ilustrará mejor. Dice que Léon Say, en los últimos años de su vida se acercó a las doctrinas éticas de la solidaridad, que algunos de sus últimos escritos parecen testimoniar que había reconocido Ia insuficiencia de las doctrinas puramente liberales". [Nota 1] La admiración que tengo por las obras de Léon Say me comprometería seriamente a aceptar esta solidaridad. Sin embargo, por más que le he buscado con el mayor cuidado en Les Finances que, al decir del editor, son todas las últimas páginas escritas por Léon Say, no la encontré, y propiamente vi lo contrario. Léon Say ahí descubre, en términos excelentes, las maniobras de los señores proteccionistas que, a cubierto del hermoso velo de la solidaridad de la producción nacional, despojan más y mejor a los desventurados consumidores. Por añadidura, nos dice: "Si hay un fenómeno triste y poco hecho para dar confianza en el desarrollo futuro de la riqueza de Francia, es el desprecio de un gran número de ciudadanos por la iniciativa individual, es la tan difundida idea de que los hombres no son capaces de nada bueno a menos de estar fajados en los pañales administrativos, como si se fueran a convertir en niños perpetuos que se llevan de la mano por su propio bien." Más adelante, Léon Say cita con aprobación unas palabras de Goschen: "La libertad de trabajo, la libertad de hacer lo mejor que nos sea posible en el ejercicio de nuestras facultades, son las grandes cosas que deben ser objeto constante y principal de los estudios económicos en el porvenir. Este es el campo donde, en Francia, ha trabajo Léon Say."

No me parece que sean las ideas de un hombre listo para convertirse a la teoría de la "nacionalización" de las grandes empresas o a la teoría de la solidaridad, al menos como la expone [ ] Bourgeois. Además, precisamente, Léon Say en los últimos años de su vida tuvo un enfrentamiento con este apóstol de la solidaridad. Se trataba del impuesto sobre el ingreso de una máquina, concebido para despojar so capa de solidaridad- a unos ciudadanos en beneficio de otros. No hay más que leer el discurso que Léon Say pronunció en esa ocasión ante la Cámara. Se verá que verdaderamente no son las palabras de un economista que sueña con abandonar las doctrinas liberales. Más fiel que nunca a la bandera que defendió toda su vida, Léon Say se niega a cualquier transacción. "Hay días -dice- en que uno puede hacer muchas concesiones, días en que ellas fortifican; al contrario, hay días que matan."

Si el discurso de Vandal todavía no aclara mucho la idea que debemos formarnos de la "solidaridad social al menos tiene un punto que queda fijo: "el honor de nuestro tiempo es sentirla y proclamarla". Puesto que es un historiador quien lo dice, hay que creerle; pero, en verdad nunca lo habría dudado. Hay un cierto apólogo bien conocido donde Menenio Agrippa comparaba a las diferentes clases de ciudadanos con los miembros y con el estómago. Confieso que no empleó precisamente el término "solidaridad social Pero, por otra parte, ¿encuéntrenme una solidaridad más estrecha que la de los miembros y el estómago pertenecientes a un mismo cuerpo?

Además, el imperio romano en la época de su decadencia, vio la realización del sueño caro a Bourgeois. Todo hombre, dice este autor, nace con una deuda ante la sociedad. la ley positiva asegurará la ejecución de la obligación social Esto es precisamente lo que se esforzaban en hacer las constituciones imperiales. El hombre que tiene por padre a un artesano que pertenece a ciertas corporaciones, ha contratado con la sociedad, en virtud del cuasicontrato de que habla Bourgeois, la deuda de servir en las corporaciones, y la ley positiva vela para que él cancele su deuda. "Que los jueces competentes se ocupen -dice una constitución del año 307 (Cod. Theod. XIV, 7, 1)- de hacer volver en sus propias ciudades a los miembros de las corporaciones." Esta orden parece haber sufrido algunas dificultades en su ejecución, pues cinco años después, el emperador se vio obligado a repetirla. En 317 una constitución declara que Ios fabricantes de moneda deben permanecer siempre en su condición y que no pueden ser liberados por ninguna dignidad, por ningún privilegio" (Cod. Just. XIV, 8, l). Los banqueros y sus descendientes que descargan los navíos en las barcazas deben cubrir su deuda respecto a la sociedad, de la misma manera que las personas encargadas de efectuar transportación para el fisco. "Establecemos por una ley eterna -dice una constitución de 384- que los bastagarii jamás pueden abandonar su corporación (Cod. Theod. X, 20, 11).

