©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1993

2 Cultura, Política e Intelectuales


Estos rasgos y tendencias de la política, del Estado y de la sociedad a la vez presuponen, integran y alimentan la centralización y el autoritarismo, la acumulación y confusión de poderes, la personalización de la autoridad, el debilitamiento del parlamentarismo y de la administración de justicia, el sistema presidencial y su deriva al presidencialismo. Contribuyen también a la emergencia de un tipo de cultura e ideología dominantes. [Nota 11]

Los patrones culturales e ideológicos combinan rasgos provenientes de la estructura tradicional con otros determinados por la dependencia externa, el camino y estilo de crecimiento y modernización, la estratificación social, el régimen político y el papel del Estado. [Nota 12]

Los distintos sectores rurales y urbanos de las élites oligárquicas, sus entrelazamientos, ejercen una influencia que deriva de sus propias características y del estilo de desarrollo que adoptan y aplican.

Los grupos agro-minero-exportadores proyectan e imponen sus patrones y actitudes de tipo señorial y paternalista. Despliegan un sentido de idolatría de la tierra como fuente y manifestación de riqueza, de poder y de rango. Manifiestan su desprecio por el trabajo manual, la técnica, la industria, el riesgo, el sentido de empresa, el mercado interno. La cultura es considerada como producto exótico, indigno de interés y protección, salvo sus formas superficiales y de ornato. Su sentido localista, su patriotismo de campanario, inclinan al aislamiento y a la desconfianza hacia las innovaciones; ello se combina paradójicamente con recelo de las fuerzas internos, con la búsqueda de impulsos y recursos externos para el crecimiento.

Sectores urbanos de las élites oligárquicas y de las capas medias, en parte asimilan los patrones cultural-ideológicos de la oligarquía rural y en parte ejercen sobre aquélla una influencia modernizante y europeizante. Intermediaria entre el país, las metrópolis y el mundo, la ciudad se vuelve agente y canal de la penetración cultural e ideológica de esas metrópolis.

La europeización primero, como la norteamericanización más tarde, aparece y funciona como interpenetración de culturas, por y para los países avanzados y las élites nativas, parte del proceso de integración internacional en el cual el cosmopolitismo cultural y la alienación ideológica hacia lo foráneo terminan por prevalecer. El desarrollo de los países es identificado con su europeización. El culto fanático al progreso enfatiza sus aspectos puramente materiales: dinero, opulencia, poder. La civilización es concebida como importación mecánica y adopción servil de técnicas, ideologías, regímenes políticos, reformas legislativas y educativas, valores, patrones de consumo. La mentalidad de consumo predomina sobre la de producción, y la adopción de fórmulas sobre la adquisición de métodos de conocimiento. En definitiva, irá emergiendo como cultura una construcción intelectual híbrida, sin coherencia ni sentido nacional; una cultura importada que no refluye sobre sus bases internas para potenciarlas, sino que contribuye a frenar o debilitar su constitución.

La cultura del capitalismo liberal en ascenso en los centros avanzados proporciona a las élites nacionales el contenido y el marco de sus pensamientos y de sus acciones. Sus principales aportes son: algunas tradiciones revolucionarias de Francia y Estados Unidos; la industrialización, el librecambio y el sistema institucional de Gran Bretaña; el constitucionalismo racionalista de Guizot y Constant; el utilitarismo jurídico de Bentham; la filosofía social de Saint Simon y Leroux; el positivismo cientificista. De este bagaje heterogéneo se seleccionan los elementos combinados de una democracia aristocrática, autoritaria en lo político y liberal en lo económico.

Por una parte, la democracia es concebida como gobierno de los mejores, que elimina o restrinje la participación política de las masas populares. El prejuicio clasista y racista opera como ideología justificatoria de la exclusión, la dominación y explotación de los grupos subalternos. La inmigración europea es concebida como operación regenerativa de la población nacional, como parte de la europeización cultural y de la restructuración de la fuerza de trabajo.

Por otra parte, un liberalismo económico asimilado indiscriminadamente lleva a la desconfianza hacia el Estado fuerte e intervencionista (sin perjuicio del control y uso para fines particularistas), a la subestimación de la administración y de su papel positivo en el desarrollo. La producción y el control de la cultura y de la ideología se realizan por y para grupos minoritarios. Las mayorías nacionales son marginadas como protagonistas y beneficiarias del proceso cultural, mediante instrumentos y mecanismos diversos (grupos de intelectuales, la Iglesia, la educación, la prensa.)

Las élites oligárquicas desarrollan intelectuales orgánicos en su propio seno, o los incorporan de otros estratos sociales, al tiempo que utilizan categorías prexistentes de intelectuales tradicionales. Ambos tipos de intelectuales influyen en las élites oligárquicas, llegan en parte a integrarlas, le proporcionan sus elaboraciones más extensa y complejas. Les dan homogeneidad y auto-conciencia, una concepción del mundo que corresponde a sus intereses y a los del sistema, así como flexibilidad para absorber los cambios inevitables. Les aportan cuadros directivos y organizativos en el Estado y la sociedad. La disponibilidad de intelectuales orgánicos tradicionales refuerza el prestigio y el poder de las élites oligárquicas, su incierta legitimidad y el relativo consenso de los grupos mayoritarios.

La Iglesia se presenta como reservorio de grupos intelectuales tradicionales, con el monopolio de funciones culturales e ideológicas, el papel de baluarte contra cambios y tentativas innovadoras, así como fuente de creencias, valores, actitudes y comportamientos que nutren el autoritarismo, la resignación, el conformismo, en desmedro del crecimiento económico, el cambio social y la participación política. La alianza de la Iglesia y sus grupos de intelectuales orgánicos con las élites oligárquicas no excluye las tensiones y conflictos de aquélla con sectores liberales, especialmente urbanos, en torno a los problemas y exigencias de la integración internacional, la modernización y la secularización.

