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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

EN TORNO A CIEN AÑOS DE PRESENCIA YA AUSENCIA SOCIAL CRISTIANA 1891-1991 *

Author: Carlos de la Isla[Nota 1]


A Don Samuel Ruiz, luchador ejemplar

* Manuel Ceballos R. y J. Miguel Romero, Cien años de presencia y ausencia social cristiana 1891-1991, 1992, México, IMSOC, 347 p., ISBN 968-6839-00-3.

No es legítimo juzgar el pasado histórico con criterios del presente": Norma elemental de Filosofía de la Historia. Desde la perspectiva reciente de la doctrina social de la Iglesia expresada en encíclicas como Mater et Magistra, Populorum Progressio, Laborem Exercens, Centessimus Annus... parecería desconocertante que apenas en 1891 sonara por primera vez la voz doctrinal de la Iglesia en materia de justicia social.

En los últimos años muchos cristianos clérigos y laicos han ofrecido sus vidas en defensa de los derechos humanos, del bien común, de una sociedad libre, justa y humana. Innumerablesorganizaciones denuncian las injusticias de los abusos del poder y las causas de un mundo desquiciado por el triunfo de unos pocos y la derrota de las grandes mayorías. Y estos mismos grupos anuncian las verdades y valores para un mundo mucho mejor.

"El pueblo necesitado, urgido de defensa, clama a sus pastores espirituales y espera su compromiso como lo han percibido los obispos del Pacífico Sur: El pueblo teme que sus pastores no capten lo grave de la situación y lo que es aún peor temen que no nos pronunciemos, que no nos comprometamos. Si no hablamos ni nos comprometemos los humildes pueden entender que estamos apoyando una situación que los oprime" (p. 276).

¿Por qué si ahora existen una conciencia y una presencia tan activas en cuanto a la necesaria lucha por la justicia social, tuvieron que pasar tantos siglos para que la Iglesia, por la Rerum Novarum de León XIII, revelara su actitud y preocupación también por el reino de este mundo?

Existen, por supuesto, muchas respuestas a esta difícil pregunta; entre ellas: La interpretación de las palabras evangélicas: "Mi Reino no es de este mundo", "Buscad el Reino de Dios y su justicia"; la exaltación de la ciudad celestial (Ciudad de Dios de San Agustín), en oposición a la ciudad terrenal, la mentalidad dominante en la Edad Media, el Renacimiento, la Edad Moderna, los reclamos de los signos de los tiempos...

Otra respuesta puede ser, en su contexto, aquella afirmación de Lombardo Toledano en la mesa redonda sobre la Mater et Magistra en la que participaba también el P. Pedro Velázquez (Facultad de Economía, UNAM 1961): "La gran diferencia entre cristianos y comunistas, decía, radica en los objetivos que persiguen: Uds. cristianos buscan el reino futuro e invisible, el reino de los cielos; nosotros comunistas luchamos por un mundo libre justo y feliz en esta tierra."

¿Por qué León XIII levanta su voz preocupada por la injusticia social de este mundo? Si bien existen muchas respuestas también a esta pregunta, una puede ser que León XIII haya percibido, como ahora los Obispos mexicanos del Pacífico Sur, el temor y el clamor del pueblo que sufre persecución y que por lo tanto haya comprendido como ellos: "Si la Iglesia no habla y no se compromete, los humildes pueden entender que está apoyando una situación que los oprime."

Cuarenta y tres años antes de la Rerum Novarum, había explotado prácticamente en toda Europa aquella revolución sangrienta, desordenada e irresistible; fue la explosión del proletariado, de los marginados de las masas oprimidas; aquella revolución romántica (con ninguna posibilidad de triunfo) de los frustrados y desesperados que sólo contaban con la fuerza que produce la represión y la humillación.