Pero -se dirá- usted exagera, nunca Bourgeois ha pedido que se deje a los artesanos atados a su oficio, sólo tiene en mente a los ricos. Quiere -como lo dice muy bien y ves Guyot- "hacer que el hombre rico o acomodado cubra la deuda que ha contratado ante la sociedad por el hecho mismo de su nacimiento. ¿La propiedad? ¿Qué es? Es una parte que un individuo o una familia han robado a la sociedad. Deudores, expoliadores ¡que resituyan!

¡Muy bien! pero los ricos también estaban contemplados en las constituciones imperiales. Para hacer que pagaran entonces no se decía restituir, se les había reunido en corporación, se llamaban curiales Su solidaridad comenzaba por el deber de garantizar la recaudación del impuesto -el estado ético está siempre ávido de dinero- y se extendía hasta contibuir para las obras públicas de su ciudad y también para la diversión de sus conciudadanos.

Ciertamente Vandal es muy injusto frente al pasado cuando reclama para nuestro tiempo el honor de haber sentido y proclamado la solidaridad. El imperio romano de la decadencia hizo mucho más, la realizó. Es cierto que los efectos casi no fueron felices, y es probable que por esto los economistas éticos de buena gana callen ante esa aplicación de sus teorías.

Durante mucho tiempo los curiales cubrieron su "deuda" sin murmurar demasiado. Lo hicieron de buena voluntad e incurrieron en gastos que de ningún modo eran obligatorios para dar de comer y de beber a sus ciudadanos. Pero la destrucción de bienes muebles no es la mejor manera de enriquecer y hacer prosperar a la sociedad. Llegó un día en que los curiales se doblaron bajo la carga.

Las constituciones imperiales querían precisamente, como dice Bourgeois, "asegurar mediante sanciones imperativas la cancelación de la deuda social, la ejecución que resulta para cada uno de los hombres de su condición de deudor entre todo. Los curiales se escapaban en toda dirección llevándose consigo la materia gravable. Una novela de Majorien nos los muestra "al abandonar su patria" y ocultándose en lugares apartados. Se refugiaban en las iglesias, se hacían inscribir en corporaciones e inventaban toda clase de trucos para no pagar su "deuda social. Se llegó a condenar a la gente a ¡estar en el cutialis loco suplicci! Casi no se podía hacer más; Vandal es muy exigente, si no está satisfecho con la manera rigurosa en que se aplicaron entonces los principios de la "solidaridad social".

Así, la historia del pasado encierra un gran número de hechos que no son precisamente los más favorables para las teorías ético-históricas. En la historia moderna no faltan.

El 27 de septiembre de 1897, [Adolph] Wagner pronunció un largo discurso ante la Sociedad de Ciencias Sociales de Kaiserlautern. Se extasía con los beneficios que los socialistas de Estado han repartido entre las clases trabajadoras mediante el seguro obligatorio. En un acceso de lirismo exclama: "Somos los alemanes quienes hemos tenido el honor de ser los pioneros de este movimiento ante el mundo." Continué con cuidado mi lectura del discurso en espera de que el autor, dejando de lado la poesía, tuviera a bien dar, en buena prosa, alguna prueba de estos presuntos beneficios. No encontré nada y llegué hasta el fin del discurso: "la unión nos ha hecho fuertes y superiores a nuestros enemigos. Saquemos de esto una enseñanza para resolver la cuestión social: coexistencia de dos confesiones religiosas, colaboración armoniosa de diferentes clases sociales, espíritu de sacrificio por parte de los propietarios, amor al trabajo por parte de los obreros. Entonces podremos esperar que, siguiendo las palabras magníficas del primer emperador Hohenzollern del nuevo imperio, la cuestión social también perderá su intensidad, que serán mejoradas las condiciones sociales de las clases inferiores y que el sano desarrollo de nuestro pueblo seguirá la vía correcta. ¡Dios quiera que así sea!"

Es una bella perorata, un hermoso tintín de palabras, pero desde el punto de vista científico, citar al menos un hecho, acompañado de algún razonamiento aunque fuera poco lógico, habría hecho mucho mejor a nuestro asunto. Bajemos de estas alturas aéreas para aplicarnos a comparar los beneficios del socialismo de estado con los beneficios que puede proprocionar la libertad económica. No es que me atreva a establecer el menor paralelismo entre las "palabras" de la liga de Cobden y las ti palabras magnífica? tan admiradas por el profesor Wagner, pero sobre este punto soy un poco de la opinión del buen Chrysale: Vivo de buena sopa y no de bellas pa labras, y quisiera atenerme simple y exclusivamente a los hechos.

