©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

RAMON XIRAU, DE MÍSTICA,

Author: Lizbeth Sagols[Nota 1], Isabel Cabrera[Nota 2], José Manuel Orozco[Nota 3], Jorge A. Serrano[Nota 4]

De Mística
De Mística
De Mística


RAMON XIRAU, De Mística, 1992, MÉXICO, Ed. JOAQUÍN MORTIZ, 101 P. ISBN 96827-0543-6

Xirau ha preferido siempre el discurso breve, el ensayo, la sugerencia, la imagen alusiva, el juego del pensamiento con la poesía y de la poesíaconla razón, el juego del silencio con la palabra y del logos con la intimidad religiosa y mística. La génesis de su obra hay que buscarla, sin duda alguna, en el asombro por la presencia. Xirau comienza a reflexionar movido por la maravilla implícita en el hecho de que existan las cosas, el tú: los otros con los que hablamos y callamos, la naturaleza y el "más allá". El mundo es para él misterio, un enigma del que surge La palabra (con mayúscula) y por lo tanto, la imagen poética, el arte en general, el mito, la mística, el eros y el discurso filosófico.

Y el pensamiento es para Ramón Xirau tan sólo un intento de aproximación al enigma del mundo desde una clara conciencia de los límites de la razón y de la riqueza de la intuición, la fe, la imaginación, el amor y todo lo que concierne al corazón humano, antes que a la inteligencia.

De este modo, Xirau ha escrito ya cerca de cuarenta libros. Entre ellos cabe resaltar: Sentido de la presencia, Desarrollo de las Crisis, Palabras y silencio, Poesía y conocimiento Entre ídolos y dioses, El tiempo vivido, Cuatro filósofos y lo sagrado.

Pero a lo largo de este recorrido, su pensamiento parece inclinarse cada vez más hacia la mística. Así, ahora nos ofrece un pequeño libro titulado precisamente De mística. Ciertamente, el autor no olvida las relaciones con la filosofía, pero no se trata ya de analizar las ideas de ciertos filósofos en conexión con otros ciertos pensadores de "lo sagrado", sino que se trata de entregarnos una singular comprensión de la mística, en especial, dice el propio Xirau en la introducción, del pensamiento místico de "dos mujeres excepcionales": Edith Stein y Simone Weil.

Y en efecto, el centro del libro, su intención comunicativa básica reside, a mi modo de ver, en ofrecernos una visión "rnundana" del pensamiento místico, visión que proviene de estas dos mujeres. Edith Stein, comprometida con el "yo" y la conciencia activa; y Simone Weil, comprometida con la liberación y la solidaridad con la clase obrera.

En torno a este centro aparecen en De mística los temas clásicos de la experiencia de unión del alma con Dios: las vías para el conocimiento de Dios, la fe, el silencio, el surgimiento de la palabra, la expresión paradójica, que Xirau concibe como el uso de términos e imágenes contradictorias que rompen el lenguaje y trascienden la misma imagen para expresar "algo más", algo nuevo que se manifiesta como un "rayo de luz".

Al tratar estos temas, Xirau permea ciertamente de belleza su libro, la cual seguramente será destacada por quienes harán uso de la palabra después de mí. No obstante, y asumiendo el riesgo de no ocuparnos de la belleza, me parece importante destacar la relación del pensamiento místico con la realidad. Pues a partir del Renacimiento, el leit motiv de la filosofía es la recuperación de la inminencia y, sin embargo, todavía quedan para el filósofo múltiples preguntas: ¿se ha dignificado, en verdad, la realidad humana con la Muerte de Dios y la fidelidad a la tierra?; ¿es el hombre ahora más hermano del hombre?; ¿no es por así decirlo demasiado "plana" o "chata" la terrenalidad en que vivimos?; ¿no será posible construir un "cielo", una altura, una vida auténticamente digna, en la tierra? Ciertamente, pueden encontrarse en la filosofía contemporánea significativos esfuerzos por responder a estos interrogantes, pues es un hecho que la filosofía está capacitada para ello. [Nota 1] Empero, ante el libro de Ramón Xirau que hoy comentamos no podemos sino intentar comprender - al menos en alguna medida- como algunos místicos dignifican el mundo y el frágil e imperfecto actuar humano.

Al principio del texto encontramos la siguiente definición de la mística: "unión del alma con Dios después de un proceso de ascesis preparatoria".[Nota 2] Se trata pues de la relación del hombre con lo divino, de lo imperfecto con lo perfecto, de lo finito con lo infinito, del ser carente con el ser sobreabundante. Y para ello se requiere -según Ramón Xirau y los autores que él comenta- de una transformación y una mejoría de nuestro ser en el mundo y no de la negación o la anulación de éste. Exponiendo a Simone Weil, Xirau afirma: "Hay que arraigar en la verdad, en la vida activa, en la acción, en el trabajo. La mística no nos aleja del mundo, puede mejorarnos para mejor regresar al mundo".[Nota 3]

Pero para llegar a esta idea es necesario entender la historia del pensamiento místico, cuyos orígenes están en el neoplatonismo y Dioniso Areopagita y su consolidación se da en Meister Eekhart y San Juan de la Cruz. La influencia del neoplatonismo se hace sentir principalmente a través de la teoría de las emanaciones de Plotino; a su vez, el Areopagita se hace presente con sus dos vías para el conocimiento de Dios, la vía atributiva y la vía negativa.

