©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

LOUIS ALTHUSSER: EN ESTOS TIEMPOS... EN ESTOS LUGARES*

Author: Gloria Leff[Nota 1]


* Texto leído en la presentación pública de los libros de Clément Rosset, En aquellos tiempos. Notas sobre Louis Althusser; y de Jean Allouch, En estos tiempos, editados en un mismo volumen por EPEELE, 1993, México.

En la primera reunión a la que asistí, después de aceptar la invitación para participar en la Editorial Psicoanalítíca de la Letra (EPEELE), una de las tres editoriales de la école lacanienne de psychanalyse, se discutió la conveniencia de publicar un libro recientemente aparecido de Jean Allouch, en el que escribía una carta abierta a Clément Rosset a propósito de sus notas sobre Louis Althusser. Yo me adelanté diciendo ¡Cómo no vamos a publicar ese libro, si Althusser aquí fue muy importante! La consecuencia inmediata de tal precipitación fue encargarme de la edición de ese libro y del de Rosset, del que rápidamente conseguimos los derechos.

Pero en cuanto empecé a cumplir con mi tarea me surgieron varias dudas:

¿qué significaba que Althusser aquí fue muy importante? ¿para quién? ¿de qué manera? Y si fue, ¿ya no lo era? ¿hubo alguna operación mediante la cual dejó de serlo? Fue entonces cuando pude darme cuenta que lo que estaba en juego era la muerte de Althusser y la herencia que nos había dejado.

En efecto, la vida filosófica y política en América Latina desde 1967, cuando que apareció la primera edición en español de La revolución teórica de Marx, y hasta la primera mitad de la década de los ochenta estuvo marcada por la referencia a Althusser: o con él o contra él. Muchas generaciones se introdujeron al marxismo por la vía althusseriana. Sus discípulos se atrevieron a meterse en el discurso marxista, a desconstruirlo, a hablar de un joven Marx y de un viejo Marx, sin sentirse ex-comunistas o anti-marxistas; los cristianos comprometidos con las luchas populares se incorporaron al marxismo y se volvieron marxistas, sin cuestionar sus principios religiosos. En 1971 Martha Harnecker publicaba un manual titulado Principios elementales del matetialismo histórico, con un prefacio del propio Althusser, del que se vendieron millones de ejemplares. Y por si esto fuera poco, en el contexto del gobierno popular de Salvador Allende en Chile, Martha Harnecker y Gabriela Uribe publicaron doce pequeños folletos, en los que, bajo el título de "Cuadernos de educación popular", se encontraba finalmente la manera de llevar la teoría a las masas. Esos "Cuadernos", no sólo se reprodujeron y circularon en enormes cantidades sino que se hicieron adaptaciones para diversos países de América Latina.

La marca de la presencia de Althusser, en estos lugares, se revela a través de los testimonios de quienes guardaban una relación personal con él. En 1978, Althusser envió una carta a uno de sus discípulos, de la que supimos porque apareció publicada en una revista latinoamericana de pensamiento marxista. En ella, después de saludarlo, le decía: "Me emocionó mucho tu carta y me conmovió profundamente el saber que un pequeño niño, muy lejos de París, pero muy cercano a mi corazón, llevará el nombre de Luis: diles a tu esposa y a él, de mi parte, que si un día pudieran enviarme una foto del niño, me harían muy feliz..." Probablemente en la "o" que se perdió al pasar de Louis (en francés) a Luis (en español), este jovencito podrá separarse de lui (de él) y de Louis, el tío muerto de quien Althusser llevaba el nombre.

Pero, además, Althusser recurrió al psicoanálisis para repensar el marxismo, y reconocía a Lacan como aquel que estaba embarcado en la tarea de convertir al psicoanálisis en una ciencia. En una de las cartas inéditas de Louis Althusser a Jacques Lacan, escrita el 26 de noviembre de 1963 y publicada recientemente, 30 años después, en el Magazine littéraire, lo decía: "Yo sostengo que usted es en el terreno de las ciencias humanas, el primer pensador que ha asumido la responsabilidad teórica de dar a Freud conceptos verdaderamente dignos de él... Yo puedo ahora dar pruebas de ello por razones muy precisas y rigurosas como para correr el riesgo de publicarlas..." [Nota 1]

Y así fue. En 1964 apareció el texto "Freud y Lacan", en el que Althusser cuestionaba que el descubrimiento de Freud hubiera sido reducido a la biología, a la psicología y a la sociología; criticaba a los analistas (especialmente de la escuela norteamericana) que "habían sido cómplices del revisionismo que había contribuido de forma objetiva a la prodigiosa explotación ideológica, de la cual el psicoanálisis había sido objeto y víctima", y apuntaba que la triple tarea de crítica ideológica y de elucidación epistemológica había sido inaugurada en Francia por Lacan.[Nota 2]

