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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1993

Islas Carolinas


En esa parte los hilos de la historia se enredan y la labor de los cronistas, en lo que se refiere a la desginación de este nombre, hacen la vez de un teléfono descompuesto. La historia de las Islas Carolinas arranca aún antes de la primera expedición mandada por Cortés, la del capitán Diego de Hurtado, y pone en cuestión la fecha misma de su descubrimiento. Para empezar a desenvolver lo que parece una verdadera telaraña de hechos históricos, citaré a Alejandro de Humboldt, en una nota que hace a pie de página, en su Ensayo sobre la Nueva España:

En un manuscrito que se conserva en los archivos del virreinato de México, he hallado que la California se descubrió en 1526; ignoro en qué se funda este aserto. Cortés en sus cartas escritas al emperador hasta 1524, habla a menudo de las perlas que se encuentran cerca de las islas del mar del Sur.[Nota 8]

Probablemente la respuesta que buscaba Humboldt sea la siguiente: ente 1526 y 1528, (Bernal Díaz M Castillo no lo puede precisar con exactitud) se hacen a la vela cuatro embarcaciones en el puerto de Zihuatanejo. Su dirección es el oeste, ya que, confirmando lo que dice Humboldt, Cortés había recibido una carta ordenando un viaje en esta dirección. El capitán al mando, según lo cita Díaz del Castillo, es Alvaro de Sayavedra Zerón.[Nota 9]

El viaje que susodicho capitán realiza es asombroso; para empezar, al igual que Colón, las embarcaciones se inician en un camino hacia lo desconocido, a través de los mares de la incertidumbre (lo cual, para la barbarie de aquella época, parece que no es nada extraño). La proeza es verdaderamente fascinante cuando se toma en cuenta la distancia que el capitán Sayavedra recorrió (el largo del océano Pacífico) para llegar a tierra y descender, el primero de enero de 1528, en unas islas que dan comienzo a la confusión de nombres: las Islas Carolinas.[Nota 10]Estas islas se encuentran en un gran marco, comprendido desde el 136º 40' E hasta el de 178º 46', y desde el paralelo 11º hasta el Ecuador. En una parte de Oceanía llamada Micronesia. Es difícil imaginar la dureza del viaje que estos conquistadores tuvieron que realizar: desde la costa mexicana, digamos que ubicados en el 102º, hasta el momento que pudieron haber encontrado tierra en el 178º.

Se cree que incialmente estas islas se llamaron Islas Coralinas" debido a que un fragmento de estas islas fue denominado "Archipiélago del Coral.'[Nota 11] Existe la posibilidad en la confusión de nombres y seguramente a este descubrimiento se refiere Alejandro de Humboldt, pero sin tener la certeza de qué fue lo que se descubrió ni quién fue el autor de dicho viaje. No es difícil suponer la desorientación histórica ante el auge que tuvieron las exploraciones en el mar del sur y las presiones de diferentes reinados por acelerar las conquistas.

Subiéndonos al carrusel de la historia, fácilmente podemos bajar el 18 de marzo de 1683[Nota 12] (o 17 de enero),[Nota 13] día en el que zarparon tres embarcacion es: San Jose, San Francisco Xavier y La Concepción. La exploración toma camino hacia la California y al frente va el almirante Isidro de Atondo y Antillón, a quien fue confiado el viaje y que, a la vez, fungía como gobernador de Sinaloa. En ella va también el conocido padre Kino, discípulo del California padre Scherer.

En una travesía que se alargó en extremo debido a vientos contrarios, Atondo y sus acompañantes desembarcaron el 2 de abril en el tantas veces antes visitado puerto de La Paz. ¡Nuevamente volvió a tomarse posesión de la tierra, esta vez en nombre de Carlos IV [ ...] En el ya mencionado mapa que elaboró Kino y dedicó al virrey, son dignos de mención varios de los nombres allí registrados. El mas significativo es del de 'Carolinas', adjudicado como alternativa al de California. Obedeció esta inclusión a querer cambiar de nombre a este vasto territorio, rebautizándolo en honor de Carlos II, en busca obviamente de su patrocinio. [Nota 14]

Pero no es anécdota única esta versión sobre el nombre otorgado a la California; también se dice lo mismo de las actuales islas Carolinas, pese a que estas últimas, aún después de muerto Carlos II, mantuvieron vigente su nombre.


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