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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

4. Rebelde felicista


A diferencia de algunos excompañeros suyos, como Higinio Aguilar, De la Llave no pudo abjurar de su huertismo y pasarse a una de las facciones revolucionarias, las que hacían gran labor de reclutamiento ante la inminente reanudación de la lucha. Su campaña en Morelos y su participación en el ataque a los Serdán y a los maderistas de la 'Plaza de Toros' de Puebla le dificultaban su incorporación al zapatismo; asimismo, el odio que se le tenía en Veracruz le impidió todo acuerdo con los carrancistas, para los que dicho estado era absolutamente primordial. Por su ideología y modus vivendi, no le quedó otra opción que el felicismo y su trágico destino: el triste exilio primero; la incierta rebelión después. De la Llave vivió en Estados Unidos durante año y medio, aproximadamente, de donde salió para internarse al país y sumarse a la rebelión de Félix Díaz contra Carranza. A finales de 1915 y principios de 1916 De la Llave era de los pocos felicistas leales: decidido partidario del modelo político porfirista, en el que acentuaba más el autoritarismo que el afán por la modernización, veía en Félix Díaz al hombre adecuado para restaurarlo, por lo que lo apoyó en su aventura rebelde. [Nota 45] ¿Cómo y cuándo se internó al país para luchar como felicista? ¿cuáles fueron sus principales actividades como rebelde anticarrancista, entre 1916 y 1920?

El exilio de De la Llave en Estados Unidos tiene buena dosis de misterio. Según unas 'fuentes', estuvo en San Antonio, donde formó parte de la junta revolucionaria local; según otras, también estuvo en New York, donde el Centro Directivo Revolucionario coordinó su entrada al país; por último, de acuerdo a las 'fuentes' más verosímiles, vivió modestamente en New Orleans, en una casa cercana a la de Férreo Díaz. Asimismo, aunque según unos penetró al país con destino a Oaxaca y Puebla, tal parece que lo hizo a mediados de 1916, por Guatemala y con otros objetivos. Aunque hubo quien afirmó que De la Llave volvió al país con Félix Díaz, a principios de 1916, parece evidente que, si bien es cierto que durante su estancia en New Orleans fue muy cercano a Díaz, al grado de ser uno de los pocos en conocer parte de sus verdaderos planes, entró al país después, en otra expedición. [Nota 46]

En efecto, a principios de 1916 salió de New Orleans rumbo a Belice, de donde siguió a Guatemala. Allí permaneció unos cuatro meses, junto con los también exfederales Eugenio Rascón y Luis Medina Barrón. Su objetivo era penetrar al país y promover la lucha anticarrancista en el sureste. De la Llave se internó por Dolores, Chiapas, donde se entrevistó con Férreo Díaz, quien procedía de Oaxaca, donde había sido derrotado. Permaneció temporalmente en Chiapas, luchando a las órdenes de Tirso Castañón, quien era uno de los jefes del movimiento 'mapachista'. Posteriormente se dirigió a Minatitlán, Veracruz, donde luchó como felicista bajo el mando de Cástulo Pérez, aunque sus operaciones se extendieron hasta la sierra de Puebla. Paradójicamente, a pesar de ser felicista íntimo de tiempo atrás, De la Llave no destacó militarmente en el movimiento. Ya fuera por su incapacidad militar, por su desprestigio en la región o por el deseo de Félix Díaz de establecer nuevas alianzas, con jefes y grupos locales y con militares más jóvenes, lo cierto es que De la Llave no llegó a estar al frente de alguna fuerza importante. Si bien a mediados de 1917 comandaba las Fuerzas Expedicionarias 'Ignacio de la Llave', de atractivo nombre para los veracruzanos partidarios de la Constitución de 1857 y una de sus escasas referencias a su ancestro, un año después era jefe nominal del felicismo en Hidalgo, entidad absolutamente marginal para el movimiento. De otra parte, antiguos subordinados suyos, como Constantino Galán y Ponciano Vázquez, sí llegaron a estar al frente de importantes contingentes anticarrancistas. [Nota 47] Al comenzar 1920 De la Llave participó en una campaña colectiva contra Jalacingo, Altotonga y Gutiérrez Zamora, en Veracruz, junto con Galán, Vázquez, Higinio Aguilar, Panuncio Martínez y Celso Cepeda. Para su desgracia, la suerte les fue adversa en un combate en Casitas: la columna rebelde quedó "desbaratada", murieron algunos cabecillas rebeldes, como Ponciano Vázquez, y fue aprehendido el "sanguinario" De la Llave. [Nota 48] Inmediatamente se ordenó que fuera procesado "con todas las formalidades de la ley", resultando condenado a muerte por un Consejo de Guerra Extraordinario, a pesar de que De la Llave alegara que, siendo civil, desde la disolución del Ejército Federal, no podía ser juzgado del delito de rebelión por autoridades militares, aun habiendo sido aprehendido con las armas en la mano. Como era de esperarse, sus abogados interpusieron amparos, disponiendo la autoridad judicial que el acusado fuera puesto "a su disposición". Por su parte, el gobierno federal ordenó que fuera conducido a la Ciudad de México "con toda clase de se uridades", para ponerlo a disposición de la Secretaría de Guerra. [Nota 49] ¿Qué pretendía hacer con él el gobierno carrancista? ¿fusilarlo escenográficamente, obtener información o, dada la proximidad de las elecciones, negociar con su vida algún acuerdo con otros rebeldes?

