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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

5. ¿Resurrecto o muerto en vida?


Gaudencio De la Llave volvió a nacer cuando fue liberado por Carranza, quien también trataba de aferrarse a la vida. ¿Cómo pasó sus días a partir de entonces? ¿se redujo a estar tranquilamente en su casa? ¿dejó de perturbar al país con sus andanzas? De la Llave sólo conocía el oficio de las armas, y como tantos otros rebeldes anticarrancistas, aprovechó la amnistía ofrecida por los 'aguaprietistas' a los que deponían las armas y accedían a engrosar las filas del Ejército Nacional. Así, otra vez transitó el camino de rebelde a soldado. Sin embargo, dada la naturaleza de las nuevas autoridades, esta vez fue incorporado para tenérsele controlado: los días de importantes encomiendas habían pasado; ahora sólo le quedaba terminar de envejecer.

En efecto, los nuevos gobernantes incorporaron al ejército a la mayoría de los rebeldes anticarrancistas, pero sin permitir que obtuvieran gran poder. En el caso de De la Llave, éste fue enviado a Puebla aunque por un momento se pensó trasladarlo a Querétaro pero sus elementos fueron reorganizados en otras fuerzas, concediéndosele conservar sólo un grupo íntimo de colaboradores, en el que figuraban dos de sus hijos, Gaudencio jr. y Fidel. La incorporación al ejército postrrevolucion ario le resultó beneficiosa pero poco placentera. Por un lado, alegó que desde el principio fue víctima de "dificultades y preferencias que lastiman"; por el otro, sus acciones fueron legitimadas debido a las urgentes necesidades políticas de los 'aguaprietistas', y recibió haberes suficientes: $ 30.00 diarios en 1920, y $ 36.00 en 1926 para adquirir la hacienda 'San Diego Apapasco', [Nota 53] lo que le permitía soñar con una vejez sedentaria y tranquila, algo muy diferente a lo que pudo habérsele augurado durante su etapa de rebelde felicista ¡y pensar que había estado ya sentenciado a morir fusilado!

Sus mayores problemas fueron sus irregularidades profesionales y el odio que atraían sus pasadas acciones. Para comenzar, nunca pudo demostrar documentalmente buena parte de su pasado militar: no era aceptable el grado con que alegaba haber ingresado al ejército; carecían de valor sus grados de general de Brigada y de División, pues no habían sido otorgados por la debida institución militar; por último, tampoco era clara la forma como se había adherido al ejército en 1920. La Comisión Revisora de'Hojas de Servicio'propuso en 1921 que "desde luego" fuera dado de baja M ejército y se le procesara por los delitos antes cometidos, pues "el prestigio, decoro y dignidad de¡ Ejército exigen se arroje de su seno" a individuos de su tipo. Además, Victorio Góngora, Secretario de Gobierno de Veracruz, dijo a Obregón que muchas organizaciones obreras del estado se disgustarían en caso de que se permitiera a De la Llave permanecer en el ejército. [Nota 54]

¿Cómo se explica que a pesar de estas presiones las autoridades lo hayan apoyado? ¿alarmaría a los demás rebeldes pacificados e integrados cualquier procedimiento contra él? ¿cumplía De la Llave alguna función específica? Su permanencia en el ejército se debió a varias razones: tenía "buenos y viejos amigos", muy probablemente exfederales, en altos puestos administrativos de la Secretaría de Guerra; su expulsión agitaría a muchos exrrebeldes pacificados, y cumplía una comisión política importante para el gobierno del centro, consistente en convencer a sus viejos compañeros de que permanecieran tranquilos, sin rebelarse otra vez contra el gobierno. [Nota 55] Su actitud ante la rebelión delahuertista fue determinante. Si bien es cierto que De la Llave estaba interesado en la política local de Puebla y Veracruz, y que a mediados de 1923 vendió pertrechos a terratenientes veracruzanos alarmados por la armamentización de los campesinos hecha por Adalberto Tejeda, De la Llave, a diferencia de varios de sus excompañeros -como Higinio Aguilar- no participó en la rebelión delahuertista. En cambio, se mantuvo leal al gobierno de Obregón contra los "infidentes y traidores", y hasta se ofreció para combatirlos en la zona de Huatusco y Jalapa. Ilustrativamente, sus servicios nunca fueron utilizados, [Nota 56] más por desconfianza en él que por excesiva confianza en las fuerzas gubernamentales.

A pesar de que mejoró su legitimidad por haber permanecido leal durante el movimiento delahuertista, De la Llave siguió siendo objeto de duras críticas de políticos y militares. En 1925 la Comisión Revisora de 'Hojas de Servicios' insistió en que debería ser dado de baja M ejército, pues su expediente era breve en hechos de armas y méritos pero voluminoso en cuanto a "las acusaciones y causas que por distintos delitos se le han seguido", disposición que también buscó aplicarse contra sus hijos. [Nota 57] En el momento decisivo la fortuna volvió a favorecerlo: murió a mediados de 1926, a los 74 años de edad, por un "extrangulamiento" intestinal, antes de que el Senado ratificara o rechazara el dictamen de la Secretaría de Guerra, contrario a De la Llave. Por eso pudo ser enterrado "con los honores correspondientes" y recibir sus haberes hasta el último día de su vida. No fue posible darlo de baja del ejército por indigno de pertenecer a él; salió del escalafón, simple y ascépticamente, "en virtud de haber fallecido". [Nota 58]

Post-scriptum (con pretensiones de moraleja)

Hoy, casi setenta años después de la benéfica y desgraciadamente pospuesta muerte de De la Llave, puede cuestionarse la utilidad de conocer su vida. Por un lado, es indiscutible que la historiografía contemporánea recomienda el estudio de los llamados 'personajes menores', actores sociales en verdad decisivos en todos los procesos históricos. En efecto, a través de ellos se pueden conocer los engranes y resortes de tales procesos históricos. En el caso de De la Llave, es evidente su importancia en el establecimiento del orden y la paz, luego de los caóticos primeros ochenta años del siglo XIX, y en el fallido intento por contener al movimiento revolucionario. Su estudio también resulta importante para conocer algunas de las características de los inevitables enemigos de la democracia, la modernización y el progreso. Analizar la vida de De la Llave puede desagradar a muchos, pero debe resultar aleccionador para todos, ya que es una prueba más de la 'permeabilidad' y 'porosidad' del sistema mexicano pos rrevol ucion ario, en el que, desgraciadamente, los malditos pueden dormir y sonreír.


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