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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

Robert Michels: incompatibilidad entre liderazgo y democracia


En Los partidos políticos (1911) Michels expone lo que, ajuicio de Lipset, es "el argumento político más importante contra el concepto de Rousseau de la democracia popular directa" (Lipset, p. 13). Michels sostiene que el liderazgo y la democracia son incompatibles entre sí. Incluso en aquellas organizaciones políticas con orígenes e ideología democrática, el liderazgo inicial se transforma en el gobierno de una oligarquía. Se trata de un proceso histórico inevitable en el cual "los líderes demócratas e idealistas terminan sucumbiendo a la corrupción inherente al poder..." (Tannenbaum, p. 598). Específicamente, Michels rechaza la posibilidad de un liderazgo representativo. En la medida en que los líderes de la masa llegan a ser parte de la "élitc en el poder", sus propósitos y objetivos responden a su propia decisión dentro de los elementos privilegiados (Lipset, p. 160).

El autor expone las razones de carácter técnico y administrativo que hacen imposible el gobierno directo de los grandes grupos. Como la colectividad no puede intervenir en la resolución de todas las posibles controversias, las masas soberanas se vuelven incapaces de adoptar las resoluciones más necesarias: "la evolución democrática tiene un curso parabólico, con el avance de la organización, la democracia tiende a declinar, a medida que la influencia de los líderes aumenta" (Michels, p. 78). De allí que, por razones técnicas y administrativas, una organización fuerte necesite de un liderazgo profesional. El advenimiento de¡ liderazgo profesional señala así el principio del fin de la democracia y la imposibilidad de un sistema "representativo". Aunque en teoría los líderes están vinculados a la voluntad de las masas, en la práctica gozan de gran independencia. Las afirmaciones de Michels son tajantes: en las revoluciones democráticas "no son las masas las que han devorado a sus líderes sino los jefes son los que se han devorado entre sí con la ayuda de las masas" (Michels, 1979, p. 197); en una democracia "el único derecho que el pueblo se reserva es el privilegio ridículo de elegir periódicamente un grupo de amos" (Considerant citado por Michels, p. 83).

Con estos argumentos, Michels llega a aceptar la idea de que el mejor gobierno es el sistema ostentiblemente elitista bajo la dirección de un lider carismático, consideración que lo lleva a apoyar a Mussolini y a la derecha fascista (Lipset, p. 36).


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