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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

2. La virgen


Don Patricio Fernández de Uribe (17421796), canónigo de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y miembro de la orden de Carlos III, defendió puntualmente los milagros de las apariciones de la virgen de Zaragoza y de Guadalupe. [Nota 2]

El libro en que se compilan sus sermones y alegatos en muchos sentidos es previsible. Vale la pena considerar sin embargo que en el "Sermón de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza predicado en la Catedral de México Fernández de Uribe decidió, antes de entrar propiamente en materia, romper algunas lanzas con la Ilustración:

¿Y hasta cuándo llegará el hombre a conocer sus cortas luces, y a confesar humildemente que las obras del Todopoderoso no se pueden medir por las engañosas reglas de la humana prudencia? ¿Hasta cuándo una orgullosa crítica se contendrá en los estrechos límites que le prescribe su limitación, sin atreverse a discurrir libremente por los anchurosos espacios del Poder divino?

Fernández de Uribe se lamentaba de que los hombres pretendieran sujetar a leyes "aquellos portentos" que no obedecían sino a la Providencia. Pero, más profundamente, no acababa de entender

porque no contentos esta clase de sabios con seguir a la naturaleza por medio de sus experimentos hasta sus más ocultos retretes [...] no satisfechos con haber inventado sistemas que dando, por decirlo así, nuevo curso a los astros, nuevo movimiento a los cielos, nueva situación a la tierra, casi han hecho mudar de semblante a todo el universo: pretendieron llevar su censura hasta los arcanos inescrutables del santuario.

La argumentación del canónigo por momentos parece claudicante. No argumenta contra la crítica en sí; en todo caso, rechaza su desmedida ambición, pues ha pretendido llevar su censura hasta los arcanos inescrutables del santuario". A esas alturas, lo condenable en la actitud crítica no era su existencia, sino su desmesura:

Crítica desgraciada, a la par que atrevida, que pervirtiendo el espíritu en lugar de rectificarle, tropieza a cada paso con el escollo de una incrédulidad irreligiosa, por herir el de una supersticiosa piedad. [Nota 3]

Una interpretación provisional: un religioso como Fernández de Uribe busca rescatar -o mejor aún, proteger- un ámbito específico e inabordable. No alega radicalmente contra la crítica (la razón), pretende detenerla al marcar sus límites. En todo caso, Fernández de Uribe reivindica un vértice sustentado absolutamente en la fe; un vértice que debe presidir todavía la pirámide del mundo y del pensamiento.


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