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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1992-1993

EL ANTICERVANTISMO DE BORGES: DE PAUL GROUSSAC A PIERRE MENARD

Author: Nora Pasternac [Nota 1]


Nada gana el Quijote con que lo

refieran de nuevo.

Quizá las opiniones sean lo más

superficial del hombre.

J.L.B.

Los vínculos de admiración y de inspiración que Borges mantuvo a lo largo de toda su vida con el Quijote están inscritos en su obra desde el principio al fin. Prácticamente no faltan aquí y allá, cada tanto, en sus textos en prosa o en verso menciones o dedicatorias directas de todo el poema o la prosa en cuestión al libro de Cervantes y al propio Cervantes que lo fascinó tanto como su personaje.

El Quijote ni siquiera está ausente de ese momento ritual de toda infancia de escritor:

Pero su madre me dijo que usted evidenciaba una vocación literaria muy precoz. A los seis años, ya le había dicho por primera vez a su padre: "Seré escritor". A los ocho años había escrito La visera fatal, tragedia inspirada en el Quijote, y usted era algo así como un nuevo Cervantes[Nota 1]

Sin embargo, desde el principio también encontramos hechos conocidos y repetidos muchas veces, tantas que se puede hablar de una historia familiar transformada en mito, configuración mitológica que Borges se complacía en cultivar y que se presenta como una línea de fractura entre el ámbito lingüístico del español y el del inglés.

Desde la infancia, el mundo parece repartido en dos lenguas. El inglés viene por el lado del padre y de la abuela paterna, sumamente prestigiado frente al decaimiento que representaba el español de los Acevedo maternos:

Cuando se es de familia criolla o puramente española, entonces, por lo general, no se es intelectual. Lo veo en la familia de mi madre, los Acevedo son de una ignorancia inconcebible. Por ejemplo, para ellos, provenientes de una antigua familia criolla, ser protestante es sinónimo de judío, es decir, de ateo, libre pensador o hereje. [Nota 2]

En cambio, el inglés fue la lengua de las primeras lecturas y de la entrada al mundo de la literatura y de la cultura universales. Hasta el punto que circula la leyenda, estimulada por Borges mismo, de que leyó el Quijote por primera vez en inglés, y cuando al fin lo recorrió en español le pareció "una mala traducción" [Nota 3]. O sea que desde el principio, del mito por lo menos, están los dos elementos, el de la veneración y el de la reticencia. Porque al lado de ese entusiasmo, y hasta de esa obsesión (si tomamos en cuenta la persistencia increíble, hasta el final de su vida, de la figura de Cervantes y del Quijote en su obra y en sus evocaciones, aunque tiene tendencia a repetir cíclicamente cierto tipo de argumentos sin renovarlos) hay en Borges una serie de comentarios irritados, reticentes y devaluadores sobre el Quijote y sobre lo que lo rodea en la cultura española.

Mi intención es desarrollar algunas observaciones a partir del tema de las relaciones de Borges con Cervantes, con el Quijote, con los cervantistas y hasta con España para llegar a establecer algunos vínculos a los que hasta ahora no se les había prestado suficiente atención.

Se trata fundamentalmente de las relaciones de Borges con Paul Groussac, ese personaje extraño, francés de origen y "dictador malhumorado y exigente de la cultura argentina, que padeció de la misma ceguera que Borges y como él fue durante muchos años Director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. No me extenderé demasiado sobre Paul Groussac: todos los estudiosos o aficionados a la literatura borgeana lo conocen y ya comprobaron seguramente que se trata de un personaje no inventado. [Nota 4]

Borges confiesa deberle algunos elementos de su propio sistema de escritura. Por ejemplo, en un artículo muy temprano y de una irresistible comicidad, publicado por la revista Sur, declara haber aprendido el "arte de injuriar" estudiando las buenas indignaciones de Paul Groussac y de sus panegíricos turbios". [Nota 5]