También en 1848 se publica el Manifiesto Comunista. En la segunda mitad del siglo XIX las organizaciones obreras se multiplican y se fortalecen. La Segunda Internacional acordó hacer manifestaciones obreras y el primero de mayo de 1891 las manifestaciones se hicieron sentir en todo el mundo. Las teorías y movimientos socialistas tienen gran aceptación. Muchos cristianos marginados se adhieren al socialismo como a la religión de la esperanza: "A ver si el socialismo nos da lo que el cristianismo sólo nos ha prometido" (señalamiento del historíador J.E. Hobsbawn). La disyuntiva implícita de los pobres era y sigue siendo: "Si no están conmigo están contra mí"; con una radicalidad semejante a la afirmación de Jesucristo; y con razón, puesto que "lo que hiciéreis a cada uno de éstos..."

En 1891 por la encíclica Rerum Novarum, revolucionaria en esa época, la Iglesia se pone del lado de la justicia social, del lado de los débiles y humildes; es decir, del lado de las grandes mayorías de los cinco continentes.

Es necesario, sin embargo, hacer la aclaración: esta postura de la Iglesia fue y sigue siendo fundamentalmente doctrina]; porque tanto en la época de León XIII, como hace cincuenta años, como en nuestros días no se pueda afirmar que la Iglesia Católica (clérigos y laicos) como cuerpo total se haya comprometido en la lucha por la justicia social, por la defensa de los derechos humanos, por el bien común.

De hecho países con mayoría de cristianos católicos, como México, son un ejemplo vivo y evidente de injusticia social, o ¿qué puede decirse de esta realidad donde los bienes, las riquezas sociales que según la Escritura pertenecen a todos, se manejan como si fueran propiedad exclusiva de unos cuantos, donde la inmensa mayoría de los mexicanos padecen pobreza, extrema pobreza - y con frecuencia angustia, desesperación y muerte?

Ni siquiera de la jerarquía eclesiástica, como un cuerpo solidario, se podría afirmar que ha elegido la opción por los pobres o la lucha por la justicia social. Cuántas veces obispos, sacerdotes y hasta laicos comprometidos han sido obstaculizados y hasta agredidos por los propios "hermanos" que han preferido conservar el status de privilegio y las "buenas relaciones" sociales, políticas, diplomáticas...

Y ésta es la historia de Cien años de presencia y ausencia social cristiana 1891-1991 que presentan Manuel Ceballos y Miguel Romero, auxiliados por treinta y siete organizaciones, el impulso especial de IMDOSOC y en particular del distinguido empresario Don Lorenzo Servitje: La lucha heroica de una minoría de cristianos comprometidos con la justicia social frente a las mayorías hostiles o indiferentes.

El propósito del libro es ambicioso: Cien años de presencia social cristiana. La ausencia alivia la tensión de tanto material histórico, de tantas relaciones a veces ineludibles de dimensiones políticas, económicas y de historia general. Se da la necesaria selección de datos que impone "el sello del historiador" y se cumple con la finalidad de ,,agrupar algunos hitos de la llamada cuestión social en los últimos cien años de historia de nuestra patria".

El texto cumple también en buena medida con otro importante objetivo: rendir "homenaje a tantos y tantos cristianos ejemplares mencionados o no en el libro". No resulta nada claro, sin embargo, que se esté logrando "el examen de conciencia que nos interpele a la acción creativa, valiente y eficaz".

Tampoco parece evidente que se esté dando el importante proceso de "inculturación de la Doctrina Social Cristiana" de la que habla el Sr. Obispo Martínez en la Introducción. Basta con echar una mirada a los valores que rigen nuestra sociedad: Un ejemplo, el valor económico, el afán de lucro como móvil de todas las esferas sociales, afán tan irresistible que conduce a la corrupción y perversión no sólo en grandes áreas del campo político, sino también en el comercial, empresarial y, a veces, hasta en el ámbito eclesiástico. (¿No resulta muy mundana y nada cristiana la abierta pugna de algunos eclesiásticos con sus testaferros en relación a posesiones y en algunos casos a grandes propiedades como resultado de la nueva legislación? ¿Qué decir de esta actitud sobre todo ahora que resuena bien fuerte la disposición de los últimos Pontífices Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo 1 y Juan Pablo II: "Qué la Iglesia de Cristo sea pobre y que aparezca pobre"?

Afán de lucro dramáticamente evidenciado en las relaciones laborales que no respetan, no digamos el salario justo (a cada quien de acuerdo a sus necesidades), sino que muchas veces comercian la mercancía-trabajo de acuerdo a la abundantísima oferta de mano de obra. Es patente que aquellas palabras de León XIII por las que fue llamado "el papa socialista" siguen teniendo entera vigencia: "Hombres pocos numerosos, opulentos y extremadamente ricos han impuesto un yugo casi servil a la multitud de ínfimos proletarios."

El afán de lucro orienta las elecciones vocacionales, los criterios educativos, las relaciones familiares, sociales y hasta las relaciones con Dios. (¡La oración convertida en intercambio de plegarias por favores!)

Las mismas escuelas y universidades católicas que podrían, que deberían ser agentes vivos de inculturación de la doctrina social cristiana "están bien instalados en el mundo de los negocios y son referente indispensable de las clases adineradas", como lo señala Pablo Latapí: "Cabe cuestionar -dice - a qué Iglesia representan..." "Desde la Iglesia de los pobres... estas universidades desconciertan; su alianza con el poder establecido y el gran capital escandaliza." ("Las universidades católicas y sus Evangelios".)

Las escuelas, universidades e instituciones dirigidas y organizadas por sacerdotes y religiosos dedicados a los privilegiados de la sociedad (preferencia opuesta a la genuinamente cristiana) han tratado de justificar su labor como estrategia anticomunista. Suponían que de sus instituciones saldrían las huestes poderosas, de poderosos cristianos como la gran defensa frente al comunismo ateo.

El resultado real ha sido muy díferente, por no decir opuesto a la supuesta intención: La dedicación especializada a los ya privilegiados hizo a éstos más poderosos. En consecuencia se afirmaron y distanciaron más las clases sociales; y las diferencias hirientes de clases sociales son las que generan concepciones y prácticas de reivindicación socialistas, comunistas, anarquistas...

Por otra parte y desde la perspectiva de este presente histórico, en tantos sentidos inesperado, se plantea la gran pregunta: ¿ahora que el comunismo ateo y el socialismo real han abandonado el campo de batalla (no derrotados ciertamente por las huestes cristianas), cuál será la justificación de todas estas instituciones?

En este contexto que pretende ser realista, Cien años de presencia y ausencia social cristiana viene a ser un himno de admiración y reconocimiento a esa minoría de cristianos coherentes y comprometidos con la doctrina de Cristo, con la doctrina social de la Iglesia, que quiere ser una parte interpretativa del Evangelio para tiempos y circunstancias diferentes.

El énfasis admirativo que aquí se hace de la minoría cristiana comprometida quiere significar que las grandes mayorías, como ya se ha señalado, permanecen muy distantes del compromiso con la justicia social.

El material documental del libro es abundante, minucioso y distribuido con ingenio y coherencia: Desde las primeras publicaciones periódicas que se refieren a la Rerum Novarum (La voz de México, El Tiempo, Diario del Hogar), hasta los documentos del C.E.M., con ocasión del establecimiento de relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede: Desde las participaciones más generosas y sencillas, en organizaciones como "Catolicismo Social, Democracia Cristiana, Mutualismo Católico, Sindicalismo Cristiano, Catolicismo Liberal" (pág. 13), hasta las agrupaciones más recientes en campos intelectuales, académicos o empresariales -como FUNDICE, USEM, IMDOSOC...

Resulta muy difícil la necesaria selección no sólo de instituciones y grupos sino también de personas y hechos, en una historia que se propone cubrir cien años de presencia social cristiana, en un contexto plural muy amplio, que por lo tanto implica continuas referencias a la historia de la Iglesia y a la historia sociopolítica de México. De allí la sensación de acumulación y densidad que produce no sólo la lectura del libro sino también la distribución de textos y documentos en los espacios de cada página. Por eso también aparecen los márgenes repletos, en contraste con un texto ágil y aireado.