El peso de los grupos intelectuales de tipo orgánico y tradicional impide o frena el surgimiento de otros nuevos más independientes. Profesiones liberales, literatura, arte y ciencias permanecen bajo el monopolio de las élites oligárquicas y de sus apéndices. Esta situación tiende sin embargo a irse modificando más adelante, a medida que con el desarrollo la estructura socioeconómica va cambiando y nuevas fuerzas modifican el equilibrio establecido.

Cultura e ideología en general y el sistema educativo en particular, se van estructurando bajo el signo de una contradicción, entre las exigencias del crecimiento, de la modernización, y las condiciones creadas por la dependencia externa, el carácter desigual del desarrollo y el régimen elitista-oligárquico.

La dependencia externa de bienes manufactureros de producción y consumo, la economía primario-exportadora, el atraso industrial, la mano de obra abundante y barata, desestimulan la diversificación productiva, la ciencia y tecnología nacionales, el aumento de la productividad, el florecimiento de la creatividad cultural en todas sus manifestaciones. Cultura y educación privilegian un pseudohumanismo y una pseudofilosofía sin aplicación práctica; menosprecian lo manual, lo técnico y lo concreto, los prerrequisitos del crecimiento económico y del cambio social, la creatividad y la eficacia para conocer y transformar la realidad. El colonialismo mental se desinteresa por el estudio y las posibilidades potenciales de los propios países. Cosmopolitismo y alienación remplazan la creación nacional por la recepción de una cultura para minorías, imitativa de las formas y contenidos provenientes de Europa y Estados Unidos. La mayoría de los miembros de las élites oligárquicas consideran la cultura como exotismo indigno de interés y protección. Esta situación se refleja en la naturaleza y modalidades de la educación en todos los niveles.

La actividad del Estado respecto a la educación privilegia la búsqueda de soluciones para la escasez de maestros; la introducción de métodos de enseñanza; la creación o refuerzo de las universidades existentes y de otras nuevas, academias e instituciones científicas.

La educación universitaria se organiza y funciona para las élites oligárquicas y el estrato superior de las capas medias, de acuerdo a una estructura interna también elitista-oligárquica, como instrumento de hegemonía en el Estado, en la sociedad, y para la satisfacción de los módicos requerimientos de profesiones liberales. Forma profesionales a los que se imbuye de un espíritu de subordinación hacia las élites oligárquicas, los intereses extranjeros, el sistema; despreocupados del bien común y el interés nacional. Se privilegia la producción de juristas, médicos, ingenieros y arquitectos. Los juristas son destinados a la provisión de soluciones para los problemas y tareas de la organización nacional, de la lucha por la hegemonía, del gobierno, de la estructuración de la economía y la sociedad, de las relaciones con las metrópolis, de los conflictos entre los grupos oligárquicos y entre éstos y las capas medias y populares. Los médicos deben cuidar la salud de las clases altas, crear y mantener condiciones sanitarias mínimas para la reproducción del sistema, la productividad, la recepción de inmigrantes y de inversores extranjeros. Ingenieros y arquitectos deben tomar a su cargo la realización de viviendas suntuosas, obras públicas y de infraestructura.

La enseñanza universitaria es tradicionalista y autoritaria, inclinada al dogmatismo y la escolástica, desfavorable a la creatividad, a la iniciativa para el descubrimiento, a la invención y la innovación. Los intelectuales que terminan por definirse como independientes, críticos, innovadores y reformistas, que llegan a engrosar las filas de las oposiciones políticas en lenta y parcial emergencia, provienen en parte de las universidades, y encuentran hasta cierto punto en ellas la formación profesional, el empleo y la forma de vida; en parte integran la categoría ya considerada de los "Grandes Pensadores".

El énfasis en la educación universitaria y de modo limitado y subordinado en la intermedia, va acompañado de una privación casi absoluta de educación y cultura para las grandes masas urbanas y rurales; para el interior, postergado y colonizado. Una cultura oficial aristocratizante y divorciada del pueblo no incorpora a sus elementos más talentosos y enérgicos. La cultura dominante se superpone a las subculturas populares y regionales, mantenidas en la subordinación, en la marginalidad.

Los intelectuales de oposición encuentran también emplee de expresión en una prensa que se desarrolla bajo el estímulo de la integración internacional, de la urbanización, de la diversificación de las estructuras socioeconómicas y culturales, de las luchas políticas por la definición de la hegemonía, la organización y control del Estado. Desde 1860 aproximadamente se comienzan a publicar diarios regulares en número considerable. En algunos de los países latinoamericanos, las élites oligárquicas y los gobiernos ejercen un monopolio casi total de la prensa. En otros, como Argentina y Chile, se mantiene una relativa libertad periodística. La prensa está controlada, de hecho, por las élites oligárquicas, a las que pertenecen sus propietarios y sus principales redactores; es necesaria para las luchas personales, de caudillos y caciques, de clanes, en el seno de la propia oligarquía y para combatir a sus enemigos. La prensa oficialista puede contrapesar a los pocos órganos opositores. Una prensa relativamente libre es finalmente necesaria para la propagación de la ideología libera1-oligárquica, para la difusión del pensamiento y de los movimientos económicos y políticos de Europa, de Estados Unidos, que interesan a los grupos dirigentes y al sistema.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente