©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

4. ¿A dónde va el viaje?


Alemania no va a ser una casa de pobres. Ustedes en México (o en Nicaragua, Perú, Colombia) probablemente estarían contentos si "nada más" tuvieran nuestros problemas. El producto social de Alemania del Este sobrepasa hoy los 8.500 dólares al año, sin contar las transferencias de Occidente, lo cual es más del triple del promedio de México (y más de 10 veces el de Nicaragua, más de 7 veces el de Perú y también más de 7 veces el de Colombia). Pero esto difícilmente sirve como indicador o consuelo a un alemán. El Ossi se compara con el Wessi, que tiene el triple. Y el Wessi, por su parte, más bien piensa en los buenos tiempos pasados, cuando cada año podía ganar un poco más. Pero ahora todos deben cambiar de actitud. En el Este ya se ha avanzado al respecto, pero en el Oeste la adaptación a la nueva realidad apenas empieza.

Por ahora lo único claro es que el Este tendrá que seguir recibiendo transferencias de Occidente durante años, que el cambio histórico en el Oeste será acelerado. En la medida en que disminuye la voluntad de compartir la carga, entre Este y Oeste, los márgenes para resolución de conflictos serán cada vez más estrechos.

Permítanme ilustrar esto con el ejemplo de las dos huelgas actuales. En el Este, contra el cierre de una improductiva mina de potasio, protestan mineros con una huelga de hambre. La sal que allí se obtiene es, en promedio, 70 marcos más cara por tonelada que en Occidente. Una huelga semejante habría sido inconcebible en el Este hace dos años. Por otra parte, este otoño comenzaron a protestar miles de trabajadores de las minas de carbón de la Cuenca del Ruhr, en el Oeste. Exigen que el gobierno continúe subvencionando cada tonelada de carbón hasta con 200 marcos del presupuesto estatal. Los ejemplos muestran tres cosas. Primera: se acabó la paciencia en el Este. Segunda: La obligatoriedad de la reestructuración también ha llegado al Oeste. Tercera: Gastar miles de millones para subvencionar industrias obsoletas es un lujo que la nueva república no se puede permitir.

El debate político acaba de comenzar y, desde luego, hasta ahora no se ha alcanzado un consenso nacional para el futuro, ni entre Este y Oeste, ni entre "arriba" y "abajo". Pero, al menos, van aumentando en el gobierno y la oposición las voces con sentido común, vislumbrándose dos tendencias:

En primer lugar, el Este debe olvidar el sueño de alcanzar el nivel del dorado Occidente en cinco o siete años. La nivelación de las condiciones de vida probablemente tardará una generación. Entretanto, algunos políticos se atreven a decir abiertamente la amarga verdad: que sueldos y salarios sólo pueden subir al mismo ritmo que la productividad, y que, mientras tanto es preferible que en el Este muchas personas ganen un poco menos.

Por otra parte, en toda Alemania se ha iniciado un debate sobre la crisis de la sociedad laboral, que gira en torno a los costos del estado social. Poco a poco nos damos cuenta de que Alemania nunca podrá producir acero, autos, carbón ni textiles tan barato como Polonia o México. La República Federal para el siglo 21 sólo podrá salvaguardar su nivel de vida, riqueza y unidad interna si se decide a invertir fuerte en capacitación profesional y tecnologías con futuro, para lo que será necesario el común acuerdo y entrega de cada individuo y grupo social.

Pero todavía no llegamos a eso. Por lo pronto, los alemanes están ensimismados y algo inseguros. Un sondeo con motivo del tercer aniversario de la nueva Alemania reveló que uno de cada cinco considera que la reunificación fue un error, y pueden estar seguros que los cuatro restantes no comparten un entusiasmo eufórico.

La República Federal ahora es el país grande en el centro de Europa; pero es necesario que los alemanes encuentren su propio centro.

Tal vez entonces recuperen la capacidad de reírse de sí mismos, de alegrarse y albergar menos temores en torno a la nueva libertad. Y quizá sólo entonces comprendan también su mayor responsabilidad internacional en el Norte y el Sur. Ténganles un poco de paciencia. Quizá de esa misma que me han brindado hoy a mí y a mi español. Muchas Gracias.


Inicio del artículoAnteriorRegreso