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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

DIALÉCTICA DEL ILUMINISMO COMO DOCUMENTO DE BARBARIE*

Author: Blanca Solares [Nota 1]


* Fragmento de un libro de próxima aparición.

1.Dialéctica del Iluminismo libro en el que Horkheimer y Adorno, en colaboración con Leo Lówentahl, trabajaran desde principios de los años cuarenta, fue concluido en 1944 como homenaje a Friedrich Pollock en su sesenta aniversario y publicado por vez primera en Amsterdam, tres años después. Como el Guemica de Picasso esta obra es un engrama imborrable de la memoria, derivado de una necesidad vital - en su negatividad - con el anhelo más profundo de que lo acaecido no vuelva a suceder.

La intención de Dialéctica del Iluminismo es mostrar las cosas como son; rescatar la existencia respecto de las deformaciones y negligencias que hicieron posible el desastroso horror de Auschwitz.

Vivir cotidianamente en un estado de emergencia lleva con apremio a la necesidad de preguntarse radicalmente sobre que es lo que tememos y subyugamos en nosotros mismos y proyectamos en los otros como repugnancia, como desprecio, el nudo de las causas por las que el miedo y todo lo que amenaza nuestra estabilidad y dominio termina, en la fase más evolucionada de la cultura occidental, en barbarie y discriminación.

El problema del fascismo no se plantea a la manera de un hecho, si bien sí como lo más terrrorífico de la historia. No se trata de descubrir los sucesos como lo haría un testigo ocular sino de abrir los ojos a una verdad profunda: la tendencia de la humanidad, desde el primer momento de su presencia en la tierra, a infligir dolor, a la destrucción del hombre sobre la naturaleza y sobre sí mismo.

No existe documento de cultura que no sea documento de barbarie. Y puesto que el documento de cultura no es en sí inmune a la barbarie, no lo es tampoco el proceso de la tradición, a través de lo cual se pasa de lo uno a lo otro.(W. Benjamin)

La Odisea de Homero, los relatos de Sade, los trabajos de Kant, sirven entonces para la reconstrucción de la historia como proceso de autoaniquilación y represión del hombre de la conciencia de su propia naturalidad.

El ordenamiento y la lectura de nuestro tiempo, poco común de estos autores, hará de la misma Dialéctica del Iluminisnio un documuento de la barbarie que ofrece la expresión más radical de lo que hoy se debate como modenidad y que prefigura todas sus genealogías como unidimensionalidad de la razón que conduce a la catástrofe. La Época Moderna es el estadio incrementado de los desastres, el tiempo en el que la opresión que hemos practicado sobre la naturaleza culmina en el Estado autoritario del siglo XX y su cauda de muerte y autoaniquilamiento.

Testimonio de la soledad y de la desesperación, Dialéctica del Ilminismo expone la irracionalidad del paroxismo lineal de la razón con una intensidad arraigada en el sentimiento de que no hay futuro.

Si para Marx el capitalismo fue la clave del análisis de las formas de producción precapitalistas, para Adorno y Horkheimer, el fascismo explica la historia moderna en su conexión con toda posibilidad de existencia futura.

Fascismo significa utilización de métodos terroristas y empeño de reducir a los seres humanos a la condición de átomos sociales; presión social y terror político que debilita la resistencia humana contra la irracionalidad instrumentalizada; anulación de la resistencia individual en contra de toda afirmación autónoma. Asesinato y contrasentido.

El estupor porque las cosas que vivimos sean "aún" posibles en el siglo XX no es nada filosófico. No es el comienzo de ningún conocimiento, salvo del que la idea de la historia de la cual proviene carece ya de vigencia - diría Benjamin.

Frente a esto, el conocimiento tiene ahora que ver, ya no con sacar a luz sino con la reproducción precisa de los clichés fijos que empantanan la memoria, su intención determinante no es sino mantener despierto el recuerdo de la muerte y de la destrucción que no cesa desde el principio de la historia.

El propósito de Adorno y Horkheimer, lejos de presentar el deambular nocturno del hombre, se cifra en afirmar que, por el contrario, la humanidad ha sabido siempre a dónde se dirige.

La racionalización es el trágico cumplimiento de nuestro destino; haber hecho de la vida las praderas de donde recogernos el alimento que nutre nuestra desesperación.

Porque nadie desea de veras su libertad y cada hombre adquiere un hábito lo antes posible. Si los animales se orientan por la agudeza de su olfato, nosotros para diferenciarnos de ellos hemos inventado la conciencia coprofílica. El espíritu de nuestro tiempo se expresa en hombres con la cabeza caída y los ojos encorvados, sin pensamiento ni mirada. Nuestras miradas se dirigen al suelo; después de todo, cada hombre anda en pos de su desgracia.

