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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Primavera 1994

JEAN ALLOUCH, 213 OCURRENCIAS CON JACQUES LACAN

Author: Alberto Sauret


JEAN ALLOUCH, 213 ocurrencias con Jacques Lacan, trad. Marcelo y Nora Pasternac, 1992, México Sitesa, 244 p. ISBN 968-6579-13-3

Su suposición de que después de mi retiro mis errores podrían ser venerados como reliquias me ha causado mucha gracia. (Carta de Freud a Jung)

Como advierten los editores, que este libro anuncie 213 y no 123 "puntadas" como su edición original,[Nota 1] no es un lapsus calami, sino que para esta versión el autor aumentó las anécdotas - franco prolapsus lacani.

En la primera mitad de la era fundada por Dios Hijo, de la selva floran espectaculares construcciones mayas, con fines científicos, religiosos y políticos, que en regresivo colapsus sus moradores abandonan para hundirse en la lujuriosa fronda primordial.

Hoy existen unas treinta lenguas derivadas del tronco lingüístico maya, una de ellas es la hablada por los lacandones, a la que éstos llaman hax t´an la verdadera lengua; asimismo dicen de sí que son hax winik, los verdaderos hombres. [Nota 2]

De los dones de Lacan, el más alabado: la cabalística palabra, lacónica con los pacientes, locuaz y eufórica para sus impacientes inseminados.

Si fuese verdad que toda institucionalización se basa en una represión, y que la principal función del lenguaje es su ocultamiento, es sospechoso de que tras fundaciones y fundiciones de sociedades, escuelas y movimientos pregonando el "retorno a Freud", la causa lacaniana esconda el deseo de hacer tabula rasa sobre el padre del psicoanálisis.

Mientras que en los trabajos de Freud se aprecia una inquietud autocrítica al señalar aporías e hipóstasis -vgr. en conceptos como Inconsciente' o 'pulsión'- de la cantera lacaniana emana no sólo un verbo epifánico y reificador sino un discurso que convoca a la completa subjetivación de su doctrina: "He enunciado lo simbólico, lo imaginario y lo real en el 54; he intitulado una conferencia inaugural con estos tres nombres - que por obra mía pasaron a ser lo que Frege llama nombre propio. El único nombre propio en todo eso es el mío. La extensión de Lacan a lo simbólico, a lo imaginario y a lo real es lo que permite a estos tres términos consistir." Parece imposible entonces quererse lacaniano sin desear fundirse con el cuerpo místico del maestro-fetiche.

Como toda secta que se precie, la de los lacanianos cuenta con dogma, sacramento, liturgia y cófrades con la candela, la cantinela y la cansina peregrinación parisina. Con cismas, diásporas, herejías, persecuciones, anatemas (la cancelación de Lacan como didacta por la Intemational Psychoanalytical Association, que él compara con la excomunión padecida por Spinoza) y, desde luego, mesianismo.

A la disolución de la Escuela Freudiana de París a manos de su señor freudal sobreviven varios grupos, y en cada uno la canción es la misma: la candidez de la cancerbería del discurso lacaniano y, por supuesto, del psicoanalítico (hax t'an).

El presente libro, repleto de supersticiones, manías y perversiones escolares es una recopilación de rumores acerca de sucedidos entre Lacan y muchas personas que lo frecuentaron durante su práctica y su enseñanza psicoanalítica. Se trata de `habladurías' si se quiere, y hasta de 'comadreos', pero a los que se presta oído? porque, según sus seminaristas revelan aspectos de la actividad inconsciente.

Decía Heráclito que quienes están en las ideas comparten el sentido común, mientras que los que tienen un sentido propio están fuera de las ideas, son los idiotas. Lacan dijo "no hablo para idiotas" y Freud observó que cada chiste tiene su público.

Para un - dicho con autobenevolencia - "fuera de las idea? lacanianas estas anécdotas resultan variadas: interesantes, absurdas, chistosas o tontas, pero sin duda harán las delicias de chicos y grandes iniciados en escarbar los arcanos de la represión libidinal. Como señalara el propio Lacan, este tipo de hecho no resulta gracioso para quien originalmente lo verbaliza, sino que se convierte en chiste cuando, la canalización por otro capaz de desenmascarar un segundo (?) sentido oculto, abre a la dimensión propia del psicoanálisis, que "no es tanto la verdad de la tontería como la tontería de la verdad".

Vaya una connerie de muestra:

Una muy honorable asamblea está reunida ese día para celebrar el 80º cumpleaños de Ludwig Biswanger. Es en Suiza. Como Lacan había repentinamente aparecido, se le pidió participar en el simposio. -Es bien evidente, respondió, que no tengo nada que decir.

Gracias a lo cual, habiendo hablado cada uno exactamente 10 minutos, él conservó la palabra hasta el punto en que, después de tres cuartos de hora de discurso, llegó a notar que:

-...y bien, finalmente, había tal vez en efecto algo que decir... Fue entonces cuando Biswanger, que presidía la sesión, le cortó la palabra diciendo:

Acabo de aprender algo muy importante: el hecho de no tener nada que decir es el gran secreto de la elocuencia.

Faltan publicarse años de su Seminario, desconocemos la cantidad.

ALBERTO SAURET

Depto. Académico de

Estudios Generales, ITAM


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