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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

3. ¿Dónde estamos?


Dos rasgos fundamentales del proceso de unificación siguen caracterizando la política y la actitud mental en Alemania: hoy como ayer, los partidos de Bonn buscan más la confrontación que el común acuerdo en cuanto se habla de la unidad de la nación. Y hoy como ayer también, Ossis y Wessis se consideran extraños cuando se encuentran, lo cual no es muy frecuente. (Por ejemplo, muchos de mis colegas y amigos del Oeste durante los últimos cuatro años han visitado el Este no más de dos o tres veces. Mientras que algunos de mis conocidos del Este me han confesado que sólo consiguen superar la tensión que les provoca un viaje al Oeste, cuando están de regreso en la "Ex -R.D.A.".) Ambas sociedades se esquivan. Mientras de entre más de 60 millones de Wessis, unos 200.000 se ganan la vida como funcionarios o empresarios en el Este, luego del colapso económico de la R.D.A., de entre casi 17 millones de Ossis, 1.100.000 buscaron empleo en el Oeste, pero, se evitan recíprocamente alimentando prejuicios mutuos. Por ejemplo, en opinión de los alemanes del Este, un típico Wessi es arrogante, malcriado y egoísta; al tiempo que el típico Ossi es descrito en el Oeste como flojo, cándido y conformista. Por terrible que sea la brutal xenofobia de algunos jóvenes radicales, la plaga masiva de los alemanes es más bien un "rechazo interno".

Este y Oeste están unidos por una profunda decepción en torno a la política de la unificación. He mencionado dos motivos importantes: la mentira del bienestar" y la mentira fiscal". Pero las causas económicas y sociales de la incertidumbre en Este y Oeste son muy distintas. Comenzaré con el Este.

Como decía, en Alemania del Este 3,5 millones de personas perdieron su empleo. De 3,5 millones de empleos en la industria, sólo quedó una quinta parte, es decir, unos 700.000. Tres de cuatro personas que antes laboraban en la agricultura hoy están sin empleo. Sólo la construcción experimenta un auge. En el sector terciario -comercio y bancos- se generan nuevos empleos y se fundan nuevas pequeñas empresas. El punto más bajo del declive económico ya ha sido alcanzado. Desde muy abajo, las cosas van mejorando lentamente.

Pero falta la base industrial, la producción, si bien también aquí se invierte. Este año se habrán destinado unos 26.000 millones de marcos, que alcanzarían para generar unos 90.000 nuevos empleos anuales en este sector -pero, que en promedio, es menos de lo que se destruyó, en un lapso de dos meses durante los últimos cuatro años. En otras palabras, está claro que en los cinco nuevos Estados Federados nunca se generarán tantos empleos como los perdidos en la R.D.A.

Esto obviamente repercute en el estado de ánimo y provoca temor ante el futuro. Los alemanes del Este ni siquiera se atreven a fundar una familia: el número de casamientos se redujo a la mitad y, estadísticamente puede observarse que, de 10 niños nacidos aún en 1985, desde 1992 sólo nacerán 3; una disminución en la natalidad semejante a la de tiempos de guerra.

Este proceso se relaciona también con el hecho de que sobre todo las mujeres son víctimas de la unificación, que con un desempleo del 21,5% en el Este doblan el de los hombres allí mismo y superan ampliamente el nivel de sus hermanas en el Oeste. Dos de cada tres desempleados en el Este son mujeres. La causa de esto es, una vez más, la "occidentalización" de la R.D.A., que con su baja productividad había fomentado la integración de la mujer con muchas medidas sociales.

Por ejemplo, las empresas de ciertas dimensiones tenian su propio jardín de niños, que permitía que trabajaran nueve de diez ciudadanas de la R.D.A. en edad laboral (comparativamente, en el Oeste, la proporción de mujeres económicamente activas es de aproximadamente 55%).

Suprimidos los empleos y programas sociales, las mujeres son las primeras sin. trabajo.

Además de las mujeres, la carga de la reestructuración recae sobre un grupo comprendido entre los 55 y los 65, años de edad, unas 840.000 personas que deben jubilarse por anticipado -el fin de la R.D.A. marcó el final de su carrera, independientemente de su ideología y cualificación. Esta generación ni siquiera aparece en las estadísticas de desempleo; para ellos el cambio llegó simplemente demasiado tarde.

Desempleados, mujeres y jubilados por anticipado constituyen un 40% de los habitantes del Este que se vieron "más bien decepcionados" por la unidad alemana. No obstante, sorprendentemente, el 58% de esta sociedad reconoce que la unidad les ha traído "más bien ventajas", y 7 de cada 10 declaran que su situación económica es "buená" o incluso "muy buena".