El combate al olvido en el que se colocan estas ideas obra en Dialéctica del Iluminisino como fuerza de lo negativo para restaurar la memoria viva y revivificada. Se trata de un libro que expresa un malestar y que intenta perturbar todo sentimiento complaciente hasta arriesgarse a verse desarmado, neutralizado por su poder perturbador. De manera que la reciente edición en tomos de lujo de las obras completas de Adorno y Horkheimer puede ser tan desorientadora como el silencio que hasta hace poco había envuelto su trabajo.

Hace 40 años Dialéctica del Iluminismo era un Ebro desconocido excepto para un pequeño círculo de lectores Hoy es una obra clásica que la cultura procura asimilar, pero que continúa siendo pesadamente indigesta. Su pensamiento es comprensible e importante como "monumento cultural siempre que nos refiramos a estas ideas manteniéndonos a prudente distancia. En esta perspectiva, para cualquier lectura des prevenida o curada de "inocencia" continuará molestamente situada fuera dt su alcance, como una voz y una presencia con la que es preferible evitar todo contacto.

¿Se enmarca este libro en la tradición del modernismo, tal y como lo define Mallarmé (ser claros significa robar al lector las tres cuartas parte de la "diversión" que consiste en la averiguación lenta)?

Dialéctica del Iluminismo no es un libro con el que se pueda pasar un rato agradable, una exposición que aporte un producto neutralmente científico ni pretende tampoco alzar un sistema como el de las filosofías tradicionales de Aristóteles a Marx. Sí, a contracorriente, trata de dar la pauta para la reconstrucción de la historia prohibida y subterránea de todo el proceso civilizatorio.

El conjunto de ensayos de esta obra revela el corpus roto y automutilado de la filosofía, una colección de fragmentos. Lo que Adorno y Horkheirner nos han legado no es un sistema filosófico completo, sino una manera de pensar y utilizar el lenguaje, de tal manera que pensar y escribir componen un solo proceso mediante el cual el pensamiento se autosostiene y puede responder a todas las circunstancias; en cierta medida, un calvario perpetuo. El propósito central es la transvaloración de todos los valores teóricos.

La "devaluación general de los valores" es la única vía para salir de la catástrofe que Dialéctica del Iluminismo anuncia de manera profética y casi apocalíptica como demencia de la racionalidad.

Adorno y Horkheimer no son autores "modernos", que pueden ser apre ciados por su esfuerzo de desligarse de la sociedad y de su tradición o por un deseo de no ser moralmente útiles. Insistirán en presentarse siempre como a críticos sociales. Nunca como aventureros espirituales. Tener pensamiento, manifestarse a sí mismo, ser a la vez sujeto y objeto, es ya un juego intelectual riesgoso que no salva a la conciencia de su dolor.

2. Dialéctica del Iluminismo compone con trazos rápidos y decididos, distintos cuadros de reflexión, que en - su conjunto constituyen un diagnóstico contundente de la época. La racionalidad pertenece al ámbito dominio, no de la razón. A la operación racional autonomizada no le interesa entender las cosas por ellas mismas, sino con miras a adecuarse a un esquema, sin reparar en lo extraño que éste puede resultar a nuestra estructura interna.

Se puede decir que la escritura de Adorno y Horkheinier es proteica. Insisten en una postura única con una serenidad inusitada, nada se desdibuja o se entremezcla, sus apariciones no tienen ningún truco flusionista y, sin embargo, constantemente se metamorfosean.

La ironía mordaz y el sarcasmo sincero y corrosivo son rasgos de la razón, momentos a través de los cuales Dialéctica del Iluminismo capta y desnuda los pensamientos tipificados, las percepciones rutinarias y los sentimientos que se han vuelto habituales.

En la antigua mitología, la ironía se identifica con el Viejo Mar. Proteo, el profético, evoca las olas del mar capaces de representar imágenes fugitivas en las tempestades. Está dotado del poder de metamorfoscarse en todas las formas que desee: puede convertirse no sólo en animal, sino también en un elemento, como el agua o el fuego. Usa particularmente de esos poderes cuando quiere sustraerse a los inquisidores, pues posee el don de la profecía, pero se niega a informar a los mortales que le inquieren. La ironía es tan polímorfa como Proteo, capaz de ser otro sin dejar de ser el mismo. Mundo, mar de la ironía, donde el irónico se mueve como un Leviatán o bien naufraga.

Para reflejar lo irónico, Dialéctica del Iluminismo ha tenido que hacer un simulacro y convertirse ella misma en escritura irónica. Alcanza lo infinito (el movimiento incontenible del mismo progreso) por lo finito que no acaba de terminar, lo prolonga sin cesar mediante el rodeo ambiguo de la repetición hasta lo absoluto, como afirmación total y solitaria; lleva la marca de aquello con lo que rompió (la razón), rechaza la solución dejando de lado cualquier relación o vínculo.