Autorizados por Althusser, muchos militantes de izquierda se acercaron al psicoanálisis, y un gran número de psicoanalistas latinoamericanos se introdujeron en los textos de Lacan. El proyecto althusseriano de ir a las fuentes, de leer a Marx: en sus textos se empataba con el proyecto lacaniano de "retorno a Freud". Así, el interés por Lacan nos llegó a estos lugares por la vía althusseriana. Y esto no es poca cosa. Si, por un lado, de esta lectura althusseriana de Lacan surgieron híbridos del tamaño del freudo-marxismo, por otro lado, algunos pudieron hacer un recorrido diferente, y encontrarse con el psicoanálisis.

En efecto, no es poca cosa, pero esto nos lleva a un segundo problema. ¿Acaso éstas eran razones suficientes para publicar la carta abierta de Jean Allouch y las notas de Clément Rosset?

En 1980, Althusser se había convertido en un loco que había estrangulado a su esposa Hèléne. Al año siguiente la justicia lo desrresponsabilizaba del asesinato y lo confinaba a un hospital psiquiátrico por diagnosticar que se encontraba en estado de demencia en el momento en que lo cometió. La intriga policíaca y psiquiátrica rellenaba la posibilidad para sus discípulos de tomar distancia y pronunciarse sobre lo que los tocaba directamente en sus creencias y elecciones políticas y filosóficas. ¿A qué habían estado sometidos intelectualmente y cuáles eran las consecuencias de tal sumisión? En 1992, la publicación de las autobiografías de Althusser, [Nota 3] acompañadas de la biografía escrita por Yann Moulier Boutang, [Nota 4] desplazaron definitivamente toda reflexión sobre el trabajo teórico de Althusser o sobre el lugar que ocupaba como uno de los más grandes pensadores de este siglo.

En México el silencio se rompió el 4 de noviembre de 1990, antes de que aparecieran publicadas las autobiografías, Fernanda Navarro, en su sabático, 1984, había frecuentado a Althusser, en un año después de que él salió de su último confinamiento psiquiátrico. Ella nos comenta que, pasadas algunas semanas - e iniciada una amistad que crecería con la correspondencia hasta su regreso en 1987pudo hojear entre un montón de manuscritos; así, cayó en sus manos un sueño que Althusser había transcrito una noche de agosto de 1964. Althusser le permitió el acceso a este sueno y a otros textos inéditos bajo la promesa de no publicarlos en vida de él. A los pocos días de su muerte, "y en la confianza de que este sueño invitaría a una valiosa y fecunda lectura piscoanalítica; a una mejor comprensión de la vida y obra del controvertido Louis Althusser, así como a una reflexión honda y respetuosa del lector", Fernanda Navarro confiaba su publicación. [Nota 5]

El sueño empezaba así: "Debo matar a mi hermana, hay una obligación imposible de evitar, un deber casi de conciencia.. matarla con su anuencia..." Este sueño se presentó como premonitorio del "pasaje al acto" cometido 16 años después. A partir de ahí, se habló de Althusser como Edipo redivivo, que debió soportar el ostracismo, el mismo de la tragedia griega; se criticó la imputabilidad del reo y la psiquiatrización del caso; se cuestionó la calificación del crimen como una eclosión de locura imprevisible, pero para ubicarlo como un pasaje al acto criminal; se habló de un único acto en que se produjeron dos muertes: la muerte sin retorno de Hèléne y también la muerte o el errar en vida del autor del acto, y se concluyó diciendo que la forclusión del nombre del padre había dejado a Althusser encerrado en el agobiante mundo materno. En respuesta, se criticó la idea del sueño supuestamente premonitorio para ubicarlo como una repetición, un delirio pasajero, expresión de un deseo que se llevará a cabo como "pasaje al acto" en el estado delirante de la psicosis. Posteriormente, se criticó a Diatkine: ¿cómo llevó a cabo el análisis de Althusser y el de su esposa al mismo tiempo, ¡sin tomar en cuenta que el paciente en cuestión era psicótico!? Se preguntaron cómo pudo haber intervenido el psicoanalista para evitar el "pasaje al acto" o para que no se agravara el "proceso psicótico". Y, mientras por un lado se insistió en que el asesinato sólo podría entenderse introduciéndose en el delirio psicótico de Althusser, y la lectura psicoanalítica del sueño sólo podría llevarse a cabo por medio de las asociaciones del soñante, por otro se apuntó que la única voz autorizada para hablar del sueño sería Diatkine o la de aquellos que conocieron de cerca a Althusser, y el éxito de su tarea dependería de qué tanto conocieron al soñante. Finalmente, se denunció la violencia ejercida contra el pensador francés imputándole sentidos discursivos sin que él tuviera oportunidad de pronunciarse al respecto.

En los comentarios publicados en la Jornada Semanal[Nota 6] se pasaba así, de saberlo todo sobre Althusser a no poder decir nada de él. En medio quedaban, intocadas, las depresiones, las crisis maníacas, el diagnóstico de psicosis y la ubicación del asesinato como un pasaje al acto. Y para esto no encuentro mejor nombre que la producción del "efecto Althusser". Estos lectores, así como lo deseó Althusser, no pudieron expresar sobre su caso más que lo que él mismo sugirió que dijeran. En su autobiografía nos plantea: [...] ¿qué pueden añadir a lo que yo escribo? ¿Un comentario? ¡Pero si yo mismo los hago!" Y en sus palabras finales nos dice: "Sólo unas palabras: que los que creen saber y decir más no teman decirlo. Sólo pueden ayudarme a vivir". [Nota 7] Ésta es la herencia que nos dejó el muerto Althusser.

Para tomar la medida del alcance de la polémica me gustaría comentar dos de los artículos que aparecieron publicados en el Magazine Littéraire dedicado a Althusser. En primer lugar, para que los lectores de habla hispana tengan acceso por lo menos a algunos de los indicios de esta discusión; en segundo, porque la biografía que Yann Moulier Boutang preparó no se ha traducido al español y la versión en español de las autobiografías, publicada en España, pasó fugazmente por una de las librerías mexicanas; y por último, para poder ubicar la discusión de Jean Allouch con algunos de los articulistas de dicha revista.

Moulier Boutang, en un texto cuya traducción sería "Biografía contra autobiografía" [Nota 8] compara las autobiografías con la biografía que, durante cuatro años, a partir de 1986, él preparó con la anuencia y la participación de¡ propio Althusser. Allí comprueba que las fechas y los datos que él estableció se apartan en muchos puntos de la cronología que aparece en las autobiografías. Las ausencias mayores del relato de Althusser tienen que ver con su hermana Georgette y el asombroso paralelismo entre ellos. Y, entre otras cosas, el biógrafo señala como significativo el hecho de que Althusser movió el momento en que conoció a Héle'ne, de 1946 a 1947, y adelantó un año el momento de sus relaciones carnales. Moulier Boutang se pregunta no sólo qué lugar ocupan las autobiografías, sino, sobre todo, porqué Althusser aceptó verlo como biógrafo después de terminar de escribir el manuscrito más largo que hubiera escrito jamás.

Por otro lado, Annie Leclerc, en su artículo [Nota 9] ubica el asesinato de Hélène como lo que fue y lo que aún queda censurado. Y destaca que lo que desaparece de las diversas consideraciones alrededor de Althusser es precisamente la desaparición misma de Héléne. Annie Leclerc considera que es un fraude presentar el testimonio de Althusser como una zambullida en el abismo de la demencia, como una perpetración audaz en las profundidades del inconsciente y asegura que nada de lo que nos presenta Althusser aquí puede autorizar tal presentación. Tenemos el número de depresiones, sus fechas, los lugares de hospitalización, los nombres de los que lo visitaron, informaciones anecdóticas e inútiles, pero ningún descenso al infierno, ningún desgarramiento de la conciencia. Señala que lo único susceptible de "interesar" hoy en día a los lectores, es el hecho bruto, sorprendente, terrible: el filósofo Louis Althusser estranguló a su mujer HéIène, 10 años mayor que él, que compartió su vida, por más de treinta años. Annie Leclerc afirma que es por el asesinato de su mujer que Althusser se ha vuelto "interesante", sobre todo para él mismo. Es por ello que critica con gran agudeza el hecho de que si la segunda autobiografía fue escrita para explicar y explicarse el asesinato de Hélène -ya que la justicia se lo había impedido - desde las primeras líneas la muerte de su esposa se borra detrás de lo que le sucedió a él, no a ella.

Es también la aparición pública de las autobiografías lo que provoca las Notas de Clément Rosset, y son éstas las que mueven a Allouch a problematizar el caso desde otro lugar. En el texto En aquellos tiempos. Notas sobre Louis Althusser, tenemos a Althusser visto por Clément Rosset; además, en el texto En estos tiempos tenemos a Althusser visto por Jean Allouch gracias a Rosset. Sólo podremos saber si las palabras de Allouch no vendrán a actuar como un relleno más después de un rodeo, de un rodeo que, pasando por En estos tiempos, nos permita producir cuál habrá sido la herencia de Althusser en estos lugares.


Inicio del artículoRegreso