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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

1.5. La unificación de tareas


Producción, planeación descentralizada y reparación de la maquinaria, aunadas a la función de control de calidad que ya fue analizada. Parece excesivo que el obrero pueda realizar todas estas funciones juntas. Aparte de que a la empresa le permite eliminar diversos departamentos (Control de calidad, Mantenimiento, Planeación, etc.), hay una significativa delegación de funciones. Pero hay más: que el trabajador tenga que reparar su propia maquinaria convierte a ésta en su maquinaria, es decir, el obrero pone mucho de sí mismo. Siente que el instrumento de trabajo le pertenece, sino en propiedad al menos en su uso, lo que incrementa los cuidados que él mismo pueda tener con el instrumental; sobre todo en un sistema superyoico donde la máquina debe funcionar muy bien para producir "cero defectos". Ahora, agregarle funciones de planificación alude a otros niveles de integración del trabajo: los obreros deben discutir entre ellos diversas normatividades, proyectos, formas de organizar el trabajo, es decir, la opinión de los obreros cuenta. El trabajador algo tiene que decir de su trabajo y sobre todo, de la mejor forma de llevarlo a cabo.

La empresa, a su vez, aprovecha el enorme potencial creativo de sus trabajadores y en la medida de las posibilidades utiliza en beneficio de la producción tales iniciativas. El obrero deja de ser simplemente fuerza de trabajo para constituirse en un sujeto pensante, que sabe y que le interesa el proceso de producción y que tiene mucho que aportar; la experiencia laboral personal es utilizada al máximo, la empresa se deshace de toda una serie de instancias y transmite la idea de que trata con seres humanos, confía en su gente. Se rompe la disociación entre el pensar y el ejecutar. Coriat cita las palabras de un empresario japonés en Europa: "Ustedes van a perder porque la derrota está en su mente: están íntimamente convencidos de que las organizaciones rentables, competitivas, son aquellas en las cuales están por un lado, en lo alto, los que piensan, y por el otro, en lo bajo, los que ejecutan" (p.13).

Es indudable que si el trabajador es coresponsable de la planeación, su grado de compromiso, su actitud positiva para con la empresa aumenta. No sólo tiene que proponer ideas sino que las ideas tienen que dar sus frutos, lo que supone un alto grado de involucramiento del trabajador en la producción, que no puede dejar de ser sentida como propia; esto es lo que los japoneses aprovechan con su sistema.

Ahora bien, si es cierto que el obrero es invitado y estimulado a nivel individual y grupal a participar en la planificación, habría que pensar en cuáles niveles de planificación puede tener voz. Porque es indudable que plantas industriales tan tecnificadas y mecanizadas no han surgido como efecto de un consenso logrado entre los trabajadores y la empresa; hay decisiones importantes, tal vez las más relevantes, que provienen de los altos estratos de la empresa donde los ingenieros son los que deciden. De hecho, es Ohno el que diseña el sistema para que funcione. Si bien la participación obrera es un elemento a destacar y reconocer, hay que puntualizar para evitar equívocos, que las fábricas niponas están muy lejos de otros modelos autogestionados o incluso congestionados, en los que se podría ver una cierta "socialización" de los medios de producción.


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