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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

Por una autoridad conjunta


La primera solución es la de Ariel Sharon, de la que no se habla mucho, pero que es la que se ha adoptado en la práctica: echar a los árabes de Jerusalem, recuperando los edificios y el terreno, particularmente en el barrio musulmán (donde el propio Sharon se instaló) y en los alrededores del monte de los Olivos. Esta política resultó, paradójicamente, más fácil de realizar desde que apareció la Intifada. En efecto, después de la desgracia que los azotó cuando abandonaron sus pueblos en 1948 y tras volverse refugiados, los palestinos adoptaron la estrategia de aferrarse a sus tierras, lo cual exigía de ellos una colaboración considerable con el gobierno israelí (gobierno que frecuentemente se mostró dispuesto a dejar las cosas en el mismo estado para tener un poco de paz). Ahora bien, la Intifada es, en cierta medida, una rebelión contra cualquier tipo de colaboración con el gobierno israelí.

La segunda solución, es la solución "otomana" de Teddy Kollek, que Israel podría proponer en caso de negociación sobre Jerusalem. La ciudad completa quedaría en manos de los israelíes. La municipalidad y el gobierno central garantizarían la puesta a disposición de todos, judíos, y no judíos, sin discriminación antiárabe y en todos los barrios, de los servicios municipales. Los no judíos gozarían de una amplia autonomía en los terrenos cultural y religioso, dando quizás un estatus particular a los lugares santos musulmanes. Se daría a los árabes la seguridad de poder continuar viviendo normalmente en sus barrios.

En cuanto a los palestinos, que se colocan mayoritariamente detrás de Hussein, pedirán un retorno a las fronteras de 1967, incluso en Jerusalem, donde las partes que estaban bajo el control jordano el 4 de junio de 1967 serían retomadas por los árabes; Jerusalem quedaría entonces bajo la autoridad palestina. Naturalmente, algunos palestinos se niegan a toda repartición del poder en Jerusalem, a toda repartición del poder en Palestina, y un gran número no quiere siquiera escuchar hablar en absoluto de negociaciones con los israelíes.

Finalmente, como tercera solución, está la que yo postulo: Jerusalem estaría bajo la autoridad conjunta de Israel y Palestina, y cada uno de los Estados haría de ella su capital. La aparente simplicidad de esta solución no puede, evidentemente, ocultar sus peligros.

¿De qué clase de sistema policial podría disponer Jerusalem? Imaginemos que dos asaltantes, uno israelí y el otro palestino, sean atrapados en flagrante delito asaltando un banco local. ¿Serían juzgados por los mismos jueces o por jueces diferentes? ¿Se aplicaría la misma ley para los dos? ¿Frente a quién podrían apelar y quién podría perdonarlos?

Ante este tipo de preguntas, caeríamos en la tentación de considerar mucho más simple la solución de una ciudad gobernada por dos poderes diferenciados. En efecto, en esta solución, para responder al ejemplo del asalto, si el robo tuviera lugar en el lado israelí de la ciudad, los dos sospechosos serían juzgados según la ley israelí; del lado palestino, serían juzgados según la ley palestina.

Sin embargo, la autoridad conjunta es preferible, pues ofrece una garantía de que la ciudad no será dividida una vez más. Si hubiera dos autoridades diferenciadas, un conflicto surgido en Jerusalem correría el riesgo de degenerar en división materializada de la ciudad en dos (como Berlín dividido en dos por el muro). El acuerdo sobre la autoridad conjunta debería prohibir formalmente toda nueva división de Jerusalem. Además, es necesario recordar que en Jerusalem este - la parte que estuvo en manos de los árabes hasta 1967- viven actualmente 120 000 judíos, que no aceptarían la autoridad y el sistema judicial palestino.


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