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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

De Mística


¡Parabienes al Dr. Ramón Xirau por presentarnos en una pequeña obra - la llamó así por su extensión: 101 pp.- un tema que, si bien no está de moda, reviste una gran importancia! Esto, conviene tenerlo presente, hay que hacerlo y por un par de razones: porque es oportuno y porque es inoportuno. Es oportuno en la medida en que nuestro mundo se ha vuelto descreído, refractario a los valores trascendentes, un mundo para el cual, en general, carece de sentido la pregunta por lo "último" pero, por los mismos motivos, hay que decir que es inoportuno.

Presentar al Dr. Xirau es prácticamente inútil, de sobra son conocidas tanto sus obras como sus diversas actividades, académicas, en particular. Cabe, sin embargo, en este momento, recordar algunas de las facetas que posee el autor de la presente obra: escritor, historiador, poeta y filósofo. Todo esto converge y cristaliza en la obra que presentamos.

Sabemos que el "asunto" de la mística resulta enormemente difícil de abordar en una obra escrita. ¿Deberá hacerse mediante el pensamiento discursivo? ¿A través de la elipse poética? ¿De entre >as dos, cuál va más lejos? El Dr. Xirau hace gala de los dos registros como es fácil apreciarlo a lo largo de este opúsculo.

La obra está estructurada por una presentación y seis pequeños capítulos: El maestro Eckhart; Sor Juan Inés de la Cruz, poesía y mística; Edith Stein, Ser finito y Ser eterno; Edith Stein y San Juan de la Cruz; Edith Stein, crítica de Heidegger; Simone Weil.

Puede apreciarse que la obra de] Dr. Xirau recorre el fenómeno de la mística desde la Edad Media hasta prácticamente nuestros días. Parecería que se trata de una constante - en el caso del trabajo del Dr. Xirau a lo largo del pensamiento occidentales el mundo de nuestra cultura.

Parte de la obra - tres capítulos- son versiones ampliadas de conferencias dictadas como miembro del Colegio Nacional. Si por mística ha de entenderse la unión del alma con su Dios creador, previo un proceso de ascesis preparatoria, los momentos estelares de la mística occidental se presentan - en el sentir del autor desde la escuela neoplatónica de Alejandría, de Plotino o Proclo, que si bien no es proclive al cristianismo se encuentra cargado de una intuición fuerte por el ser infinito e indefinible, influída, de manera parcial ciertamente, por el mismo cristianismo respecto del cual guarda su distancia.

Otra de las riquezas del libro es la de incorporar a su obra algunos textos de los místicos que expone, a los que de otra manera no hubiera tenido acceso el lector.

Abonando lo que al principio señalaba, el Dr. Xirau nos presenta - entre otros- uno de los textos más "elocuentes" de San Juan de la Cruz, no sin antes hacernos una ligera advertencia:

A él se deben -señala- las dos famosas "vías", la atributiva y la negativa. Por la primera atribuimos a Dios infinito e inefable todo lo que es perfecto. Por la segunda se elimina de la divinidad todo lo que sea negativo. Apréciese que en la misma vía atributiva existe una negación necesaria. Si pensamos en la perfección divina 'ad infinitum', aludimos a ella, no a la nuestra que es contingente y también limitada.

Habida cuenta de esta advertencia paso a exponer el texto al que hago alusión:

cierto, nadie lo puede; cierto ni ellas mismas por quien pasa lo pueden; porque ésta es la causa por qué con figuras, comparaciones y semejanzas antes rebosan algo de lo que siente, y de la abundancia del espíritu vierten secretos y misterios que con razones lo declaran. Las cuales semejanzas, no leídas con la sencillez del espíritu de amor e inteligencia que ellas llevan, antes parecen dislates que dichos puestos en razón según es de ver en Divinos Cantares de Salomón y en otros libros de Escritura Divina, donde no pudiera el Espíritu Santo dar a entender la abundancia de su sentido por términos vulgares y usados, habla misterios en extrañas figuras y semejanzas. De donde se sigue que los santos doctores, aunque muchos dicen y más digan, nunca pueden acabar por declararlo por palabras, así como tampoco por palabras se pudo ello decir; y así lo que ello se declara ordinariamente en lo menor que contiene en sí." ("Cántico espiritual", prólogo).

Y más adelante añade:

los dichos de amor es mejor declararlos en su anchura, sin poder ni deber atarse a la declaración.

San Juan - nos advierte el Dr. Xirau- hace uso de las dos vías. Probablemente con mayor abundancia, de la negativa. Sea así... San Juan tanto en su prosa como en su verso lo enfatiza; oigámoslo: "... porque sólo por ello pasa, lo sabrá sentir, más no decir".

Tal como lo señalábamos al principio, el Dr. Xirau ubica históricamente el autor del cual se ocupa. Así por ejemplo, nos hace ver que "... seguramente influidos por el romanticismo, tendemos a ver en imagen y el símbolo más endeble en toda la obra lírica de San Juan. Pero esta noche - últimos silencio, único lenguaje que él oyó solo está contagiada de luz. Poeta de las fuentes del espíritu, de las aguas inspiradoras de la gracia, San Juan de la Cruz es, muy principalmente, un poeta luminoso, ardiente por contacto de Amor. "Noche y luz se confabulan en una unidad de visión; a la letra:

Que es la tenebrosa nube

que a la noche esclarecía.

Pero, más auténticamente, la luz triunfa en el centro mismo de las tinieblas "más cierto que la luz del medio Día". Luz más luminosa que cualquiera de las luces de este mundo, luz invisible y silenciosa de la cual todas las imágenes humanas tan sólo pueden darlos una pálida imitación.