Ahora bien, ni Eckhart ni Juan de Yepes parten de un compromiso con el "yo" o con una clase social, por el contrario, en ellos parece predominar el anegamiento y la renuncia. Para Eckhart, la vía para el conocimiento de Dios es la vía negativa, Dios es infinito, y nosotros que somos finitos no podemos conocerlo más que atribuyéndole la negación de las creaturas de este mundo. Y sólo conocemos la divinidad momentáneamente, en el éxtasis místico que se da en la mirada interior.

Esta mirada exige desdibujar al "yo", negar la identidad, el nombre propio, hasta que no sepamos quienes somos, hasta que hayamos anulado toda autodefinición, como aquella mujer que un día fue a visitar a Meister Eckhart y no pudo decir quién lo buscaba porque ella misma no sabía quién era. No era "m virgen, ni prometida, ni hombre ni mujer, ni viuda ni señora, ni señor, ni muchacha, ni esclava". [Nota 4]

San Juan, por su parte, recomienda la negación del mundo renunciando al intelecto, a la memoria y a la voluntad, para que de este modo puedan darse la fe, la esperanza y la caridad. Sólo así, el alma alcanza la sabiduría divina.

Para ambos pensadores, la contemplación es ciertamente un fin en si mismo. En este sentido, parecería que el alma no requiere actuar en el mundo. No obstante, Xirau recae en el hecho de que tanto Eckhart como San Juan fueron grandes reformadores conventuales y hombres entregados a la actividad cotidiana. Más aún, parece quedar implícito en De mística que esta acción exterior no es M todo ajena a la contemplación. Pues esta última no es mera pasividad y receptividad, sino que por el contrario contiene ya una transformación en el alma misma. Así, vemos que la muchacha que buscó a Meister Eckhart habiendo dejado de ser todas las cosas, finalmente declara:

No soy ninguna de estas cosas, sino cada una de ellas corriendo de una a otra. [Nota 5]

Y la "Noche oscura" de San Juan contiene la necesidad de amor y vuelo; necesidad de unión y, por tanto, de donación y olvido de si, necesidad de ascenso y descenso y, por tanto, de esfuerzo. De tal suerte que están presentes en San Juan de la Cruz la contradicción y la negación que explican el cambio y el dinamismo del alma. Por ello, sugiere Xirau, este vuelo es crecimiento y vida. [Nota 6]

Solo mediante la intervención de una auténtica comunidad en la contemplación mística es que podemos explicarnos que posteriormente se den el pensamiento de Edith Stein y Simone Weil.

Edith Stein, parte de la fenomenología de Husserl. Para ella, la vía para lograr el conocimiento de Dios es el "yo viviente". Este "yo" no debe negar los sentidos, él es a la vez alma y cuerpo, incluso es inconciente, materia opaca que, sin embargo, busca la luz. En vez de negar los sentidos es preciso transformarlos sirviéndonos de sus imágenes, las cuales son la fuente del lenguaje alusivo-metafórico, propio de la experiencia mística.

Para Xirau resulta particularmente significativa la oposición de Edith Stein a Heidegger, a la negación como principio, así como a la exigencia de soledad y angustia ante la muerte. En vez de la nada como principio, Stein concibe a Dios, en vez de la angustia y la soledad, concibe la "plenitud del hombre consiente'', es decir, del hombre que puede salir de sí mismo y estar realmente en el mundo, aumentando su propia potencia y superando toda autonegación empequeñecedora.

Puede decirse, entonces, que la experiencia mística es acción y felicidad. Así parecen expresarlo las siguientes palabras de Edith Stein:

Gozo sin fin, felicidad sin sombra, amor sin límite, vida potenciada al máximo, sin debilidad, acciones de fuerza máxima que, al mismo tiempo, dan paz y están libres de todas tensiones -ésta es la eterna beatitud .[Nota 7]

Y finalmente, Simone Weil es expuesta por Xirau no sólo desde su conocimiento de Dios a partir del compromiso con la clase obrera, sino también, desde su inspiración griega, y desde su profundo sentido de realidad y conciencia del mundo en que vivió.

Con respecto a los griegos, Xirau destaca la influencia de Heráclito, Cleantes y Platón como antecedentes del cristianismo, Heráclito sería el antecesor del monoteísmo, Cleantes (en el Himno a Zeus) de la vocación de servicio y Platón de la idea de salvación en la trascendencia.

Y en cuanto a la conciencia mundana de Simone Weil, De mística nos muestra cómo, más allá de los dogmas marxistas y las consignas sindicalistas, ella se atrevió a ver la poca solidaridad que existía en la clase obrera, lo irreal de la idea de progreso ilimitado, así como los riesgos propios de la sociedad industrial, en especial, la creciente opresión de los obreros en el siglo XX.

Y no obstante esta clara visión de la realidad, para Simone Weil -concluye Xirau (y nosotros también)- el mundo era sagrado y divino:

Huir fue para ella llegar a Dios, saber que Dios la buscaba y arraigar en la verdad en el mundo, arraigar en este mundo destrozado por la violencia, el horror, la guerra, y sin embargo, sagrado, divino, hermosamente buscado por Dios y los hombres.[Nota 8]

LIZBETH SAGOLS

Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM


Inicio del artículoRegresosiguiente