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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

1. 2. La dirección a ojo


El principio tiene una antiquísima tradición en el Japón, se trata de "poder ejercer en todo momento y de manera visual un control directo sobre los empleados subordinados. Y no hay nada más rápido y directo que la mirada" (p.25). Ahora bien, si tan sólo se trata de un control sobre las personas, la "dirección a ojo" podría tener dos tipos de efectos, pues sentirse observado implica dos sentidos: por un lado, que el trabajador sienta un exceso de control, si vive la mirada del jefe o supervisor como persecutoria, así, difícilmente se favorecería un clima mejor en la empresa; más bien, se acrecentaría cada vez más la tensión. Por otro, que el trabajador sienta que el supervisor o jefe está allí, observando, para respaldarlo, para ayudarlo en la solución del problema que se le pueda presentar. En este sentido, "la dirección por los ojos" se convertiría en un elemento de protección y de estímulo para hacer las cosas lo mejor posible. Es como el niño, que al sentir que alguno de sus padres lo está mirando y cuidando, se anima a hacer cosas que hasta ese momento no se atrevía a intentar; así crece. Veremos, por otros componentes del sistema japonés, que es en este segundo sentido que se pretende el control, si bien no debe olvidarse el primer factor que agudiza el clima persecutorio.

El control por la mirada no es solamente ejercido por los supervisores o jefes; de hecho todo aquel que trabaja en la fábrica cuenta con señales, con anunciadores electrónicos y especialmente con el denominado Andon, que informa sobre el estado de la línea y los problemas que van surgiendo. Es decir, el control visual es la manera de garantizar una información inmediata sobre todo lo que está sucediendo en todos los niveles de producción. Todos son, en este sentido, jefes o supervisores del proceso de fabricación.

El mecanismo Andon (luminoso electrónico que muestra los obstáculos del sistema) permite, a todos los trabajadores, controlar el funcionamiento de la producción y resolver de manera inmediata los problemas que se puedan presentar. "Se incita a los trabajadores a que no duden en detener la línea; es el mejor medio para asegurarse de que se hará todo para eliminar prontamente las anomalías" (p.60). O sea, la empresa japonesa otorga al trabajador el poder de detener la producción! Este aspecto - que además es estimulado por la empresa configura a nuestro juicio un importantísimo incentivo para el trabajador: la empresa le delega autoridad, lo hace responsable y le reconoce la capacidad de decisión; pone en sus manos la calidad de los productos y su control, y más aún, le reconoce su entrenamiento y disposición para solucionar lo antes posible los problemas que puedan presentarse en la línea de producción. Se destaca una actitud fundamental de parte de la empresa, que apela a un compromiso del trabajador no sólo consigo mismo, sino también con el resto de los trabajadores y con la empresa. Es evidente que para que no se haga mal uso de dicha "libertad" la empresa debe estar convencida del interés y compromiso del trabajador para con la institución. Una actitud positiva genera otra en igual sentido. La empresa le está diciendo al trabajador que él es el que controla la máquina, que la puede detener en cualquier momento; no está él, al servicio de la línea de montaje, no tiene él que ajustar su tiempo personal al ritmo de la transportadora. Se adecúa el tiempo de la máquina a las necesidades y posibilidades del operario.


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