Pero ¿por qué más de dos terceras partes de los alemanes del Este están relativamente satisfechos con su situación personal, a pesar de los problemas que se derivan de la fundamental crisis económica y social? Esto no sólo se debe a la alegría despierta por la nueva libertad política, sino también a otras causas.

Primero, entre los satisfechos figura aquel tercio de la población que se define como ganador por la unidad. Son sobre todo hombres, jóvenes, y profesionistas con ingresos por encima del promedio. Se benefician de la occidentalización, de la diferenciación de la sociedad anterior, supuestamente "sin clases sociales", porque tienen trabajo, y quien trabaja en el Este gana casi el 70% de un salario en el Oeste. Y aquí, una vez más, el acelerado aumento de salarios es algo deseado por la política, pero, en sentido económico, una insensatez. Porque la productividad en el Este no ha alcanzado ni siquiera la mitad del nivel del Oeste. Esto significa, por ejemplo, que la producción de un tornillo, que cuesta un marco en el Oeste en el Este cuesta 1,75. Así no puede competir la economía del Este. Además, aunque algunos que trabajan -cada vez menos- ganan cada vez más, el número de desempleados crece continuamente.

Como decíamos, sólo una tercera parte de la población se cuenta entro los ganadores a causa de la unidad. Pero ¿por qué están satisfechas personalmente más de dos terceras partes de la población? Porque muchos, incluso como jubilados o desempleados, se benefician de una duplicación del ingreso neto promedio en el Este, posible gracias a que duplicación del ingreso neto promedio en el Este, posible gracias a que cada año hay unos 100.000 millones de dólares en transferencias del Oeste al Este; es decir, más de 170.000 millones de marcos en ayuda para el desarrollo -unos 12.000 marcos por cada habitante del Este. Casi tanto como lo que en promedio producen los alemanes del Este durante un año. En otras palabras, la ayuda de Occidente duplica el ingreso per cápita en el Este, lo cual es mucho, tranquiliza a las personas y realmente genera empleo -por ejemplo, 500.000 empleos en la construcción de calles.y viviendas y 70.000 en la protección ambiental.

Ahora bien, éste es un bienestar prestado -y la gente lo reconoce de manera realista. No puede ocultar la situación desastrosa de la economía del Este. Si en vez de la situación personal, preguntamos por la general, obtenemos una imagen muy diferente: El 83% de los Ossis opina que la situación económica en el Este es "mala" e incluso "muy mala", contradicción que se explica sobre todo por las transferencias del Oeste.

En la actualidad, casi todo se concibe en Alemania en categorías de Este y Oeste. Parafraseando a Marx, el ser individual cuenta más que la conciencia colectiva. Más que nunca los del Este se conciben como alemanes de segunda clase, y esto tiene consecuencias políticas: resignación, apatía e idealización del pasado. En la memoria de una mayoría de ciudadanos de la antigua R.D.A., los siguientes aspectos aparecen como puntos especialmente valiosos de la dictadura socialista: atención a la infancia; seguridad social; convivencia humana; providencia del estado; justicia social; e incluso un sistema escolar, aunque represivo y adoctrinante, igualitario.

La imagen inversa de esta idealización del Este es la desilusión respecto al Oeste, si bien se continúan reconociendo ventajas en la democracia y la economía de mercado. Prácticamente nadie desearía el regreso de la antigua R.D.A., pero el entusiasmo se va desvaneciendo en torno al rendimiento y eficacia de la economía, nivel de vida material, libertad individual y protección ambiental.

Sin embargo, la imagen de Occidente se ha deteriorado sobre todo con respecto a la protección del Estado contra arbitrariedades, oportunidades profesionales y de participación política. Profundamente alarmante es la opinión sobre el sistema político: después de tres años como ciudadanos de la República Federal, sólo una minoría del 42% considera a la democracia de partidos de corte occidental como un punto fuerte del nuevo orden. En la elección entre democracia y dictadura ni siquiera uno de cada dos alemanes del Este reconoce una ventaja decisiva a favor de Occidente. Esto también es consecuencia de frustrados sueños excesivos sobre Occidente.

El Oeste de Alemania, como he mencionado, presenta desilusión en torno a la política, pero entretanto también ha cambiado la situación económica y social en la parte antigua de la República Federal; aunque no sólo como consecuencia de la unidad.

