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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

CHIAPAS: ZAPATISMO E HISTORIA*

Author: José Femández Santillán [Nota 1]


*Documento leído en la mesa redonda "Chiapas: alcances y dimensiones del conflicto", que se llevó a cabo en el auditorio Raúl Bailleres del ITAM el 9 de febrero de 1994.

La repentina aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) la noche de año nuevo es un acontecimiento inusitado en la historia reciente de México. Inusitado porque durante décadas gozamos de una paz social que era la envidia de muchos países. Pero nuestro error fue creer que la estabilidad podía ser garantizada por sí misma, sin mayores explicaciones. Ahora nos damos cuenta de que el alzamiento chiapaneco ha traído un sacudimiento en la conciencia nacional que nos debe hacer entender que la paz no es un bien que pueda descuidarse; lo que ha sucedido en estas primeras semanas de 1994 nos mueve a buscar explicaciones y soluciones más a fondo sobre el asunto. Tal vez ese sea un primer dato digno de consideración: franjas importantes de la sociedad mexicana quieren entender lo que está pasando. Pocas veces se ha escrito, leído y discutido sobre un problema colectivo tanto como en estos días.

Pues bien, delante de las interrogantes que se nos plantean y que tratamos de despejar convengamos en que nos encontramos delante de un fenómeno complejo que no tiene una única explicación. Buena parte de los análisis se han centrado en la entidad federativa en la que surge el movimiento armado; pero la verdad es que son pocas las personas que conocen a cabalidad en términos sociológicos, antropológicos y politológicos a Chiapas. Yo mismo a mediados de los años setenta estuve haciendo estudios sobre las condiciones políticas y sobre los diferentes grupos y asociaciones que intervienen en la conformación del poder en la región, y después de largas estancias y viajes las conclusiones que extraje fueron tan sólo preliminares.

Vi un mundo donde se conjugaban factores de toda índole, determinándose en el entrecruzamiento de una madeja difícil de desenredar, pero que ya dejaba entrever una conflictualidad creciente, un desgarramiento en el tejido social, producto fundamentalmente de la mala distribución de la propiedad agraria. Ésta es una opinión que comparto con Carlos Montemayor, uno de esos pocos especialistas a los que me refería. Por lo intrincado del tema invito a tomarlo con las debidas precauciones.

Además, como bien sabernos, la cuestión no es tan sólo regional sino que importa al conjunto de la nación. Las demandas que el Ejército Zapatista ha planteado se presentan en varios niveles. Uno de ellos es el plano ideológico e histórico en el que, allí sí, me siento en grado de brindar alguna aportación. Desde esta perspectiva cabe preguntarnos ¿por qué la reivindicación del zapatismo? ¿acaso, como lo señala la historia oficial, la Revolución de 1910 fue un bloque homogéneo y compacto?

Este alzamiento, entre otras cosas, nos hace poner atención en la manera en que se configuró la lucha revolucionaria a principios de siglo, la cual distó mucho de ser homogénea y compacta. Como dice Cockroft, no hubo una sola revolución sino muchas. En cada comarca se alzaron grupos encabezados por líderes de las comunidaades que en muchas ocasiones no se coordinaron ni comunicaron entre sí. Incluso, en lá segunda etapa de la revolución, o sea, la llamada guerra de facciones, los mismos revolucionarios combatieron unos contra otros. Aquí está la raíz del actual conflicto en Chiapas. Para decirlo pronto y claro: la reivindicación del zapatismo hoy se ubica en la ruptura y posterior conflicto entre los ejércitos campesinos comandados por Francisco Villa en el norte del país y Emiliano Zapata en el sur, que se enfrentaron a la fuerzas militares de Venustiano Carranza. En efecto, Villa y Zapata no se plegaron al deseo de Carranza de convertirse en el líder de todos los ejércitos acaudillados, y entonces tuvieron que enfrentarse en los campos de batalla para definir quiér de ellos asumiría el poder. Como se sabe, la opción derrotada fue la de Villa y Zapata, mientras que Carranza fue el que salió triunfante y el que marco la pauta del gobierno que hasta ahor tenemos. Es sorprendente la manera er que este antagonismo se ha retomado ahora e incluso se plasma en sus sím bolos. En las ocasiones en que el Pre sidente de la República ha dado conocer las medidas tomadas sobre e conflicto en Chiapas, a sus espalda aparece el cuadro de Venustiano Ca rranza, en tanto que en los comunicado del EZLN se muestra la imagen d Emiliano Zapata.

