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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

Las tres religiones


Nadie sabe por qué Jerusalem se encuentra allí donde está. La ubicación de las ciudades antiguas se explica generalmente con tres condiciones: las vías de comunicación, el agua y la defensa. Ahora bien, ninguna ruta importante pasa por Jerusalem; hay muy poca agua, y la antigua ciudad, a pesar de haber sido construida sobre una colina, no ocupa una posición de defensa fuerte. Parece que los canancos habrían fundado en Jerusalem, hace alrededor de cuatro mil años, un lugar de culto; esta hipótesis está confirmada por una mención bíblica de la estadía en esta ciudad del rey Melquisedek de Salem, sacerdote de El Elyon. Después de haber conquistado Jerusalem, David hizo de ella su capital, quizás porque allí no había habido un culto israelita, y podía entonces establecer un nuevo lugar consagrado. Por otro lado, contrariamente a Hebron y Bethel, el sitio no pertenecía a ninguna de las tribus de Israel, y podía volverse entonces un territorio común. En la ley judía, Jerusalem tiene un estatus de extraterritorialidad (controvertido, por otro lado), en virtud del cual la ciudad pertenece a las doce tribus de Israel. El rey Salomón construyó el Templo de Jerusalem, donde concentró toda la actividad cultural, y convirtió así a esta ciudad en el centro de la conciencia nacional y religiosa del pueblo judío para todas las generaciones por venir.

En el año 63 antes de Cristo, Jerusalem entró en un período de dominación romana, unas veces directa y otras, indirecta. Fue durante este período, poco tiempo después de la reconstrucción del Templo por Herodes (que hizo de él uno de los edificios más impresionantes de la Antigüedad), cuando Jesús estuvo activo. En el 66 después de Cristo, estalló una rebelión de los judíos contra la ley romana, y en el 70 el Templo fue destruido y entregado a las llamas por Tito. Después del gran levantamiento judío del año 132, el emperador Adriano tomó nuevamente la ciudad y la derribó para crear en su lugar una ciudad pagana llamada Aelia Capitolina, prohibida a los judíos. En el 313, el cristianismo se volvió religión de Estado en Roma, y Constantino comenzó la construcción del Santo Sepulcro en el centro de Jerusalem, que se volvió una ciudad cristiana bizantina.

En el año 638, una nueva religión tomó el relevo en Jerusalem: el Islam. La cúpula de la Peña fue edificada sobre la colina del Templo. Después de quinientos años de exilio, los judíos fueron autorizados en ese momento a regresar e instalarse en Jerusalem. En 1099, los cristianos tomaron nuevamente la ciudad de manos de los musulmanes en su cruzada para "liberar los santos lugares". Después, en 1187, la contracruzada musulmana -la jihad de Saladino- devolvió Jerusalem a la dominación musulmana. La ciudad prosperó en el curso de los siglos XIV y XV bajo el reinado de los mamelucos, esos reyes esclavos comprados en el origen en Asia Central y llevados a Medio Oriente.

Después de la conquista de Jerusalem por los turcos en 1517, Solimán el Magnífico hizo construir espléndidas murallas. La ciudad permaneció bajo la dominación otomana durante cuatrocientos años, hasta ser conquistada por el Capitán Allenby en 1917, fecha a partir de la cual formó parte de Palestina bajo el mandato británico. Después de la partida de los ingleses en 1948, y a consecuencia de la guerra árabe-israelí, la ciudad fue dividida en dos. Jordania se anexó la parte este, que incluía la ciudad antigua, mientras que la parte oeste se volvió la capital del nuevo Estado de Israel. En 1967, Israel ocupó y se anexó el este de Jerusalem.

Por más somero que sea el recorrido que se haga de esta historia, ella muestra que Jerusalem, que experimentó tantos cambios de poder y de religión, no es propiedad exclusiva de ninguna religión ni comunidad. En la batalla por Jerusalem, cada religión, cada Estado, funda sus reinvindicaciones sobre una secuencia particular de acontecimientos que van desde la edad de bronce hasta nuestros días, que lo guían en su comportamiento actual, mientras que la historia de sus adversarios le parece un hoyo negro de donde no irradia ninguna luz.

En los tiempos bíblicos, Jerusalem y el Templo estaban divididos en áreas de mayor o menor grado de santidad, que se medía según los tabúes que se le aplicaban. El monte del Templo era más santo que el resto de la ciudad. Ninguna persona impura tenía derecho de penetrar en él (los hombres con gonorrea, por ejemplo, y las mujeres que acababan de parir o que se encontraban en período de menstruación). El patio interior del Templo, todavía más santo, estaba prohibido para los gentiles, y el vestíbulo sólo era accesible para los sacerdotes. Finalmente, sólo el Gran Sacerdote tenía derecho de penetrar en el interior, en el más santo de los lugares santos (además, no lo hacía más que el día del Yom Kippur). (Esta "graduación" en la santidad suscitó muchas controversias. Para los judíos de la secta del desierto de Qumran, la ciudad entera era tan santa como el monte del Templo y las relaciones sexuales se debían condenar en ella. La Jerusalem sacerdotal les parecía por lo tanto impura y peligrosa; por eso se refugiaban en el desierto).


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