El juicio a De la Llave dio lugar a muy diversos comentarios. Los partidarios de los regímenes porfirista y huertista se mostraron consternados, mientras que los políticos revolucionarios veracruzanos presionaron a Carranza para que no fuera a concederle clemencia alguna, pidiendo, en cambio, que se le aplicara "todo el rigor de las leyes militares" o sea el fusilamiento, por ser un hombre verdaderamente peligroso para la estabilidad del Gobierno y para la pacificación nacional, que "nunca ha estado contento con el triunfo de la revolución y que ha defendido sanguinariamente las dictaduras de Porfirio Díaz y de Victoriano Huerta". El diputado local Modesto González Galindo aseguró que si se le absolvía volvería a rebelarse "contra el Gobierno legítimo". Es más, algunos vecinos de Orizaba llegaron a pedir que su fusilamiento tuviera lugar en el mismo sitio donde había "inmolado" a Camerino Mendoza. La resolución sobre De la Llave también dio lugar a enfrentamientos entre autoridades militares y civiles, pues las primeras se negaron a acatar la "suspensión" de la sanción. [Nota 50] ¿Dio lugar dicha negativa a la orden de que fuera trasladado a la Ciudad de México, para evitar la presión de los militares veracruzanos? ¿se debió a la insistencia de sus defensores? ¿pretendió Carranza utilizarlo para intentar alguna maniobra política?

Cualquiera que haya sido la razón, De la Llave fue enviado a la Ciudad de México entre el 12 y el 13 de febrero, quedando detenido en la prisión de Santiago Tlatelolco. Allí estuvo casi tres meses, pues cuando Carranza ysus colaboradores evacuaron la Ciudad de México rumbo a Veracruz, por la amenaza de los 'aguaprietistas', De la Llave fue obligado a ir en el convoy presidencial como prisionero.[Nota 51] Dada la sagacidad de Carranza, es de suponerse que decidió llevarlo consigo pues atravesarían zonas donde operaban fuerzas de De la Llave o compañeros suyos, con cualquiera de los cuales podría establecerse una negociación, para que no les impidieran el paso o para que pudieran servirles de protección y guía. Para su desgracia, don Venustiano no tuvo tiempo de negociar la vida de De la Llave con los rebeldes, pues una comisión de hacendados y rancheros del rumbo se presentó antes, al paso de la comitiva por San Marcos, Puebla, para pedir la liberación de De la Llave, asegurando que este, agradecido, se iría "tranquilamente a su casa y ... nunca más volvería a empuñar el arma homicida". Carranza, 'ablandado' por su propia derrota o por las dificultades para agilizar la movilidad de su comitiva, accedió a cambio de que dejara de "perturbar ya más al país con sus andanzas" [Nota 52] Así, la fortuna fue otra vez generosa con De la Llave: para resumir su biografía acaso sea más útil la sabiduría popular que la historia: "hierba mala nunca muere", y "a río revuelto, ganancia de pescadores".


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