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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1993-1994

2. Los detalles de la gesta


Los extensos relatos de Carlos María de Bustamante que conforman volúmenes como Rayón o Congreso de Chilpancingo son, primeramente, una decisión, un ánimo poderoso que busca nombrar.

Si se deja de lado la tentación de comprobar la veracidad de los hechos relatados --que es una de las tareas de todo historiador, pero no la única- y se dirigen los esfuerzos a dilucidar las intenciones que dieron pie a las abigarradas crónicas, descubriremos a un autor en busca de la incorporación y vindicación de todo un repertorio humano y geográfico que no podía ni debía quedar fuera:

En aquellos mismos días fue la solemne bendición de las banderas del regimiento provincial [insurgente] de aquella ciudad (Oaxaca), y [...] fuimos padrinos de ellas. En el año siguiente, un joven oficial que las guardó y conservaba después de entrada la tropa española, fue fusilado de orden del general D. Melchor Alvarez. No se habría conducido de este modo otro jefe que hubiera estimado en sus quilates una lealtad tan acendrada. ¡Dichoso joven, que bajó al sepulcro con la gloria que no pudo deturpar la tiranía, gloria que brillará y se hará recomendable cuantas veces se recuerde en las edades venideras! Llamábase Dn. José Aguilera. ¡Lealtad digna de un suizo! [Nota 6]

En este pasaje, Bustamante no sólo recuerda sentimentalmente a un mártir de la patria. El fragmento es sobre todo un acto de autorreconocimiento colectivo. Los nombres que Bustamante no se permitió olvidar eran aquellos con los que primeramente se identificaba una sociedad, los que al ser ubicados en villas y ciudades, insinuaban un espacio unificado por el esfuerzo libertario, un ámbito patriótico. Nombrar era entonces para Bustamante una condición esencial de su discurso; con esa acción se inventariaban los materiales físicos, culturales y anímicos disponibles para el siempre problemático apuntalamiento de la conciencia nacional.

La suma de nombres de pila, apellidos y sucesos relevantes iban dando sentido y, sobre todo, consistencia a una historia que recién comenzaba. Bustamante era el tejedor de un sayal cívico; por ello, los detalles eran importantes: otorgaban verosimilitud a su recuento patriótico, eran las fibras entretejidas de la conciencia colectiva. Los detalles de la gesta, pues, abundan:

Los sucesos se encadenan de tal modo, que hablando de uno es preciso hablar, aunque por incidencia, de los que dicen relación con él [...] Por un querer del diablo olieron éstos [los insurgentesl que un valenciano tenía un retal de imprenta, y que pedía ochocientos pesos; solicitaron a D. José Robelo, oficial de la imprenta de Arizpe, de quien nadie presumía que fuese adicto a la insurrección, y él se presentó [ante el valenciano] haciéndole postura, y protestando que quería poner su casa con independencia [es decir, su propio negocio]. [Nota 7]

El trabajo de Bustamante no es exclusivamente un recuento entusiasta y positivo. Hubo, como sería de esperarse, grandes elogios a personajes claves del proceso: Hidalgo, Morelos, Rayón. También, la constancia puntual de las derrotas patrióticas, como Zitácuaro o Puente de Calderón. El revés militar, la muerte de los patriotas, las "malas hembras" contribuyeron también a conformar la cotidianeidad de la historia narrada. [Nota 8]

La historia de Bustamante conoce de sucesos relevantes y de personajes cimeros. Por ejemplo, al referirse al establecimiento de la Junta de Zitácuaro, el oaxaqueño puso en boca de un anónimo americano la frase, quizá prematura, "¡ya tenemos gobierno seremos independientes y libres,".[Nota 9]

Y sin embargo, de la lectura de Bustamante queda la impresión de que importaban igualmente aquellos acontecimientos que no trascendieron tan visiblemente. Su detenido recuento de hechos menos relevantes y de caudillos y héroes de segundo y tercer plano, otorgan a su obra una eficacia inesperada en la promoción patriótica de la conciencia nacional.

Si la conciencia de un destino común -y por lo tanto de un pasado compartido- es una de las premisas socioculturales de la nación, Bustamante parece haber contribuido a su formación. Y no lo hizo utilizando únicamente las ventajas operativas que se desprendían de la inminencia de un panteón cívico destinado sólo a los consagrados.

Al contrario, en una afortunada concepción de su labor publicitaria, con sus crónicas de la independencia logró trasmitir una notable amplitud al sentimiento patriótico: geográfica, social y de acción. Para Bustamante era igualmente rescatable la participación en batalla, la conspiración urbana, la actitud moral de una mujer:

No pocas señoras en los estrados les hicieron amargas reconvenciones [a los españoles, por sus actos]. Este sexo lindo, dotado de mejores cualidades por lo común que los hombres, ama más la libertad [ ... ] ¡Oh sexo encantador, tu dulce magia, tus inexplicables artificios, tu mirar hermoso, un solo gesto tuyo hace más conquistas que cien batallas! [Nota 10]

La historia patria de Bustamante es una fiesta multitudinaria, a la que todos han sido invitados, y él simplemente agradece su asistencia.


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