De él imitará siempre, con malevolencia, expresiones como "cometer un soneto" y "emitir artículo", así como la insidiosa y divertida manera de rebajar a algún solemne escritor llamándolo "doctor" para recordar el alejamiento de la literatura en la que se encontraban en general los desdichados personajes aludidos. Y de él cita con evidente complacencia las opiniones demoledoras sobre la primera historia de la literatura argentina que se escribiera, de Ricardo Rojas, con la obvia intención de tomar a su cargo las opiniones de Groussac, pero fingiendo ingenuamente que no es del todo su responsabilidad:

Es así como, verbigracia, después de oídos con resignación, dos o tres fragmentos en prosa gerundiana de cierto mamotreto públicamente aplaudido por los que apenas lo han abierto, me considero autorizado para no seguir adelante, ateniéndome, por ahora, a los sumarios o índices de aquella copiosa historia de lo que orgánicamente nunca existió. Me refiero a la primera y más indigesta parte de la mole ocupa tres tomos de los cuatro): balbuceos de indígenas o mestizos...[Nota 6]

Y a continuación pasa, con toda seriedad, a analizar el sistema con el que está construido el párrafo que acaba de citar.

Pero no se reduce a estas bromas y maldades módicas la influencia de Paul Groussac sobre Borges. Así como el autor del Quijote y su libro están presentes en su obra, así también el recuerdo de Paul Groussac lo acompaña de manera recurrente. Por ejemplo, en un texto de homenaje declara:

He verificado en mi biblioteca diez tomos de Groussac. Soy un lector hedónico: jamás consentí que mi sentimiento del deber interviniera en afición tan personal como la adquisición de libros, ni probé fortuna dos veces con autor intratable, eludiendo un libro anterior con un libro nuevo, ni compré libros -crasamente- en montón. Esa perseverada decena evidencia, pues, la continua legibilidad de Groussac, la condición que se llama "readableness" en inglés. En español es virtud rarísima: todo escrupuloso estilo contagia a los lectores una sensible porción de la molestia con que fue trabajado. Fuera de Groussac, sólo he comprobado en Alfonso Reyes una ocultación o invisibilidad igual del esfuerzo. [Nota 7]

Nunca dejará de recordarlo, esporádica mente, y en sus últimos años, como tantas otras veces a propósito de la ceguera y de la dirección de la Biblioteca Nacional, todavía reitera:

Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jardín, otras pueden pensar en un palacio. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el Poema de los dones", que empieza: "Nadie rebajo a lágrima o reproche /Esta declaración de la maestría/ De Dios que con magnífica ironía/ Me dio a la vez los libros y la noche." ( ... ) Imaginé autor del poema a Groussac, porque Groussac fue también director de la Biblioteca y también ciego. Groussac fue más valiente que yo; guardó silencio. Pero pensé que, sin duda, había instantes en que nuestras vidas coincidían, ya que los dos habíamos llegado a la ceguera y los dos amábamos los libros. Él había honrado a la literatura con libros muy superiores a los míos. Pero, en fin, los dos éramos hombres de letras y recorríamos la Biblioteca de libros vedados. Escribí sobre la ironía de Dios y al final me pregunté cuál de los dos había escrito ese poema de un yo plural y de una sola sombra. [Nota 8]

Dicho sea también en relación con el tema, en el primero de los dos párrafos que acabo de citar asoman sus contradictorios vínculos con el español. Que para comienzos de los años 40 se expresan en la indignada y mordaz réplica que le hace a Américo Castro por su libro sobre el habla del Río de la Plata:

No menos falsos son los graves problemas que el habla presenta en Buenos Aires". He viajado por Cataluña, por Alicante, por Andalucía, por Castilla; he vivido un par de años en Valldemosa y uno en Madrid; tengo gratísimos recuerdos de esos lugares; no he observado jamás que los españoles hablaran mejor que nosotros. (Hablan en voz más alta, eso sí, con el aplomo de quienes ignoran la duda.) El doctor Castro nos imputa arcaísmos. Su método es curioso: descubre que las personas más cultas de San Mamed de Puga, en Orense, han olvidado tal o cual acepción de tal o cual palabra; inmediatamente resuelve que los argentinos deben olvidarla también... El hecho es que el idioma español adolece de varias imperfecciones (monótono predominio de las vocales, excesivo relieve de las palabras, ineptitud para formar palabras compuestas) pero no de la imperfección que sus torpes vindicadores le achacan: la dificultad. El español es facilísimo. Sólo los españoles lo juzgan arduo: tal vez porque los turban las atracciones del catalán, del bable, del mallorquín, del galaico, del vascuence y del valenciano; tal vez por un error de la vanidad; tal vez por cierta rudeza verbal (confunden acusativo y dativo, dicen le mató por lo mató, suelen ser incapaces de pronunciar Atlántico y Madrid, piensan que un libro puede sobrellevar este cacofónico título: La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histórico).

El doctor Castro, en cada una de las páginas de este libro, abunda en supersticiones convencionales. Desdeña a López y venera a Ricardo Rojas; niega los tangos y alude con respeto a las jácaras; piensa que Rosas fue un caudillo de montoneras, un hombre a lo Ramírez o Artigas, y ridículamente lo llama "centauro máximo (Con mayor estilo y juicio más lúcido, Groussac prefirió la definición: "Miliciano de retaguardia".) [Nota 9]

Si leemos con cuidado algunos de los textos en los que Borges prodiga "turbios elogios", veremos que del polígrafo francés heredó un núcleo ideológico fuerte, que usó durante mucho tiempo y del cual tal vez Pierre Menard, autor del Quijote" sea un eco más. Se trata sobre todo de sus opiniones sobre el Quijote y sobre los cervantistas, e incluso sobre España y lo español en general, aunque en estos últimos temas las herencias pueden ser múltiples y más difusas.

Pero veamos algunos textos. Pareceria que su irritación contra Américo Castro prolongara la dureza que ya se manifiesta en el número inmediatamente anterior de Sur. Allí en un artículo sobre los clásicos de cada cultura dice lo siguiente:

Un hecho queda incólume: un goetheano es una persona interesada en el universo, interesada en Shakespeare y en Spinoza, en Macpherson-Ossian y en Lavater, en la poesía de los persas y en la conformación de las nubes, en hexámetros, en arquitectura, en metales, en el clavicordio cromático de Castel y en Denis de Diderot, en la anatomía, en los alquimistas, en los colores, en los graciosos laberintos del arte y en la evolución de los seres -en todo, es lícito afirmar, salvo en las matemáticas: [Lo mismo ocurre según Borges con Dante y con los clásicos ftanceses] ( ... ) España ha peferido el Quijote, larga novela cuyo valor intrínseco nadie impugna. Los resultados de esa deificación han sido melancólicos. Un shakespeariano -William Aldis Wrigth, verbigracia, para no mencionar a Swinburne o Coleridge- es siempre un hombre civilizado; un cervantista suele ser un mero gramático (ejemplo: el P. Cortejón, autor de Duelos y quebrantos y de La iglesia católica es la protectora y la mejor amiga de la agricultura) cuando no un coleccionador de refranes (ejemplo: el P. Sbarbi, autor de Esplendidez española, de Cuerno y plumas, de Preliminares para un tratado completo de paremiología comparada, de Ambigú literario y de El elemento cornígero) o de coplas: Francisco Rodríguez Marín. El cervantismo es una de las equivocaciones de España; el gongorismo es una curiosidad baladí; yo, si un mero sudamericano puede opinar, les predicaría el quevedismo... Cervantes, en el prólogo del Quijote, se disculpa irónicamente de no insertar una lista alfabética de autoridades; el doctor Américo Castro (El pensamiento de Cemantes, 1925) nos propone una, que consta del nombre de Erasmo. [Nota 10]

Es cierto que se refiere a los cervantistas más que a las obras de Cervantes, pero se produce una cierta contaminación de los dos campos. Sobre todo si pensamos que con cierta reserva ha dicho del Quijote. "Larga novela cuyo valor intrínseco nadie impugna".