La referencia de nombres y hombres, de instituciones, organizaciones y grupos hace justicia en cuanto presencia y homenaje. Es muyjusto y apropiado el énfasis referido al Seretariado Social cooperativo, cajas populares y organizaciones de autogestión, porque la labor de estas instituciones, en especial la del padre Pedro Velázquez, es sobresaliente como expresión de lucha directa y eficiente del clero a favor de los más necesitados. Habría que destacar, especialmente ahora, cuando las estructuras del socialismo real se desvanecen, la gran opción del mutualismo y de las cooperativas, con sus propios sistemas de organización política y financiera. Estos modos de organización y de producción, que tienen como principios básicos: la dignidad de la persona humana, la dignidad del trabajo creativo y la economía al servicio de la persona han demostrado su consistencia y su eficiencia productiva y tienen el gran mérito de superar los lamentables vicios del modo de producción capitalista (trabajo-mercancía, trabajo enajenante, explotación con fines de lucro ... ) y socialista real (producción planificada ineficiente y trabajo enajenante...).

Es muy lamentable que las cajas populares, las mutualidades y las cooperativas de auténtica autogestión no se hayan multiplicado a un ritmo firme y rápido; aunque se comprende, por las serias dificultades de desarrollo dentro del sistema socio-político y económico de Mexico y también por la falta de un impulso más decidido de las autoridades eclesiásticas.

Sin embargo no tiene la misma presencia y subrayado histórico la labor gigantesca de Don Sergio Méndez Arceo, quien empezó con la coherencia de su vida evangélica y se convirtió en el gran defensor de la justicia social y la doctrina social de la Iglesia y en gran luchador con las armas del ejemplo, las ideas evangélicas sin maquillaje y el compromiso inquebrantable. Su voz y su espíritu estuvieron presentes no sólo en su diócesis, sino en todos los lugares donde se levantaba el clamor más urgente de los necesitados: Guatemala, Nicaragua, Brasil, Cuba... Es posible que ningún otro eclesiástico haya tenido un reconocimiento tan universal como el que recibió Don Sergio el día de su muerte. Aun sus enemigos, ante la aprobación y admiración internacionales, se unieron al aplauso de agradecimiento.

Algo semejante se podría señalar, como presencia tenue, sobre la heroica actitud de los Obispos del Pacífico Sur, en particular de Don Samuel Ruiz, en favor de los indígenas y de todos aquellos que padecen persecución. Mayor presencia merecen también clérigos y laicos (algunos inspirados en la Teología de la Liberación) que realizan una labor constante y arriesgada en defensa de los derechos humanos. Podría argumentarse que se trata de hechos sin la perspectiva histórica suficiente; pero, por una parte se encuentran dentro de los "cien años" y por otra, en una respetable concepción moderna de la historia.

Tal vez estos ejemplos de la Iglesia comprometida con la justicia, con la opción cristiana por los pobres, justifiquen más su presencia social cristiana que la exposición documental sobre la "Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público" y el establecimiento de relaciones entre la Iglesia y el Estado Mexicano.

Desde la perspectiva histórica parece bien claro que la Iglesia Católica no ha expresado su mejor fidelidad a su misión evangélica en el ejercicio del poder político, del poder económico o del poder diplomático; es decir en el ejercicio de los poderes de este mundo. No resulta por tanto nada claro que este "reconocimiento", que en tantos aspectos significa sometimiento (léanse las publicaciones del Lic. Víctor Blanco Fornieles con el título Legem Habemus) aporte algún poder sustancial para la Iglesia en México en su dimensión espiritual. Podrá tener más escuelas de la élite sin temores ni recato, podrá tener más posesiones sin el riesgo de los testaferros, tendrá un lugar en los informes de gobierno y otros actos públicos oficiales, a los que podrá asistir en traje talar con insignias y protocolo. Podrá salir en procesiones por las calles y hasta mostrar su poder de convocatoria por la sensibilidad religiosa de muchos mexicanos... En síntesis, se podrá poner de tú a tú con los poderes de este mundo, tendrá presencia en los "escenarios del César" como en otras épocas de la historia - no las más afortunadas ciertamente, si se juzgan en el tribunal evangélico.

Todo este "reconocimiento" y las nuevas "relaciones", sin embargo no tienen un significado substancial para esa pleyade de hombres sencillos, humildes, valientes cristianos que lucharon en el campo social, político, ideológico, periodístico, espiritual y que hansido los verdaderos actores de esta historia de "cien años de presencia social cristiana".


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