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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

2. El camino hacia la unidad


Por favor, no me malentiendan: ni siquiera un consenso de los partidos en Alemania del Este y del Oeste habría evitado muchos errores cometidos en los últimos cuatro años. Nadie contaba con un plan bien elaborado para abordar la tarea sin parangón que suponía convertir una derruida economía planificada y dictadura en una próspera economía de mercado y democracia. Pero tal consenso al menos habría aliviado los graves problemas de, la unificación alemana en dos aspectos:

a) La disputa interna respecto a errores políticos y de política económica habría buscado y buscaría hoy, más que a los culpables, mejores soluciones.

b) Desde un principio, la política habría puesto en claro que la carga de la reestructuración no debía recaer únicamente en los más débiles -los del Este-, sino que también en Occidente debía haber un cambio de actitud.

Pero ciertamente, los alemanes occidentales fueron más bien espectadores pasivos cuando en la primavera de mil novecientos noventa, comenzó la radical transformación de la economía y la sociedad de Alemania del Este. Esto significó, primero, demolición. La reconstrucción se inició más tarde. Seguimos esperando el segundo milagro económico alemán.

Esta transformación en cierto modo evoca aquello que ustedes en América Latina conocen como "reestructuración"; que se aplica sobre todo a las tres dimensiones de este cambio -la súbita y total apertura de los mercados de Alemania del Este, el colapso de la industria de la R.D.A. y la privatización de empresas estatales.

A) El mercado cambiario de Alemania del Este abrió el 10 de noviembre de 1989, a eso de las nueve de la mañana. Doce horas tras la caída del muro abrieron los comercios en Occidente -y todo alemán oriental en posesión de Deutsche Mark comenzó a comprar sus productos. Como consumidores, los habitantes de la R.D.A. mostraron las mismas preferencias que como electores: Occidente fue su primera elección. Hasta entonces, la economía de la R.D.A. había estado protegida contra la competencia del mercado mundial capitalista, más que por barreras arancelarias, por un muro de concreto. Pero con la sustitución de exportaciones (no sólo de automóviles y radios, sino también de leche y papel higiénico), sobrevino el colapso del proteccionismo político. Esta tendencia se aceleró aún más con la unión monetaria que convirtió al Deutsche Mark en la moneda de la Alemania unida el lo de julio de 1990. En pocos meses se contrajo a la mitad la producción industrial de la R.D.A. y comenzó a crecer el desempleo.

B) El colapso de la industria de la R.D.A. fue corroberado por un segundo efecto de la unión monetaria: la descabellada depreciación del marco oriental. La decisión puramente política de cambiar el marco de la R.D.A. al dos por uno, por Deutsche Mark encareció las exportaciones en 500% ó 600%. Con ello la R.D.A. en unas semanas perdió sus mercados tradicionales de Europa del Este. El comercio exterior con la antigua Unión Soviética quedó reducido a menos de una tercera parte. Centros industriales, como la planta siderúrgica de Eisenhüttenstadt y la petroquímica de Schwedt, habían sido construidos después de la Segunda Guerra Mundial en la preponderantemente agraria Alemania del Este, para exportar sus productos a la Unión Soviética, Polonia y Hungría. Pero ahora Moscú y Budapest debían pagar con divisas. Siendo así, lo mismo podían comprar en países de Occidente. La consecuencia: el ejército de desempleados creció aún más rápidamente.

C) Finalmente, la privatización de las empresas de la R.D.A. puso en claro el derruido legado del socialismo. Dos cifras demuestran hasta qué, punto hemos subestimado la catástrofe de la economía planificada. Aún en la primavera de mil novecientos noventa, el gobierno de la R.D.A. estimaba en ciento treinta billones de marcos los "bienes del pueblo", o sea, el capital real de la R.D.A. Hoy Bonn tiene la esperanza de que los gastos de privatización no devoren más de doscientos mil millones de marcos en subvenciones del Estado. La sociedad de fideicomiso, Treuhand, organismo central al cual estaban subordinadas prácticamente todas las empresas estatales antes del último gobierno de la R.D.A., ahora encargado de vender empresas a nombre del gobierno federal, no ha llevado a la quiebra a la economía de la R.D.A., pero demuestra su bancarrota. La Treuhand ha vendido más de doce mil empresas, contribuyendo con ello a la supresión, hasta hoy, de uno de cada tres de los casi diez millones de puestos de trabajo que había en la R.D.A.

O sea que las víctimas directas de esta radical reestructuración son tres millones y medio de personas. En lugar de "paisajes floreciente?, la occidentalización del Este trajo un sombrío estancamiento industrial, aceptado por muchos como el precio de un futuro mejor. Comparados con sus compatriotas occidentales, los Ossis demuestran una sorprendente capacidad de sufrimiento. Sin embargo, la decepción que causó la "mentira del bienestar" de la política se convirtió en amargura al no llegar la esperada y prometida ayuda del Oeste.

Sólo cinco meses después de la unificación de los dos estados alemanes y tres después de las elecciones para el Bundestag (febrero de 1991), el gobierno de Bonn, que hasta entonces había tratado de sustentar los gastos de la unidad sólo con deudas, reconoció la magnitud de las carencias en Alemania del Este. Ésta fue -dicho sea de paso- la primera diferencia entre la transformación de Alemania del Este y el neoliberalismo -tal como se le conoce aquí, en América Latina. La segunda diferencia es lo que en Alemania Occidental desde hace más de dos años se conoce como "mentira fiscal". El gobierno se declaró insolvente y aumentó los impuestos. Esta medida, aunque económicamente acertada, causó graves estragos políticos. La gran mayoría de los alemanes occidentales vio confirmada su desconfianza, considerando que el gobierno había mentido con vistas a las elecciones, dañando al país por mero oportunismo, mientras que una minoría de Wessis se consideraba víctima de un fraude contra sus finanzas.

Como uno de quienes, desde entonces, tienen que pagar más impuestos, confieso: el alza de impuestos fue demasiado reducida y temporalmente limitada. Pero, sobre todo, se aplicó demasiado tarde. Por cierto, tampoco esto habría detenido la caída de la economía de la R.D.A., pero el aterrizaje en el abismo habría sido más suave, en términos económicos y psicológicos. Todo estudiante de economía sabe, después de cuatro semestres que, para integrar una economía potente con una decrépita es necesario invertir mucho dinero en fomento regional, o bien encarar un desempleo masivo. El Oeste ignoró este principio económico, y el precio tuvo que pagarlo el Este.


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