Pero leamos lo que el Dr. Xirau nos transmite para ilustrar mejor su idea:

Está el rayo de Sol dando en una vidriera. Si la vidriera tiene algunos velos de manchas o nieblas no la podrá esclarecer o transformar en su luz totalmente como si estuviera limpia de todos aquellas manchas y sencilla; antes tanto menos desnuda de aquellos velos y manchas; y tanto más, cuanto más limpia estuviere, y no quedará por el rayo, sino por ella, tanto, que si ella estuviera limpia y pura del todo, de tal manera la transformará y la esclarecerá el rayo, que parecerá el mismo rayo y dará la misma luz que el rayo; aunque a la verdad, la vidriera, aunque se parece al mismo rayo, tiene su naturaleza distinta del mismo rayo; mas podemos decir que aquella vidriera es rayo o luz por participación. Y así, el alma está invistiendo, o, por mejor decir, en ella está morando esta divina luz del ser de Dios por naturaleza que habemos dicho.

... verso 6 de la Subida al Monte Carmelo.

Refiriéndose a Edith Stein, una de las dos últimas místicas de las cuales se ocupa, parece que el Dr. Xírau considera decisiva a su propósito la obra que Stein terminara en el año de 1936, cuando habiéndose convertido al cristianismo no dejaba a su maestro y guía intelectual E. Husserl. Nos referimos a la obra "Ser finito y ser eterno". En el sentido de los entendidos esta obra parece contraponerse a la obra de otro gran seguidor de Husserl: Martin Heideger. La obra de la Stein, hay que decirlo, es una obra difícil; pero, como contrapartida, tiene una profundidad no habitual y casi toda ella tiene un sello muy personal, es realmente original.

Temas muy vinculados con la mística son abordados por la discípula de Husserl, tales como: yo, alma, espíritu, persona. Estos se encuentran ligados de manera muy estrecha. Según la discípula de Husserl, el yo no puede identificarse de manera total con el alma o con el cuerpo; más vecina de la verdad estará la proposición que dijera que el yo habita el alma y el cuerpo.

La última parte de su obra la dedica el autor a Simone Wiel. Con seguridad que para muchos llama la atención el origen o extracción de la "estudiosa de la filosofía". En efecto, dedicó parte de su vida a convivir con los obreros; esto constituyó para ella como una especie de "ascesis" vital, anticipadora de ciertas actitudes místicas, presentes ya, de alguna manera, en una obra de los años treinta.

Muy conocedora - por haberla vivido- de la condición obrera que consideraba como infame, continúa sus reflexiones a lo largo de varios años. En su obra 'Opresión y libertad' apreciamos sus penetrantes análisis tanto de la condición obrera como del marxismo que le tocó vivir.

La ascesis, aspecto negativo de su ascenso espiritual, te permitió escribir luminosas apreciaciones de la condición obrera. Más adelante, en lo que podríamos señalar, siguiendo fielmente a nuestro autor, en un período si no místico sí de acercamiento a la mística - leemos -: "Toda cosa existente es mantenida en su existencia por medio del amor de Dios. Los amigos de Dios deberían amarlo hasta el punto de entremezclar su amor con el amor divino en relación con todas las cosas de este mundo".

¿Cómo explicar la mística de Simone Weil, se pregunta el Dr. Xirau? Creo que no hay que explicarla - se responde- hay que decir con ella:

Las criaturas hablan por medio de los sonidos. La palabra de Dios es el silencio. La secreta palabra de amor de Dios no puede ser sino el silencio. Cristo es el silencio de Dios.

He escrito - escribe Xirau- la palabra "mística". Místicos afines a Simone Weil serán Heráclito, Filolao, Platón. Después de la traducción de Heráclito, Simone Weil se refiere al Dios del filósofo y señala que en los fragmentos solamente existe un solo Dios (sabiduría suprema del Uno que es también Zeus). Pero señala también que en otros fragmentos este Dios parece diversificarse cuando recibe, en fragmentos diversos, el nombre de Logos, pensamiento, ley y fuego. Y el fuego tiene, por lo menos, tres sentidos: "el fuego como elemento"; la energía" en todos los fenómenos (en el sentido moderno)"; el fuego divino, trascendente, el rayo que no es de este mundo y cae del cielo". Pero además, Simone Weil muestra que en Heráclito existe la "esperanza" ("si no esperamos no encontramos lo inesperado", dice Heráclito, fragmento 18), la "fe" (la mayoría de las cosas divinas "escapan al conocimiento por falta de fe").

Naturalmente, la esperanza y la fe no tienen aquí todavía el sentido que les dará el cristianismo. Simone Weil cita los fragmentos sin ningún comentario. En una de sus últimas obras -Weil- quiere hacernos entender algo que no siempre se ve en los místicos: "La mística no nos aleja del mundo; puede mejorarnos para mejor regresar al mundo. Platón sigue siendo aquí el modelo. Todos conocemos la alegoría de la caverna. Aquel hombre que asciende lentamente por paredes casi imposibles y llega a donde entra el Sol, y no ve nada hasta verdaderamente ver, siente la obligación de ver el Bien y regresar al mundo, a decir a los hombres que viven en el error y que deben 'recordar' la verdad. Tal el símbolo de toda mística en Occidente". También Santa Teresa, también Juan de la Cruz parecen 'irse' de este mundo, para volver a él y en él actual, fundar sociedades, fundar nuevos conventos, con toda la alegría de vivir.

Huir fue para Weil llegar a Dios, saber que Dios la buscaba y arraigar en la verdad en el mundo, arraigar en este mundo destrozado por la violencia, el horror, la guerra, y sin embargo, sagrado, divino, hermosamente buscado por Dios y los hombres.

JORGE A. SERRANO

Departamento Académico de Estudios Generales, ITAM


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