Vale la pena recordar el momento en el que se presentó la ruptura entr zapatismo y carrancismo porque puede contribuir a una explicación de lo que está pasando. Luego de la rendíción del ejército porfirista firmada e los tratados de Teoloyucan en agosto de 1914, las facciones revolucionaria acordaron celebrar una asamblea para ponerse de acuerdo en la pacificación del país y sentar las bases de un nuevo sistema de gobierno. Esa reunión cumbre se conoce como "La Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes", que se efectuó entre el 10 de octubre y el 13 de noviembre de 1914. Arnaldo Córdova escribe sobre ella: "La Soberana Convención Revolucionaria fue la asamblea política más auténtica, por su representatividad y más democrática de cuantas ha tenido el país desde los tiempos de la guerra de independencia." Luis González por su parte, observa: "Algunos estudiosos del pasado nacional creen que la Convención de Aguascalientes fue el congreso más democrático y popular de los que hasta entonces habían habido en la República Mexicana. Fue una experiencia corta, pero muy fecunda en ideas y planes." Así y todo, la Convención no pudo seguir adelante en sus trabajos porque se presentó un mutuo desconocimiento entre ella y Carranza, que con base en el Plan de Guadalupe tenía el rango de Primer Jefe del Ejército Constitucion alista. Usando la frase de Hugh Trevor-Roper, la Convención de Aguascalientes fue un verdadero y propio "momento perdido de la historia". De haber tenido éxito otra hubiera sido la estructura política de México. No sé si mejor o peor, pero ciertamente hubiera sido distinta. En cualquier caso, lo cierto es que al poco tiempo de la ruptura chocaron dos proyectos diferentes: uno enarbolado por las fuerzas de la Convención; otro abanderado por los constitucionalistas. El programa de la Convención de 1914 y el de la Constitución de 1917, que a la postre triunfó, eran muy distintos. Por cierto, hay un hecho relevante: por una disposición específica, los que hubiesen combatido contra el ejército constitucionalista no pudieron participar en el Congreso Constituyente de 1917 en Querétaro. Así quedaron fuera de él los convencionistas y sus ideas. Es mentira, como se ha hecho creer, que Villa y Zapata carecieran de algún respaldo ideológico. Ellos querían parlamentarismo, desaparición de los latifundios, federalismo efectivo, implantación de los derechos de las mujeres y de los niños, municipalismo real. En contraste, el carrancismo dio lugar, como se sabe, al presidencialismo, las reformas sociales de carácter populista y paternalista y a una gran centralización. Por esta última ruta caminó el país. Las figuras de Villa y Zapata fueron utilizadas en el discurso oficialista más con fines retóricos y de propaganda que por fidelidad a lo que ellos representaron. Sin embargo en la memoria de muchas personas, agrupaciones sociales, organizaciones campesinas y comunidades indígenas, la esencia de sus demandas no perecieron. Zapata, como dice Enrique Krauze, murió (en Chinameca por una trampa de los carrancistas Pablo González y Jesús Guajardo) como vivió: abrazado a la tierra. Pero el zapatismo permaneció en la memoria colectiva del pueblo y ahora resurgió en la forma más aguerrida recordándonos que en este país sigue habiendo problemas de injusticía y autoritarismo que no han sido solucionados.

Verticalismo político y desigualdad social, he aquí los grandes dilemas que nos han venido a plantear con toda su crudeza los indígenas chiapanecos, como aquél que murió en el combate del mercado de Ocosingo disparando auroras con su rifle de madera. Mientras nos preparábamos para entrar en el primer mundo, estos acontecimientos nos vinieron a decir que todavía nos faltan metas por alcanzar en la modernidad política y social, y que si no las incluimos en la agenda nacional no podremos entrar a una modernidad completa; seria y verdadera.

Por lo pronto lo que hay que solucionar es la vieja controversia entre el zapatismo y el carrancisnio o, si se quiere, entre el convencionismo y el constitucionalismo. Las armas de ayer y hoy deben cederle paso al diálogo y a la razón. Lo deseable sería que el EZLN se convirtiera en una fuerza política que tuviese un espacio de expresión y representatividad institucional. Ya ganaron mucho con la manera en que han sacudido la conciencia civil; pero debe darse el paso a su incorporación a la vida institucional del país. El retorno a las hostilidades bélicas sería una derrota para todos. Estamos en un momento muy delicado para el país en el que veo dos grandes alternativas: o se abre un proceso serio y congruente para transitar a la democracia y a la justicia; o habrá un endurecimiento por el que se concentre aún más el poder y la riqueza. La paz que erróneamente dejamos en manos de la inercia ahora está en juego con la definición del camino que seguirá México en el futuro inmediato. Creo sinceramente que la estabilidad y la concordia no las vamos a encontrar en la persistencia del autoritarismo y la desigualdad, sino en el paso a la democratización y a la atención de los problemas sociales, sin populismos ni paternalismos.


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