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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

3. Los hombres


Lorenzo de Zavala percibió la desesperante realidad de un país donde los protagonistas de la contienda política parecen no estar a la altura de las circunstancias. La intuición de una esquizofrenia colectiva en la élite, la certeza angustiante e ineludible de que el discurso político de sus contemporáneos provocaría la escisión y no la síntesis de la sociedad de su tiempo, resultaron finalmente un peso insoportable para el yucateco:

Hay, pues, un cho que continuo entre las doctrinas que se profesan, las instituciones que se adoptan, los principios que se establecen,y entre los abusos que se santifican, las costumbres que dominan, los derechos semifeudales que se respetan; entre la soberanía nacional, igualdad de derechos políticos, libertad de imprenta, gobierno popular, y entre intervención de la fuerza armada, fueros privilegiados, intolerancia religiosa, y propietarios de inmensos territorios. El colmo del absurdo y la ausencia de todo buen sentido, es la sanción de los fueros y privilegios en un gobierno popular. [Nota 14]

Zavala experimentó la dramática situación de un médico que conoce la cura del mal mortal que aqueja a su paciente, pero nada puede hacer porque carece de los medios necesarios. Y en muchos sentidos, los medios materiales con los que no contaba Zavala eran sus propios compañeros de viaje. A las grandes tareas del momento no correspondían grandes hombres, hombres providenciales, hombres del destino.

De Lucas Alamán sostuvo, por ejemplo, que carecía de "valor civil [y] militar [ ... ] y de aquella ambición que va siempre acompañada de grandes virtudes". De José María Bocanegra afirmó que era uno de aquellos hombres "que con poco espíritu y muy medianos conocimiento? había accedido a una posición política de importancia.

Nicolás Bravo, a su vez, era un general "de muy pocos alcances y poca capacidad de aquella famosa historia según la cual Bravo respondió al fusilamiento de su padre por los españoles con la libertad de 200 realistas, Zavala sostuvo que "era digna de un santo padre de la iglesia [ ... ] pero [era] falta notable en un general que podía sacar mayores ventajas de los enemigos."

Anastasio Bustamante no salió mejor librado; su calma para tornar decisiones no se sabía si venía "de meditación o de dificultad en comprender". José Antonio Facio era simplemente "un aborto de las disensiones intestinas [ ... ] sin genio, sin talento, sin instrucción". Vicente Guerrero, el prócer, "nada debe al arte y todo a la naturaleza". Santa Anna, "por falta de conocimiento, marcha siempre a los extremos en contradicción consigo mismo". Servando Teresa de Mier debía su notoriedad a "sus padecimientos [ ... ] y [a sus] escritos indigesto?. Guadalupe Victoria"nunca dio una grande acción ni sus empresas salieron de la órbita común". [Nota 15]

En fin, en esta galería de personajes se mueve el germen de la desesperación. Zavala era un desesperado y estaba desesperado. Creía conocer el camino de la verdad y la salvación, y la nación no lo escuchaba. Como nadie puede saber realmente si su vicepresidencia texana correspondió o no a la lógica de su biografía y de su intelecto, mejor digamos que a Zavala no se le agotó el patriotismo: se le agotó la paciencia.

Zavala fue un profeta desarmado, un hombre sin la fuerza, los contingentes y el tiempo necesarios. Fue un mesías a medias: supo, pero no pudo.


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