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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

EUROPA Y LA PAZ

Author: Stéphan Sberro[Nota 1]


" Lo que ocurre en Serbia demuestra la necesidad de los Estados Unidos de Europa ( ... ). La república de Europa, la Federación Continental, no hay otra realidad política. Lo que demuestran las atrocidades serbias sin lugar a dudas es que necesitamos de una nacionalidad europea, de un gobierno, de un inmenso arbitraje fraternal, la democracia en paz consigo misma". Estas frases no fueron escritas en Yugoslavia o por un "eurocrata" de Bruselas, sino en París... por Víctor Hugo. Demostrando su genio, ya en 1876 iba a contracorriente, pues para los simplistas o los demagogos, la guerra civil en Yugoslavia prueba, al contrario, la ruina de la idea de integración europea.

Serbios contra croatas o bosnios, lo que en el inconsciente europeo significa "romanos" contra "bárbaros" "cristianos" contra "moros", "comunistas" contra "capitalistas", "Aliados" contra "nazi-fascistas", en un conflicto de una violencia y crueldad de otra época a sólo dos horas de vuelo de Maastricht, Bruselas o Estrasburgo.

Ahora viene la pregunta de siempre, ¿de quién es la culpa? Y, milagrosamente de acuerdo, serbios, croatas y musulmanes contestan: "Europa" La Comunidad Europea, por el sólo hecho de existir o, al contrario, por no tener todavía una política común, por ser fuerte o por no ser lo suficientemente fuerte, por ser pro-alemana, o al contrario por dejar que mueran musulmanes a manos de los serbios. La coherencia es para los detractores de Europa lo de menos. No se trata de ser lógico sino de acusar a otro, de desquitarse de su derrota en todos los ámbitos: económico, político, cultural, social; de escapar de la responsabilidad propia.

Los "euro-escépticos", que no faltan en Londres, Washington o Belgrado se regocijan. De qué sirve -dicen- negociar durante dos años una unión política, si a la primera crisis que ocurre, Europa se queda paralizada mientras los alemanes, con la ayuda de sus viejos aliados austríacos e italianos, mueven sus fichas, Eslovenia y Croacia, para formar un cuarto Reich.

El principio de una cuarta guerra mundial en los Balcanes es una de las tesis difundidas por los serbios. [Nota 1] Se trata de una tesis cuyos objetivos son evidentes: gracias al recuerdo de la segunda guerra mundial en Europa occidental y en Estados Unidos, se atribuyen los méritos de la resistencia yugoslava contra los nazis y, con la proyección de una perfecta imagen invertida, pasan del papel de verdugos al de víctimas. Esta tesis serbia es ahora utilizada precisamente por los partidarios de una intervención "occidental" contra Serbia. Estos intervencionistas explican que si no se interviene ahora, después de Croacia y Bosnia, Serbia va a invadir Kosovo y Macedonia, provocando así la intervención de Albania, Bulgaria y Turquía a favor de estos dos estados y luego la de Grecia, Rusia y Rumania para respaldar a Serbia; nadie puede predecir el futuro pero "lo peor no es inevitable".

Antes bien, gracias a la existencia de una Comunidad Europea tras que Estados Unidos, Rusia, el mundo islámico y el Tercer mundo en general se distinguen por su ausencia- es muy difícil que estalle una guerra generalizada en Europa. Iré más lejos diciendo que si se puede encontrar una solución al conflicto yugoslavo, esta solución se dará desde el marco ya existente en Europa.

La primera contribución de la Comunidad Europea a la estabilización en la ex-Yugoslavia es a la vez enorme y evidente. Tan evidente que se menciona muy rara vez. Al contrario de lo que pasó en 1914 y en 1940, o de lo que hubiera podido pasar en los años cincuenta durante la crisis URSS-Yugoslavia, nadie, ni siquiera los más pesimistas, contemplan la posibilidad de un conflicto generalizado en Europa y después en el mundo entero vía Rusia, Estados Unidos y el mundo islámico, a causa de Yugoslavia. Y esto a pesar de diferencias importantes a principios de la crisis entre alemanes por un lado, estadounidenses, rusos, franceses e ingleses por el otro, para esquematizar.