Muchas veces más aparecen sus críticas al libro de Cervantes y sus muy condescendientes valoraciones llenas de ambigüedades:

Veamos algunas:

La crítica española, ante la probada excelencia de esa obra, no ha querido pensar que su mayor (y tal vez único irrecusable) valor fuera el psicológico, y le atribuye dones de estilo que a muchos parecerán misteriosos. En verdad, basta revisar unos párrafos del Quijote para sentir que Cervantes no era estilista (a menos en la presente acepción acústico-decorativa de la palabra) y que le interesaban demasiado los destinos de Quijote y Sancho para dejarse distraer por su propia voz. ( ... ) Leopoldo Lugones, en nuestro tiempo, emite un juicio explícito: "El estilo es la debilidad de Cervantes, y los estragos causados por su influencia han sido graves. Pobreza de color, inseguridad de estructura, párrafos jadeantes que nunca aciertan con el final, desenvolviéndose en convólvulos interminables; repeticiones, falta de proporción, ese fue el legado de los que no viendo sino en la forma la suprema realización de la obra inmortal, se quedaron royendo la cáscara cuyas rugosidades escondían la fortaleza y el sabor" (El imperio jesuitíco, p. 59.) También nuestro Groussac: "Si han de describirse las cosas como son, debemos confesar que una buena mitad de la obra es de forma por demás floja y desaliñada, la cual hartojustifica lo del humilde idioma que los rivales de Cervantes le achacaban. Y con esto no me refiero única ni principalmente a las impropiedades verbales, a los intolerables repeticiones o retruécanos ni a los retozos de pesada grandielocuencia que nos abruman, sino a la contextura generalmente desmayada de esta prosa de sobremesa" (Critica literaria, p. 41). [Nota 11]

En otro artículo insiste una vez más:

Juzgado por los preceptos de la retórica, no hay estilo más deficiente que el de Cervantes. Abunda en repeticiones, en languideces, en hiatos, en errores de construcción, en ociosos o perjudiciales epítetos, en cambios de propósito. (...) No hay una de sus frases que no sea corregible; cualquier hombre de letras puede señalar los errores; las observaciones son lógicas, el texto original acaso no lo es (...). [Nota 12]

En realidad, Borges siempre termina atribuyéndole un gran valor a la obra de Cervantes pero siempre por razones paradojales: el Quijote no vale por su estilo sino por la psicología de los dos personajes; por ciertos procedimientos encantadores como el hecho de la atribución de la autoría a un escriba árabe; como el hecho también, de que, en la segunda parte, Ios protagonistas del Quijote, son, asimismo, lectores del Quijote"; por la ingenuidad de Cervantes que, en realidad, por lo menos en su primera parte, no sabía lo que hacía, no era consciente de la gracia de su proyecto y sólo intentó una parodia de las novelas de caballería, aunque lo que consiguió fue escribir la última novela de caballería de Europa,[Nota 13] y otras del mismo tenor que van en contra de las habitules consideraciones sobre el tema [Nota 14]

Casi todas sus opiniones sobre Cervantes están calcadas de las de Paul Groussac

Paul Groussac fue más que un aficionado al cervantismo, es decir, a la crítica erudita y filológica de la obra de Cervantes tal como se acostumbraba hacia fines del siglo XIX y principios del XX; e incluso mantuvo una polémica sobre esos temas con Marcelino Menéndez y Pelayo. Uno de sus trabajos más explícitos sobre el asunto es Une énigme littéraire.[Nota 15]

Todavía a los 80 años, asombrosamente, Borges tiene muy presente ese libro en particular de Groussac:

Nunca quise conocerlo [a Groussac] personalmente, porque yo le tenía miedo. Sabía que era tan duro, que iba a darme mi merecido. Pero yo creo que Groussac ha dejado algo, algo más allá de cada uno de sus libros. Ha dejado una lección de estilo. ( ... ) Además había otra cosa en Groussac: había interés por tantos temas. A Groussac le interesaba mucho la psiquiatría, la psicología, la historia desde luego. Además hay ese... El destino de Goussac. El destino de ser un gran escritor en un idioma que no le gustaba especialmente, como el castellano. Y luego aquello que él dijo... Él hubiera querido ser un escritor francés, y sólo lo fue una vez, en un libro: Une énigme littéraire. Dijo: "Ser célebre en la Amércia del Sur no es dejar de ser un desconocido." [Nota 16]

Une énigme littéraire es un libro extraordinariamente interesante si lo ponemos en relación con los temas que estamos tratando; y aparece como una de las fuentes principales de las opiniones de Borges sobre Cervantes y su obra.

Por otra parte, en ese texto Groussac desarrolla de manera maníaca temas y obsesiones que prefiguran los de Borges: el plagio, la copia, las repeticiones, la etimología, el falso autor, el manuscrito encontrado, las atribuciones erróneas, la búsqueda reiterativa y abrumadora de fuentes. Uno de los capítulos es un pastiche, una parodia de crítica teatral. Hasta el título detectivesco del libro debió atraer irresistibiemente a Borges.

Es en este estudio sobre quién fue el verdadero autor del falso Quijote donde Groussac da rienda suelta, con su intransigencia y pedantismo inigualables, a la irritación que le producen las divagaciones chauvinistas, al mismo tiempo ingenuas y estólidas, de los representantes de una cierta erudición conservadora de la España de fin de siglo. Para Groussac, "toda la historia literaria de España se sumerge en la leyenda y la fantasía"; se trata de una "selva de fábulas y mixtificaciones". Y allí no deja de lamentar que los españoles no imiten más a susvecinos franceses, fique se distinguen por su exactitud y solidez". Es cierto que las dificultades son grandes, porque la lengua española no es una herramienta apropiada para las abstracciones ni para otros menesteres que un francés necesita de manera impostergable:

Tel qu'on s'obstine á le perpétuer, en excommuniant les novateurs qui tentent d´élargir les vieux moules, l'espagnol est un outil "philosohpique" á peine plus adéquat á la pensée contemporaine que le latin ou l'arabe: c'est une estudiantina appelée á interpéter Wagner. Il faudrait -en s'y employant avec énergie et volontédeux ou trois générations et quelques hommes de génie pour reforger en instrument de précision cette bonne dague de Toléde. Cela fait, il resterait la difficulté de la propagation hors de la Péninsule et des républiques américaines, qui forment une audience littéraire asez modeste. Y être célèbre, hélas! ce n'est pas encore sortir del'obscurité. [Nota 17]

En cuanto al propio Cervantes, para demostrar que, a pesar de considerarse cervantista, no cae en la superstición de adorarlo sin crítica, Groussac considera que no tuvo el más mínimo talento de poeta, y que sus Novelas ejemplares son historias "cojas" y sus comedias, insípidas

En lo que se refiere al Quijote, reencontramos los argumentos que Borges también usará: el libro vale sobre todo por la psicología de los dos personajes -caballero y escudero-; la intención de Cervantes fue únicamente parodiar a las novelas de caballería y sólo tomó conciencia de sus aciertos cuando la novela tuvo éxito; su estilo es anticuado y su pensamiento también (en cierto modo, el Quijote fue un "accidente prodigioso"); la obra es demasiado larga, prolija, desarticulada; el relato fluye el azar; la acción central es casi nula; las escenas se suceden sin lógica superior ni artificio; la lengua es generalmente sabrosa aunque incorrecta y descuidada. En esa lengua abundan las incorrecciones, pero sobre todo las repeticiones y los lapsus, hasta el punto de recordar el tartamudeo que padecía el autor, etc., etc.: [Nota 18]

