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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

II. ¿Qué hacer?: hacia la formación de una política de liberalismo social en el campo de la comunicación colectiva.


Dentro del nuevo contexto modernizador y dentro del nivel limite de evolución en el que nos encontramos como civilización, debemos considerar que así como el Estado no puede dejar una cantidad de actividades en manos del sector mercantil, a riesgo de que desaparezcan, como es el caso de la medicina preventiva, la generación del transporte urbano público o la creación de ciencia básica; asítampoco puede delegarse a éste la construcción de una "cultura social para la sobrevivencia nacional". Esto debido a que aunque paradójicamente, a largo plazo la planificación cultural es la inversión económica más rentable que existe en una sociedad, a corto plazo no es lucrativa dentro de los criterios de "ganancia pecuniaria" inmediata que establece la actual concepción neoliberal de la vida.

Por ejemplo, en el campo de la física el descubrimiento del "Bosón de Higgs" o el invento del acelerador de partículas más costoso del mundo "SSC", no pudieron desarrollarse sin la aportación multimilionaria de los Estados de la Comunidad Económica Europea y del Estado Americano.[Nota 8] De igual forma, la formación de una cultura ecológica, de conservación de las especies que componen las cadenas de reproducción de la vida, de la defensa de los ancianos, del cuidado del planeta, de la convivencia civil, de revaloración de lo nacional, de la promoción de la vida, etc. niveles de cerebralidad mínimos requeridos para sobrevivir en sociedades de masas cada vez mayores- deberá ser creada por el Estado y la sociedad civil, ya que para el sector mercantil no es rentable efectuarla.

Ante este panorama de creciente desigualdad comunicativa y espiritual que se establece en nuestra República con la acción de las leyes del mercado, es necesario que el Estado mexicano cree las condiciones de otro equilibrio cultural a través de la elaboración de una nueva política de "liberalismo social en el terreno comunicativo", que se requiere urgentemente para coexistir. Para ello hay que considerar que así como en el campo económico el Estado reprivatizó la banca estatal y paralelamente impulsó la de desarrollo para apoyar a los sectores más desfavorecidos, o como vendió empresas públicas para destinar fondos a los proyectos de equilibrio social vía el "Programa Nacional de Solidaridad"; ahora, es necesario que así como ha permitido crecientemente el juego de los principios del mercado en el área cultural, se apoye la dinámica de la "comunicación social" que surge desde las necesidades de expresión y participación ideológica más apremiantes de los grupos mayoritarios del país.

Con ello se podrán rescatar los aspectos positivos de la economía de mercado en el campo cultural, como son la eficiencia, la competitividad, la libertad individual, la apertura de mercados, la adopción de nuevos financiamientos, etc.; ya¡ mismo tiempo se aplicarán los contrapesos culturales de nivelación mental necesarios para sobrevivir, que no están incluidos en el cálculo económico. Frente a esto en imprescindible considerar que la práctica del libre juego de las fuerzas culturales y comunicativas, no generan automáticamente un proceso de comunicación superior; sino que para lograrlo se requiere la presencia y la acción de procesos sociales planificadores, con alto nivel de participación de la sociedad civil. [Nota 9] Contrapesos planificadores que no sean burocráticos, estatistas, paternalistas o populistas; pero que sí vinculen globalmente los principales requerimientos de desarrollo social con la dinámica de producción cultural.

De lo contrario, los grandes límites naturales que por sí misma fija la economía de mercado sobre las dinámicas comunicativas, generarán más contradicciones culturales que las que pretende regular la acción de la oferta y la demanda; y que sólo podrán ser resueltas con la introducción de la "racionalidad de la comunicación social" en el campo de lo público. De no construirse esta política de liberalismo social en el área comunicativa y cultura¡, cada vez más se vivirá el profundo divorcio existente entre necesidades materiales y espirituales de crecimiento social y la formación de la cerebrafidad colectiva necesaria para resolverlas.

En este sentido, por nuestro propio bien como República, hoy estamos obligados a preguntarnos con todo rigor: ¿Hasta dónde este modelo de desarrollo a mediano y largo plazo creará una cultura que propicie el verdadero crecimiento de nuestra sociedad o producirá un retroceso del Hombre? ¿Qué acciones culturales debemos de realizar para reforzar nuestra identidad nacional dentro de los marcos de los principios del mercado? ¿Cómo producir una cultura del desarrollo social dentro de la dinámica de la oferta y la demanda? ¿Cómo conciliar las presiones de un modelo económico que deforma la estructura cultural para incrementar sus niveles de acumulación material, con la necesidad urgente de formar una cultura global para la sobrevivencia humana y el respeto a la vida? ¿Cuáles deben ser los contenidos culturales de una política nacional de liberalismo social?

De no responder a estos cuestionamientos con honradez y severidad, encontraremos que en plena fase de modernización nacional se habrán modificado las estructuras económicas, políticas, jurídicas, tecnológicas, etc. de nuestra sociedad; pero no se habrán transformado las estructuras mentales profundas que, en última instancia, son las que sostienen y dan vida a nuestra comunidad. Bajo estas circunstancias la sociedad mexicana estará avanzando con los ojos vendados ante un precipicio muy peligroso, y dentro de algunos años veremos y sufriremos las consecuencias devastadoras que habrá dejado sobre nuestra conciencia y comportamientos colectivos la presencia de la lógica de mercado en el terreno cultural y espiritual de nuestro país.

De aquí la necesidad urgente de reflexionar sobre nuestra cultura y la acción que deben ejercer los medios de comunicación, para conservar su esencia nacional orientada hacia el desarrollo de nuestra conciencia dentro de la dinámica de acelerado cambio modernizador que vive el país; pues el proceso de la globalización mundial nos lleva a la creación de un nuevo orden cultural que modificará los contenidos y las fronteras ideológicas de los actuales Estados nacionales. De no efectuar esto, el alma cultural de nuestra sociedad correrá el gran riesgo de quedar sepultada por los nuevos espejismos de la modernidad y sus derivados simbólicos parasitarios de esta nueva fase del desarrollo de la sociedad capitalista internacional.

Sin embargo, no obstante la inminencia del panorama anterior, hasta el momento el Estado y las instituciones privadas nacionales estudian las consecuencias económicas, tecnológicas, laborales, políticas, financieras, ecológicas, etc. que tendrá el Tratado de Libre Comercio, pero no han analizado el impacto que tendrá sobre la cultura y los medios de comunicación mexicanos. Es por ello, que en esta etapa de desarrollo neoliberal de la cultura nacional, consideramos altamente estratégico que se realice un estudio exploratorio que analice esta situación y plantee diversas alternativas de acción de lo que debe realizar el Estado y la sociedad civil para encarar maduramente esta realidad.

De otra forma, teniendo posibilidades de sobra para comprender hacia dónde tiende a evolucionar el proyecto cerebral de nuestra sociedad ante el fenómeno de la globalización cultural y de aplicar las medidas correctivas necesarias para mantener el rumbo de comunidad autónoma; habremos elegido el camino de la incondicionalidad ideológica que nos lleva a convertirnos en "siervos" que no buscan alternativas ante el proyecto de la "modernización"; sino a someternos dócilmente a ésta: Entonces habremos entrado por propia voluntad en el fast track de la desnacionalización mental.


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