Es ahora innegable que los alemanes tienen una responsabilidad particular en la desestabilización de Europa. La reunificación alemana fue mucho más costosa de lo previsto y en nombre del país más rico de la Unión Europea Alemania- pagan todos, en particular los más pobres como España, Portugal e Irlanda, que tuvieron que devaluar sus monedas y los menos previsores como Italia y el Reino Unido, que por entender demasiado tarde que la independencia monetaria era imposible en un mercado único, debilitaron sus monedas. En cambio, ni los tres países del Benelux (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo), ni Dinamarca ni Francia tuvieron que devaluar su moneda, pero sí pagan con una tasa de desempleo muy alta su afán de conservar la misma tasa de interés que Alemania. Pero esto formaría parte de otro debate.

Se acusa a Alemania de tener una responsabilidad particular en la guerra de la ex-Yugoslavia, por haber reconocido las repúblicas secesionistas de Croacia y Eslovenia antes que los demás y sin haber consultado a sus socios. Pero a pesar de la turbia situación que emerge del reconocimiento de Croacia por Alemania en primer lugar, seguida por Italia, Austria y Bulgaria, sus aliados de la segunda guerra mundial, no se puede afirmar que el canciller Kohl no actuó de buena fe. A pesar de su afán por reconocer Croacia y Eslovenia, este afán no se explica por los recuerdos de la segunda guerra mundial, sino por la concepción alemana de nación como entidad homogénea basada sobre la raza y la lengua; una concepción que no comparten la mayoría de los estados europeos que, a diferencia de Alemania e Italia (y también de Portugal), no son homogéneos y se basan más bien en el deseo de vivir juntos. A pesar de este afán, pues, Alemania discutió con sus once socios, aceptó los criterios fijados en común para el reconocimiento de las repúblicas ex-yugoslavas, criterios cumplidos por todas, y esperó hasta la invasión serbia de Croacia para anunciar el establecimiento de relaciones diplomáticas. Los once la siguieron no para ceder ante la potencia alemana, sino porque la postura alemana se reveló la única posible frente a la actitud injustificable de Serbia en Croacia y después en Bosnia. Lo comprueba el hecho de que en el caso bosnio, no únicamente Alemania sino los otros once reconocieron a Bosnia-Herezegovina. Esta actitud unida, que impidió tanto a los alemanes como a los franceses y a los griegos de tener una posición demasiado tajante en el conflicto, echando así leña al fogón, se reflejó a nivel mundial. Todos los vecinos de Yugoslavia (Austria, Hungría, Bulgaria, Turquía) adoptaron la actitud de la Comunidad. Se puede decir lo mismo de la política del mundo islámico, de Rusia e incluso de la del gobierno de México o de Estados Unidos.