Du reste, dans l´oeuvre entiére, pas un fragment de forme souveraine est créée; aucun de ces raccourcis définitifs que Swift grave á l'eau-forte et La Bruyére a la pointe séche, et qui sont défendus aux impovisateurs; presque jamais de ces trouvailles de style, qui jaillissent des boutades de Montaigne ou des concetti de Quevedo, et que le ruisseau fangeux de Rabelais roule par milliers dans son cours. ( ... ) Tout cela, donc, qui ets I'habileté de main, la facture, la force ou la grace de I'expression originale et pittoresque, la vision et la poursuite heureule d'un idéal de perfection plastique: en un mot, l'art d'écrire, á notre point de vue moderne, manquait en grande partie á Cervantes, quoique moins absolument en prose qu'en vers. [Nota 19]

Y con su desenvoltura habitual concluye que debemos "atrevernos a mirar las cosas de frente y hablar como hombres libres, [entonces] es necesario decir de él que es el escritor de genio que menos talento tuvo".[Nota 20]

Pero una de sus observaciones más sugestivas es Ja idea de que Cervantes Ieyó y releyó la obra apócrifa (El Quijote de Avellaneda), hasta el punto de reproducir inconscientemente algunos de sus detalles."[Nota 21] Por ese hecho, según Groussac, la textura de la segunda parte del verdadero Quijote se ve modificada, el sentido de algunos episodios es cambiado por Cervantes y su texto termina pareciéndose al de Avellaneda y no lo contrario.

Lo que me interesa rescatar de este paralelismo entre Borges y Groussac con respecto al Quijote y a Cervantes son los ecos que se pueden percibir en el conocido cuento "Pierre Menard, autor del Quijote".

Este relato ha fascinado a los críticos. Por supuesto que la mayoría de ellos recogió como una proposición fundamental la idea de que la atribución anacrónica constituye una teoría de la escritura como lectura; es decir, que el autor de una obra no detenta ni ejerce sobre ella ningún privilegio, que la obra pertenece desde su nacimiento al dominio público, y que desde el momento en que se publica sólo vive por las innumerables relaciones que mantiene con las otras obras en el espacio sin fronteras de la lectura. Pierre Menard es el autor del Quijote por la simple razón de que cada lector es el autor del Quijote.[Nota 22]

Emir Rodríguez Monegal señala que "Pierre Menard..." es una sátira contra "algunos cervantistas y cervantófilos que constituyen una sólida plaga de la literatura española", asícomo "una brillante parodia de la vida literaria francesa, con sus toques de fanatismo, de antisemitismo, de adulación de las clases altas.", y también que "[el] catálogo de la obra de Menard, ofrecido al comienzo del relato, contiene una burla de la búsqueda de lo trivial por Mallarmé y de monsicur Teste de Valéry." Por su parte, otros autores han señalado ante todo esta especial presencia de la ironía sobre la literatura francesa, que coincide con las frecuentes declaraciones de Borges desdeñándola o admitiendo su pardojal preferencia por escritores franceses considerados "menores".[Nota 23]

Cualquiera que sea la interpretación que se acepte del relato de Borges, me parece que se pueden agregar, como un suplemento, las huellas en palimpsesto de Groussac. El narrador de Tierre Menard, autor del Quijote" le hace decir a Menard las mismas cosas que dice Groussac: del Quijote es un libro contingente, El Quijote es innecesario ( ... ) los trabajos sin duda laboriosos de Persiles y Segismunda. ( ... ) Mi complaciente precursor no rehusó la colaboración del azar: iba componiendo un poco á la diable, llevado por inercias del lenguaje y de la invención. (...) El Quijote -me dijo Menard- fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patrióticos, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor."[Nota 24]

Ante estas pistas ¿acaso no se podría pensar que Pierre Menard, ese oscuro escriba de Nimes no se parece enormemente a Paul Groussac, patético y ridículo, intentando su obra para "indios y mestizos", en una región marginal, donde ser conocido no equivalía a casi nada al lado de lo que significaba ser célebre en París? ¿No es lícito pensar que esta es una de las formas que Borges encontró para rendir un paradójico (y turbio) homenaje a su antecesor y dejar inscrito su recuerdo en el tejido de la trama?


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