©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1993

Schumpeter y la democracia como competencia por el caudillaje


El énfasis weberiano en la democracia como mecanismo óptimo para la selección y legitimación de los líderes políticos es retomada y desarrollada por J. Schumpeter (1968).

De manera más explícita que Weber, Schumpeter hace una crítica a la teoría clásica de la democracia que supone que los gobernantes actúan para llevar a cabo la voluntad del pueblo. Schumpeter niega la posibilidad de una volonté générale y del "bien común" y considera que "ambos pilares de la teoría clásica se desmoronan en polvo inevitablemente". En la medida en que el bienestar tiene distintas significaciones para los diferentes individuos y grupos, es necesario construir una concepción más realista de la democracia (p. 322-4).

Las principales dificultades acerca de la teoría clásica están en la afirmación de que "el pueblo" tiene una opinión definida y racional sobre toda cuestión singular y elige a sus representantes para cuidar que esta opinión se ponga en práctica. La elección de los representantes se considera como el medio que se subordina al fin primario del sistema democrático, que consiste en investir al electorado del poder de decidir las controversias políticas. Como Weber, Schumpeter propone la inversión del orden para colocar en segundo lugar la decisión de las controversias por el electorado y, en primer lugar, la elección de quienes han de efectuar la decisión, De esta manera, la teoría de la democracia deja de atribuir al electorado un grado que el autor considera "completamente irreal" de iniciativa y permite reconocer la importancia vital de la aceptación del caudillaje político: el principio de la democracia significa entonces simplemente que las riendas del gobierno deben ser entregadas a los individuos o equipos que disponen de un apoyo electoral más poderoso que los demás que han entrado en la competencia (p. 343-4).

... la democracia no significa ni puede significar que el pueblo gobierne efectivamente, en ninguno de los sentidos evidentes de las expresiones 'pueblo' y 'gobernar'. La democracia significa tan sólo que el pueblo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar los hombres que han de gobernarle. Pero como el pueblo puede decidir esto también por medios no democráticos en absoluto, hemos tenido que estrechar nuestra definición acudiendo a otro criterio identificador del método democrático: la libre competencia entre los pretendientes, al caudillaje por el voto del electorado (p. 362).

En un régimen democrático la política se convierte inevitablemente en una carrera donde los líderes tienen un papel prioritario. Schumpeter considera que -de hechola "voluntad" o necesidades de un grupo pueden permanecer latentes por décadas y sólo adquieren significado político cuando son incorporadas a un programa dentro de la competencia electoral de un líder (p. 345-6).

Aunque no lo reconozca explícitamente, Schumpeter rescata gran parte de la concepción weberiana del carisma y afirma que "...la capacidad para ganar una posición de caudillaje político esta asociada a cierto grado de energía personal y también a otras aptitudes..." (p. 367).

La teoría del caudillaje político permito considerar al menos en principio que todos son libres de entrar en la competencia, lo cual se traduce en una considerable libertad de expresión "la competencia efectiva por el caudillaje exige un alto grado de tolerancia para las diferencias de opinión" (p. 375).

Las premisas de Weber y Schumpeter sobre la democracia plebiscitaria del líder han recibido severas críticas. Varios autores han destacado su ausencia de compromiso con los "valores democráticos" tradicionales de igualdad política y de participación popular que, como hemos señalado, ninguno de los dos pretendía abordar.

La revisión pormenorizada de los planteamientos tanto a favor como en contra de las ideas de estos autores rebasa los objetivos del presente trabajo. Lo que nos interesa destacar por el momento es la importancia que los temas aquí tratados pueden tener para evaluar las relaciones que se establecen entro la democracia, la autoridad y el liderazgo, y el peso y significado de estos términos tanto en el ámbito de la reflexión teórica como en la del discurso político contemporáneo.


Inicio del artículoAnteriorRegresosiguiente