La transferencia de los mencionados 12.000 marcos por habitante del Este como ayuda para el desarrollo, implica que cada ciudadano del Oeste paga unos 3.000 marcos al año como precio de la unidad, y no todos lo hacen con gusto.

Pero estos gastos se hicieron evidentes sólo un año o año y medio después. Porque la caída del muro primero trajo consigo para Occidente un auge económico, dado que los Ossis compraban sobre todo allí. Asimismo, muchas empresas de esta parte se benefician hasta hoy de inversiones en infraestructura en el Este. En otras palabras, buena parte de la transferencia del Oeste al Este regresa al Oeste en forma de consumo o pedidos.

Así ocurrió que Alemania resultó afectada por la crisis coyuntural mundial en forma tardía, y desde hace un año junto a los problemas de transformación del Este enfrenta el estancamiento en el Oeste.

Este estancamiento obedece a que, en tanto se gana menos, hay menos que distribuir. El Estado social, hasta ahora garante de la paz social en la República Federal, se topa con sus límites e incluso los excede, hecho que causa incertidumbre en muchos. La transferencia hacia el Este exacerba aún más la situación, dado que son los ciudadanos de los estratos más bajos quienes soportan gran parte de la carga.

La causa de esto se origina en que la política tuvo miedo de obrar abierta y honestamente y distribuir equitativamente entre todos los gastos de la unidad, a través de un impuesto nacional, teniendo entonces que recurrir a otras fuentes, sobre todo a los seguros sociales. De las cuotas aportadas por los trabajadores y empleados de Alemania Occidental para sus seguros de desempleo y jubilación han de fluir al Este 230.000 millones de marcos hasta 1996, lo cual es un abuso, dado que los empresarios y las profesiones liberales no participan con un solo marco en estos costos.

El primer efecto que repercute negativamente en los estados d ánimos de Occidente, es que, en términos relativos, la unidad cuesta más a los que menos ganan. El segundo efecto apenas se hace sentir y va e aumento. Desde el pasado verano tan sólo en Occidente, 600.000 personas han perdido su trabajo. Pero los fondos del seguro de desempleo que debe transferir anualmente 30.000 millones de marcos al Este, está vacíos. Como consecuencia, se ahorra no sólo con los desempleados sin en casi todos los servicios sociales.

Esto, aunque macroeconómicamente es acertado, políticamente e peligroso, porque son muchos quienes se quejan y no sólo desde lo sindicatos: la unidad alemana, opinan, fomenta una redistribución de ingreso de "abajo" hacia "arriba", y como se imaginarán, esto enturbi la alegría de la unidad en libertad.

De los 3,5 millones de desempleados en Alemania, actualmente 2, millones viven en el Oeste. Esto quiere decir que dos de tres desemplea dos son Wessis. Previsiblemente el desempleo aumentará, para alcanzar por lo menos, 4 millones el año próximo. Y los nuevos desempleado serán casi exclusivamente del Oeste.

Este estancamiento no es consecuencia de la unidad, pero ésta impide que Occidente continúe ocultándolo con mayores gastos sociales y subvenciones. La Alemania unida ha heredado una montaña de problema acumulados, que ahora reclaman resolverse.

La verdadera causante del agravamiento es la crisis estructural que como en otros países industrializados, con un crecimiento cada ve menor produce mayores tasas de desempleo. Según pronósticos de lo economistas, hasta el año 2010 Alemania perderá casi 3 millones de puestos de trabajo en la industria. En el comercio se suprimirá uno de cada diez empleos, en la agricultura casi uno de cada dos. En la minería sólo se conservará uno de cada tres. Y no es seguro que esta conversión de sociedad industrial a sociedad de servicios genere suficiente empleo Sea como sea, primero habrá despidos sin que haya contratacione Incluso la industria automotriz en los próximos 6 años va a racionaliza la mitad de sus empleos. En la Volkswagen de Wolfsburg, símbolo de milagro económico germanoccidental, el próximo año sólo habrá trabajo y salarios para cuatro días.

Así, desde hace tiempo las diferencias y conflictos entre pobres y rico amenazan con agudizarse. Un espectro pulula en Alemania, el fantasma de la "sociedad de las dos terceras partes". Dos terceras partes viven en bienestar, una tercera parte se verá marginada: desempleados, madres solteras y obreros sin formación ni trabajo seguro. Por consiguiente, una sociedad alemana solidaria en el futuro debería cargar la cruz de dos cometidos: un puente entre Este y Oeste que, al mismo tiempo, mantenga el enlace entre "arriba" y "abajo".


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