El caso de la república de Macedonia es diferente del de Croacia y Eslovenia, pues en éste, un país miembro de la CE, Grecia, mantiene una postura extremista: rehusa el reconocimiento de esta república a pesar de que cumple con los criterios establecidos en común para el reconocimiento de todas las ex-repúblícas yugoslavas. Sin embargo, incluso en este caso, la CE juega un papel estabilizador y la situación habría sido peor sin ella. De no ser miembro de esta unión y, por ende, poder ser totalmente independiente en su política exterior, es posible, que Grecia hubiera favorecido una intervención serbia en Macedonia o cualquier otra forma de aniquilación de la independencia macedonia. Varios escenarios son posibles. Dado el extremismo y la histeria que caracteriza al gobierno y al pueblo griegos cuando se trata de Macedonia, [Nota 2] aun una intervención directa de este país para acabar con la independencia de Macedonia no se puede descartar. Según los griegos se trata de la intangibilidad misma de las fronteras del país. Grecia no confía mucho en la OTAN, a la que pertenece también su "enemigo hereditario", Turquía; y las tensas relaciones con sus dos otros vecinos, Albania y Bulgaria, no mejoraron desde el principio del conflicto en la ex-Yugoslava. Esto explica la "paranoia colectiva" de los griegos frente a un pequeño país democrático, azotado por problemas económicos y sociales casi insuperables, sin ejército en forma y que en su constitución subraya la ausencia de reivindicaciones expansionistas frente a sus vecinos. Si no fuese por su pertenencia a la CE, Grecia no tendría ningún ancla de estabilidad en su región. Al ser miembro de la CE pudo comprobar la solidaridad de sus socios, que aún no reconocieron a Macedonia. [Nota 3] Una vez más, esta actitud, por injusta que se pueda juzgar, fijó la pauta para la mayoría de los países del mundo; sólo un puñado de estados vecinos (Croacia, Eslovenia, Bosnia, Turquía y Bulgaria) reconocieron a Macedonia. La CE ofrece la única solución al problema macedonio. Las gestiones siguen en particular con la mediación de Francia y todo indica que alguna solución se encontrará. Macedonia por su lado, aceptará sin duda una propuesta de la CE, ya que considera que su única posibilidad de salvación económica sería una ayuda en este rubro que solo aquella le puede otorgar. A más largo plazo, la adhesión de Macedonia a la Comunidad como miembro de pleno derecho, constituirá a la vez una garantía para los dos protagonistas, Grecia y Macedonia. [Nota 4]

Esta eventual adhesión de Macedonia se puede extender a todas y cada una de las repúblicas de la ex-Yugoslavia. Y, conforme a otro de los argumentos de mi demostración, la CE constituye a pesar de todas las críticas, la esperanza más concreta de paz en los Balcanes. Yugoslavia tenía lazos muy estrechos con la CE; acuerdos que abarcaban el área comercial pero también la financiera. La CE se había comprometido a financiar la autopista trans-yugoslava, única vía de comunicación entre Grecia y sus once socios. Estos acuerdos tan amplios constituyen la antesala para una membresía inevitable ya que, aparte de Albania, Yugoslavia había sido el único país mediterráneo de Europa en no haber solicitado su adhesión como miembro de pleno derecho de la CE. Turquía lo hizo en 1987 y actualmente la administración europea está examinando las candidaturas de Malta y Chipre. De los otros vecinos de Yugoslavia, Austria ya empezó sus negociaciones de adhesión y Hungría se adherirá probablemente en menos de diez años. Por fin, un acuerdo de libre comercio, primer paso antes de una adhesión ya expresada como meta final entrará pronto en vigor entre la CE por un lado y Bulgaria y Rumania por otro. Esta nítida tendencia a la adhesión,[Nota 5] se reforzó con la independencia de las repúblicas yugoslavas. Eslovenia cumple casi con todos los prerrequisitos de una adhesión. Además de ser europea y democrática y cumplir así con los dos únicos criterios legales contenidos en el Tratado de Roma, su economía estará pronto en posibilidad de competir con las otras economías europeas. Como Macedonia y Croacia, ya manifestó su afán de adherirse a la CE lo más pronto posible. Esta adhesión, junto con la de Serbia y Montenegro, será el único modo de curar las heridas de una guerra civil atroz. Tan atroz que el olvido podría parecer imposible si no hubiera ya antecedentes: la unión de Alemania y, en menor medida, la reconciliación de Italia, con sus antiguos enemigos franceses, holandeses, belgas y luxemburgueses; el diálogo político y económico permanente entre Irlanda y el Reino Unido a pesar de la continuación de una guerra civil en Irlanda del Norte. La CE permitió enterrar definitivamente los rencores de la guerra civil española o los de las dictaduras griegas y portuguesas, las frustraciones de la descolonización en la mayor parte de los Estados miembros de la CE, las disputas fronterizas entre Alemania y Francia, Dinamarca, Bélgica y hasta las reivindicaciones de autonomía e independencia de varias regiones de Europa Occidental. Regiones que estarían calificadas para exigir su independencia, por lo menos tanto como Eslovenia, Croacia, Bosnia y Macedonia. Y aquí se encuentra el último punto de esta demostración. La Comunidad permite no sólo una salida económica, sino política, a las ex-repúblicas yugoslavas. La mayoría de los países de Europa Occidental tuvieron que enfrentarse con movimientos autonomistas o independentistas. Francia con Córcega (para no hablar de Bretaña, las Antillas, Alsacia, etc.); el Reino Unido con Escocia e Irlanda del Norte (para no hablar de Gales y de las Antillas); España con Euzkadi y Cataluña (para no hablar de Galicia y ahora Asturias o incluso Andalucía); Bélgica con Flandes y se podría citar, aunque en menor medida, los Países Bajos, Dinamarca, Italia, Grecia. Ninguno de estos movimientos, sin embargo, se opone a la construcción europea. Al contrario, las regiones más autonomistas son las que más apoyan una unión lo antes posible. En Francia, por ejemplo, las dos regiones en donde la aprobación del tratado de Maastricht obtuvo la mayoría más amplia durante el referéndum de octubre pasado, fueron Bretaña y Alsacia. En Cataluña, España, y en Flandes, Bélgica, se apoya sin reserva la Unión. Parece que la idea europea pudo resolver la oposición centro/periferia, cultura dominante/cultura minoritaria. Europa favorecerá tal vez enfrentar la muerte del Estado-Nación. 0 al menos favorecerá un intento de respuesta concreta a los problemas teóricos que se plantean de modo tan agudo en la ex-Yugoslavia.

