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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

Una ciudad con distritos


Los problemas que los conflictos judiciales podrían plantear en una Jerusalem bajo una autoridad conjunta serían ciertamente de una complicación extrema, pero no parecen insolubles.

Para poder operar la solución que yo sugiero, sería necesario, sin duda, otorgar finalmente a Jerusalem un estatus especial que le permitiera tener sus propias leyes, aceptadas por los parlamentos de los dos Estados, e integradas a sus sistemas legislativos. Pero mucho más difíciles de resolver que los problemas judiciales son los problemas políticos y psicológicos. "¿Cómo piensa usted, me dirán, que con todo el odio, el recelo, la rivalidad que se han acumulado entre ellos, los judíos y los árabes de Jerusalem podrían vivir en un sistema político que exigiera una cooperación tan compleja?" Pienso que la muy antigua idea de gobernar la ciudad por distritos podría quizás constituir un primer paso en ese sentido. Cada distrito dispondría de una amplia autonomía en la elección de su carácter y de sus responsables.

El problema psicológico consiste en saber cómo transformar el actual odio candente en "odio platónico", es decir, en idea de odio vaciada de su contenido emocional. Sería necesario partir del principio de que las medidas políticas conducirán a la reconciliación psicológica, más que a la inversa. Cuando los jóvenes lanzadores de piedras de la Intifada sintieron, después de la conferencia de Madrid, que había una esperanza política para ellos, se acercaron a los soldados israelíes y les ofrecieron ramos de olivo. Si se hubiera esperado a que este gesto se realizara para comenzar las negociaciones políticas, nunca se habrían realizado.

Actualmente, bajo la tutela israelí, Jerusalem está prácticamente cortada en dos. Desde que comenzó la Intifada, unas fronteras de miedo la dividen. Los judíos ya no van nunca a ciertos barrios, y los árabes se cuidan de penetrar en otros. Una doble tutela quizá reuniría a Jerusalem por primera vez. Pero para obtener una verdadera reunificación, hay que derribar las barreras del miedo.


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