Si el estado ético otorga benignamente a sus súbditos los beneficios del seguro obligatorio, por otra parte deduce variados derechos de aduana sobre su pan, su carne, su azúcar y muchas otras cosas -derechos que los horribles manchesterianos han sabido evitar al pueblo inglés. Las cuentas se hacen por el debe y el haber, si se quiere hacer notar qué da el estado a las clases trabajadoras, es necesario no olvidar qué les quita.

En Alemania, los precios por [tonelada] de trigo candeal son los siguientes:

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La diferencia media de 32,84 es pagada por los consumidores, una parte es percibida por el estado y otra por los propietarios de las tierras donde se siembra el trigo. En Inglaterra esta diferencia es cero.

Los Statistical Abstract for the United Kingdom proporcionan las cantidades de trigo y de harina importados del extranjero y consumidos en el país. Hay que agregar la producción nacional, menos la cantidad reservada para simiente, naturalmente la cantidad de harina debe contarse por el peso del trigo de que proviene. Al hacer estos cálculos encontramos que, de 1892 a 1894 en Inglaterra, Gales y Escocia, el consumo anual medio por habitante fue de 162,51 kilogramos. Si los ingleses no hubieran sido liberados por los manchesterianos de los derechos que son cargados a su pan, si estos derechos todavía existieran y produjeran los mismos efectos que en Alemania, los ingleses deberían aumentar el gasto que hacen actualmente para su consumo de trigo, de una suma media por cabeza de 1,625 x 3,28 = 5,33 marcos. Para una familia compuesta por el marido, la esposa y tres hijos, esto hace una cuenta anual de 26,60 marcos.

M [ ] Bellom resumió los resultados de las leyes de seguro alemanas en un artículo notable publicado en el Journel de la Société de Stalistique de París. En 1894, los gastos por asegurado eran:

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Apresurémonos a agregar que las sumas gastadas en seguro irán en aumento. A partir de los documentos oficiales alemanes, Bellom proporciona lo que serán estos gastos en 1940. Falta mucho... del dicho al hecho... En fin, no vamos a regatear a la baja a este buen estado ético, y veamos cuáles son los beneficios prometidos... en 1940.

El seguro de enfermedad no cambia. Para el seguro de accidentes, las indemnizaciones serán 6,40 marcos por individuo asegurado. Para el seguro por invalidez y vejez, la pensión -siempre por individuo asegurado- será 27,34, de lo que hay que deducir la cotización del asegurado -sean 9,00-, resta: 18,34. En 1940, por tanto, las cuentas se establecerán del siguiente modo:

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Además, los hijos no serán durante mucho tiempo una carga para el jefe de familia. Resulta, pues, que en 1940 si a partir de ahora los señores agraristas no consiguen, como no dejan de reclamar, que aumenten los derechos de aduana, la suma que recibirán los obreros -gracias al seguro será ligeramente superior a la que les es extorsionada mediante los derechos sobre los cereales.

Sin embargo, no solamente esos derechos hacen aumentar los precios para los consumidores, habría que tener en cuenta los derechos sobre la carne, sobre el azúcar, y sobre una infinidad de otros objetos. Tampoco hay que olvidar los gastos de asistencia a los pobres que son considerables en Inglaterra y están fuertemente disminuidos en Alemania a causa del seguro. El estado ético quita con una mano a las clases trabajadoras lo que les da con la otra. En fin, y es más importante, los cargos por aseguramiento deprimen los salarios y les impiden elevarse al nivel que alcanzarían bajo un régimen de liberal como el que existe en Inglaterra. Todo esto no sólo hace desaparecer la pequeña diferencia a favor del seguro, que existirá... en 1940, sino que, al contrario, acaba por constituir un déficit notable.

Los manchesterianos han procurado ventajas al pueblo inglés mucho más considerables que las del seguro obligatorio, que tanto admira Wagner. Es necesario agregar que, en Inglaterra, gracias también a los manchesterianos, la libertad económica es completa. Los obreros, con entera independencia, pueden asociarse y debatir las condiciones de su salario, y expresar libremente la opinión que les plazca tener. En Alemania, los socialistas publican anualmente una lista interminable de miles de marcos en multas y en años de prisión asestados a los obreros que tienen la desgracia de no admirar bastante las bellezas del estado ético. ¿Sería indiscreto pedir a Wagner que nos proporcione una estadística semejante para Inglaterra? Los elementos nos son totalmente desconocidos.