En conclusión, no se trata de defender la postura de los países europeos frente a la crisis yugoslava. A pesar de su importancia económica, militar, política o demográfica, Europa no pudo o no supo hacer cesar la guerra civil yugoslava. Tampoco se pudieron parar las guerras civiles en Sudán, Perú, India, Liberia, Haití, Afganistán y la lista puede continuarse incluyendo a países europeos como Armenia, Georgia y posiblemente pronto los países bálticos, Rumania, Eslovaquia. En todos estos casos no se reprochó a nadie, británicos, estadounidenses o rusos, su impotencia; ahora se acusa a Europa la suya en Yugoslavia.

Tal vez haya un interés de estos acusadores en criticar y dividir a Europa. Pero esto sería tema para otra ponencia. Cabe recordar que a pesar de querer ser USA la única potencia mundial, ni el presidente Bush ni el presidente Clinton definieron una política diferente de la política europea. Es evidente el interés de todas las partes yugoslavas, que adoptaron desde un principio la política de lo "peor" para criticar a Europa. Los croatas y bosnios esperan una intervención occidental o musulmana, mientras los serbios esperan el apoyo de Grecia y Rusia. Afortunadamente, ni los musulmanes ni los europeos dieron el primer paso hacia una escalada bélica involucrando a tres continentes. Todas las potencias mundiales, en primer lugar Estados Unidos y Rusia, pero también los ex-socios de Yugoslavia en el movimiento de los no alineados como India, China o Indonesia, los países islámicos, todos los vecinos de la ex-Yugoslavia, Hungría, Rumania, Albania, Bulgaria, Turquía (a pesar de que todos estos países tienen con nacionales oprimidos o masacrados por los serbios) rehusan cualquier responsabilidad, cualquier intervención masiva para que los serbios cesen sus exacciones. ¿Por qué en este caso responsabilizar más a Europa que a cualquiera de estas partes? Sin la Comunidad, el conflicto yugoslavo hubiera desembocado seguramente en una guerra generalizada en todos los países de los Balcanes, posiblemente con participación de otros países de Europa y del mundo islámico, para no hablar de una participación estadounidense o rusa, y eso sin ninguna perspectiva de solución a largo plazo. Pese a todos sus defectos innegables, la Unión Europea ofrece tal perspectiva.


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