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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1993

Marco histórico


Cada vez que se regresa a la historia de Baja California es para engrandecerla. Sobre todo si partimos desde el enfoque romántico de su descubrimiento, cuando estaba sumergida en una bruma que no permitía dilucidar entre qué era realidad y qué era fantasía. Cuando oscilaba la interpretación entre si era isla, una península o el camino terrestre hacia la China. 0 cuando se sospechaba que detrás del horizonte, de la aridez y la malicia de la costa baja california, se hallaba un gran pueblo de mujeres semejantes a las amazonas.

Trataré de reducir el marco histórico lo más posible (en contra de mi voluntad), dejando lo suficiente para establecer el ambiente que predominaba en la época de su conquista y demostrar que la grandeza de la California (todavía sin tomar distinciones entre Alta y Baja) se incrementa cada vez que se recuerda que Cortés atravesó por la médula de una mala racha al tratar de conquistarla.

La primera expedición ordenada por éste en el mar del sur en 1532, encabezada por Diego Hurtado de Mendoza, tuvo un inesperado fracaso; después de salir del Puerto de Acapulco no se vuelve a tener noticias de la embarcación, ni de sus logros, ni de su capitán. La segunda expedición, formada por dos buques, el Concepción y el San Lázaro, fracasa nuevamente. Ambas naves se pierden en la noche del primer día de viaje y toman rumbos distintos; una adentrándose en el Océano Pacífico y la otra, llevando a Diego Becerra como capitán y a Fortún Jiménez como piloto, siguiendo involuntariamente camino hacia el norte. La desgracia de la segunda cae cuando Fortún Jiménez asesina a Becerra, en confabulación con los marineros, y la expedición, aunque por fin toca tierra californiana, toma otro cauce. Los asesinos del capitán mueren en manos de los californianos y otros cuantos, huyendo del fatal descubrimiento, llevan su destino hacia otra malaventuranza:

... y Ortuño (Fortún) Jiménez dio vela y fue a una isla que la puso por nombre Santa Cruz, donde dijeron que había perlas, y estaba poblada de indios como salvajes. Y como saltó en tierra y los naturales de aquella bah-a o isla estaban de guerra, los mataron, que no quedaron, salvo los marineros que quedaban en el navío.[Nota 1]

Estos marineros, los que observaron la masacre desde el puente, caen en manos de Nuño de Guzmán al poco tiempo.

La tercera expedición se lleva a cabo bajo el mando de Hernán Cortés. Esta, aunque tiene un desenlace aletargado, en comparación con las dos anteriores, no consigue evadir el mismo destino. Cortés logra establecerse en el puerto de Santa Cruz, hoy conocido como La Paz, ante las inhóspitas condiciones del ambiente peninsular. Al no encontrar una tierra amable, pese a lo que esperaba, tuvo que mandar un par de barcos por provisiones: uno se pierde en una tormenta y va a dar a las costa de Jalisco; el otro, en su camino de regreso, encalla en una bahía. Cortés por suerte lo encuentra, pero al llegar nuevamente a Santa Cruz y dar los víveres a sus hombres, muchos mueren de sobrealimentación.

Y yendo en busca de ellos, halló al uno encallado, como dícho tengo, en la costa de Jalisco, y sin soldados algunos, y el otro estaba cerca de unos arrecifes. Y con grandes trabajos, y con tornarlos a aderezar y calafatear, volvió a la isla de Santa Cruz con us tres navíos y bastimento, y comieron tanta carne los soldados que lo aguardaban que, como estaban debilitados de no comer cosa de substancia de muchos días atrás, les dio cámaras y tanto dolencia que se murieron la mitad de los que quedaban. [Nota 2]

Finalmente, el gran conquistador desiste y vuelve al puerto de Acapulco dejando a cargo al capitán Francisco de Ulloa, el cual deja para la historia de la península una leyenda y una polémica difícil de resolver.

Existen versiones diferentes que justifican el fracaso de Cortés en la California: la primera versa sobre su esposa, que al no tener noticias de él en mucho tiempo, le manda tina carta amorosa pidiéndole regresar; la segunda cuenta que el virrey Antonio de Mendoza le ordena retornar de su expedición.

La realidad pasa de un historiador a otro, incluso de un cronista a otro, algunos son pasionales, algunos frívolos. Ciertos hechos fundamentales son coherentes, pero entro las páginas existe un gran duelo de especificaciones ambiguas dadas al por mayor. Interpretaciones de lo acontecido e imaginación ilimitada en lo obscuro; una bruma en la que se pierden las navegaciones más audaces hacia la verdad histórica.

Lo que parece tener una silueta definida en todo este camposanto de supuestos, es que Cortés no regresó a la California después de su primera expedición. Lo mismo pasó casi 70 años más tarde con Sebastián Vizcaíno, que, después de regresar de la península el 21 de marzo de 1603, y realizar el mismo viaje que Francisco de Ulloa, no vuelve nunca más.

Falta todavía ahondarnos más en el territorio de lo fantástico, pero eso ya lo veremos a partir de la disertación sobre el nombre de la península. De lo que queda por decir dentro de este breve marco histórico, agrego lo que puede ser lo más importante: es fácil hablar de expediciones fallidas a la California, pero esto no implica que sean desconcertantes. Puedo empezar por aclarar que las corrientes del Pacífico bajan con gran fuerza, a lo lago de la península, como si lamieran la costa, y tienden a infiltrarse hacía las bahías; razón por demás suficiente para hacer difícil el ascenso de las embarcaciones. Lo mismo, por extraño que pueda parecer, de las corrientes superficiales del Mar de Cortés.

Durante el invierno y la primavera predominan los vientos fuertes del norte que impulsan el agua hacia afuera del golfo. Esta pérdida de agua en el océano, debida a los vientos, es diez veces mayor que la debida a la evaporación en estas estaciones. Para compensar la pérdida, se requiere una efusión al golfo en las capas inferiores de 350 000 metros cúbicos por segundo.[Nota 3]

A partir del dintel del Tiburón, hacia abajo, se despliega por la superficie una fuerte masa de agua que sale del golfo. Y es precisamente esta corriente californiana, junto con las corrientes norecuatoriales, que al chocar forman un front cerca de la península. Así que subir a lo largo de la costa no era travesía fácil; los barcos tardaban mucho en zigzaguear su camino hacia la conquista.

Los habitantes de la California presentaban ciertas características que dificultaron la colonización de su tierra. Fueron razas principalmente ateas y, en su gran mayoría, eran guerreros naturales; algunos autores lo justifican, de modo poco formal, como una reacción natural hacia su medio ambiente, hacia el infierno de su habitat. Consideran que los residentes, mucho tiempo atrás, descendieron desde el estrecho de Bering, bordeando la costa, y que al encontrar un callejón sin salida en la península, se manifestaron "anti-religiosamente".

El enfrentamiento de lo real con lo irreal mantiene ahora una lucha cerrada sobre la báscula. La disertación sobre el nombre servirá para delimitar bien ambos caminos, dos vertientes que, por lo que nos regalan los historiadores actuales, fueron el motor principal de una conquista iniciada hace 500 años. El mismo espíritu que arremetió en contra de la California, pero con resultados diferentes.


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