Los procedimientos de investigación científica de muchas personas que pertenecen a la llamada escuela histórica son demasiado singulares. Consisten esencialmente en cerrar los ojos ante todos los hechos que se oponen a las teorías amadas por la escuela. Estos hechos son descuidados por nuestros autores en el pasado como en el presente. Alaban la dichosa Edad Media" sin querer tener en cuenta los innumerables males que entonces afligían a los hombres. Se les recuerdan las hambrunas, las pestes, las epidemias de toda clase, las masacres, las exacciones de los señores, los latrocinios y los robos en aquellos dichosos tiempos. Sonríen, nada contestan. Sólo se puede comprobar una vez más que no hay peor sordo que el que no quiere oir. Hay documentos que tienen el mayor cuidado de pasar en silencio. Como Le livre du préfet ou édit de l´empereur Léon le Sage, publicado en Ginebra por el señor Nicole. Y, sin embargo, ahí está cómo la organización ética de la producción económica se revela en toda su gloria. Es en Constantinopla donde se pueden ver sus "bienhechores" efectos. ¿Cómo, señores historiadores, es a nosotros, economistas liberales que perdidos en ensueños dogmáticos olvidamos las realidades históricas-, a quienes ustedes dejan el cuidado de estudiar este punto de la historia?

Estos señores se han hecho de las teorías de la economía liberal una concepción que nada tiene en común con la realidad. Si es así como escriben la historia de las teorías del pasado, sólo hay que aceptarla a beneficio de inventario. Es fácil abrumar adversarios cuando se les achacan opiniones que no tienen. Pero, para hablar con propiedad, así se parten molinos de viento. De esta manera muchas personas, entre las que se cuentan muchos espíritus finos y distinguidos, se imaginan que para los economistas liberales, la libertad económica es un fin, no un medio. [Nota 2] Sin embargo, por poco que estudien historia, estas personas no deberían ignorar que la libertad era un simple medio para los manchesterianos que eximieron de los tributos pagados a los landlords el pan y la carne del pueblo inglés. La libertad es un medio para los partidarios de una moneda sana, y que se oponen a las empresas de propietarios de minas de plata y a los agrarios, es un medio para quienes quieren impedir a los políticos que se apropien de los fondos de los bancos de emisión. Es también un medio, siempre un medio para los economistas que demandan la libertad de asociación para los obreros y para los patrones, que rechazan los sindicatos obligatorios y no quieren ayudar a los ricos para despojar a los pobres, ni a los pobres para despojar a los ricos.

La libertad económica fue también un medio para Léon Say cuando consumó la admirable operación del pago de la indemnización de guerra. Cuando, gracias a su conocimiento de la ciencia económica, salvó a Francia de los males de circulación de monedas depreciadas, males que todas las declaraciones de la solidaridad y de la ética habrían sido impotentes para remediar.

[Gustav von] Schmoller considera correcto poner codo a codo a los marxistas con los economistas liberales. La compañía no está hecha para desagradarme. Es cierto que entre los socialistas hay personas cuyos razonamientos apenas valen más que los de la escuela ética, pero también hay otros autores que siguen en sus razonamientos las reglas de las ciencias positivas. No comparto todas sus opiniones pero es imposible negar que hombres como Georges Sorel, Antonio Labriola, Bendetto Croce no sean verdaderos científicos. En sus obras se encuentran hechos y razonamientos, que es muchos más instructivo que vagos discursos éticos. Croce, en una obra muy notable, [Nota 3] ha reconocido muy bien el carácter de la escuela moderna de los economistas liberales. Los liberales, dice, abandonando todo axioma metafísico, establecen dos proposiciones importantes en la práctica: 1° La proposición de un máximo hedonista individual, que suponen igual al máximo que es deseable para la sociedad; [Nota 4] este máximo sólo puede alcanzarse por medio de la libertad.

Está muy bien que se nos ataque sobre estos puntos, nada mejor que se haga ver que los hechos que citamos han sido mal observados, que nuestros razonamientos son inexactos. Sólo podremos testimoniar nuestro reconocimiento a las personas que así nos hagan conocer la verdad. Sin embargo, atribuir a los adversarios opiniones que no tienen es separarse de las reglas de una sana crítica científica, al igual que creer que así se han refutado suficientemente concepciones y teorías que se ignoran o que se finta ignorar.

Otro prejuicio aún más extraño consiste en figurarse a los economistas como personas que pretenden que su ciencia encierra todo el estudio de la vida humana. Uno se consigue así un triunfo fácil al hacer ver que la economía política no es todo, que además hay que tener en cuenta a la moral. ¿Pero cuál es, pues, el economista que alguna vez ha afirmado lo contrario? ¿Cuál es la persona tan carente de buen sentido como para atreverse a pretender que es suficiente con que los hombres observen rigurosamente las leyes económicas del intercambio y de la producción y que, aparte, importa poco que sean ladrones y asesinos? La economía política no es la moral, sin duda, tampoco la psicología, ni la química, ni la física.... ni siquiera el arte de criar conejos. Se reprocha al economista ocuparse exclusivamente de la riqueza material. Pero ¿de qué debe ocuparse si no del objeto de su ciencia? ¿Le reprocharía usted a un músico ocuparse de música, a un gramático de grámatica?

Schmoller llega a decirnos que "el trabajo, la inteligencia, el capital, la dirección dada a las fuerzas de la naturaleza, todo en la producción palie del hombre y todo, por el consumo, vuelve al hombre. Es pues a los hombres a quienes conviene, en interés de la obra económica, actuar -hasta donde se pueda- haciéndoles enérgicos en el trabajo, instruidos y morales. Lo quiero discutir las bellezas de esta homilía. pero ¿por qué deben pasar bajo la etiqueta de economía política? Este razonamiento es de tal manera general que se aplica a una infinidad de ciencias, de artes y oficios. Todo en el estudio de la medicina parte del hombre y todo, mediante los cuidados que este arte ofrece a los enfermos, vuelve al hombre. Pero ¿qué diría un enfermo si, en virtud de este bello motivo, el médico llamado a su cabecera, en lugar de ocuparse de la enfermedad, le hiciera una bonita y pequeña prédica para volverle "más enérgico en el trabajo, más instruido, más moral"? Sueñe usted, señor Purgón, cure a su enfermo y deje a otros que le prediquen moral. Se anuncia un curso de corte y confección para damas, están ahí reunidas las personas que quieren participar, y el profesor les dice "todo en el corte y confección de vestidos para mujeres, todo vuelve a las mujeres, puesto que son ellas quienes llevan estos vestidos, por tanto, señoras, voy a darles un curso de moral". Me parece que hay engaño sobre la calidad de la mercancía vendida. ¡Que el zapatero haga zapatos, que el economista enseñe las leyes de la producción y del intercambio, y que ambos dejen al moralista enseñar ética! Cada uno su oficio. Las vacas estarán mejor cuidadas ..

Pero ¿qué diría Schrnoller si, en el momento de sentarse a la mesa, su cocinero, en vez de una sopera, le sirviera una bella prédica "para volverlo más enérgico en el trabajo, instruido, moral "? No podría, sin embargo, negar que todo en el arte de la cocina parte del hombre "y que todo mediante el consumo regresa al hombre", salvo desde luego cuando se prepara la papilla para los gatos.

En verdad, la economía política es una de las numerosas ciencias que se ocupan de la sociedad humana, y que nosotros tenemos que estudiarla aisladamente, por el mismo motivo que, sin excepción nos obliga a estudiar todas las ciencias, es decir porque el espíritu del hombre está hecho de modo que no puede conocer a fondo una cosa más que concentrando su atención en esta cosa. A continuación, cuando se trata de aplicaciones prácticas, es necesario tener que recurrir a numerosas ciencias, de reunir por la síntesis lo que el análisis había separado. Sin embargo, estas ciencias no dejan de ser menos distintas, porque un autor que escribe un tratado de astronomía observe las reglas de la gramática, no se sigue que la astronomía observe las reglas de la gramática, no se sigue que la astronomía deba confundirse con la gramática o que una de estas ciencias deba usurpar las funciones de la otra. Los teoremas de la economía política son, además, lo que conocemos con mayor certidumbre en materia de ciencia social, descuidarlos y pretender sustituirlos aquí por vagas y nebulosas concepciones éticas es querer alejarse de la realidad.

V.P.

Notas finales

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