Finalmente, hasta lo que nos ha dado el discurso filosófico como desocultamiento, presupone la primacía de lo oculto respecto de lo manifiesto. No puede dejarse de hacer intervenir lo negativo en lo que se llama verdad. Pero este sustraerse no es respecto del hombre y sus circunstancias, sino la impronta negativa como exigencia del lenguaje y su silencioso secreto. Adorno quiere siempre aprehender el todo, mas para ello tiene que destruirlo; y lo que capta es lo que no agota, la misma significación de su escritura irónicamente se sustrae a la intención de su autor apenas se ha separado de la obra.

3 . En un inicio titulada "Fragmentos filosóficos" Dialéctica del Iluminismo marca el nivel más alto de desarrollo de la teoría crítica como, en cierto sentido, su término. El nivel más alto, en tanto que tesis anteriormente planteadas de crítica radical a la razón occidental son llevadas hasta sus últimas consecuencias; su fin, en cuanto que todo lo agregado sólo podía ser una especie de clarificación ulterior.

El proceso de racionalización ha colocado a la razón en el limbo, lugar apartado donde las almas esperan la redención. La razón está en el limbo, distraída, atontada, sin enterarse de lo que se dice ni de lo que pasa. A fin de criticar el positivismo moderno, la razón tiene que venerar los conceptos fundamentales de la filosofía clásica (Bien, Verdad, Absoluto). Sin embargo, para mostrar la naturaleza ideológica de la vieja tradición filosofante, usa las mismas armas de la racionalidad moderna. Esta tensión es el precio que la Teoría Crítica debe pagar por su propio skeptical turn en los años cuarenta.El proceso de racionalización ha colocado a la razón en el limbo, lugar apartado donde las almas esperan la redención. La razón está en el limbo, distraída, atontada, sin enterarse de lo que se dice ni de lo que pasa. A fin de criticar el positivismo moderno, la razón tiene que venerar los conceptos fundamentales de la filosofía clásica (Bien, Verdad, Absoluto). Sin embargo, para mostrar la naturaleza ideológica de la vieja tradición filosofante, usa las mismas armas de la racionalidad moderna. Esta tensión es el precio que la Teoría Crítica debe pagar por su propio skeptical turn en los años cuarenta.

El límite de la teoría crítica se debe al contenido de su hipótesis central. Toda cultura (no sólo la civilización) es dominio de la naturaleza. Producir cultura sin dominar la naturaleza ha sido y es simplemente una ilusión. Esta afirmación es el límite que el libro marca y del cual no escapa. Será necesario para ello buscar en otros lugares, es decir, salirse de este pensamiento.

La lectura de esta obra hace posible subrayar dos cuestiones:

a) la radicalización del programa de la teoría crítica en el sentido de su transformación en una Filosofía de la historia (Helmut Dubiel);

b) la interpretación de la historia, no a través del paradigma del trabajo, sino como dominio social del hombre sobre la naturaleza.

En relación a las tesis expuestas en "Teoría tradicional y teoría crítica" texto, de alguna manera, programático del proyecto del Instituto para la Investigación Social (entre 1930/1938) - las reflexiones planteadas en Dialéctica del Iluminismo no concuerdan de forma orgánica. En el primer texto se expresa una confianza teórica en el carácter crítico de la razón frente al dominio social sobre la naturaleza; la teoría crítica desde una perspectiva interdisciplinaria de trabajo debía esclarecer y denunciar esa irracionalidad, expresada palpablemente en la crisis generalizada de la cientificidad y su incapacidad frente a la crisis societaria de la que es un factor en juego. En el segundo, en cambio, más bien se expone un cuadro de las relaciones de vida en el Estado capitalista posliberal, frente al que ya no es posible oponerse, ni siquiera desde la perspectiva crítica del pensamiento científico, psicoanalítico o filosófico, porque sus mismas condiciones han sido socavadas. La crisis de la cientificidad viene insoluble desde sus propios fundamentos.

A principios de los años cuarenta se abandona el proyecto interdisciplinario original, y Horkheirner junto con Adorno deciden hacer el balance histórico filosófico al que hasta ese momento se habían resistido. El punto central de su investigación se basa en un señalamiento absolutamente novedoso en el ámbito del discurso social y filosófico.

A través del análisis del lluminismo salta, como de la caja de Pandora, que el hombre al pretender desprenderse de sus nexos naturales, desemboca en un acto de autoafirmación que es, al mismo tiempo, la represión más brutal y violenta de la identidad natural orgánica que lo constituye.

La crítica de Dialéctica del lluminismo no se limita así al enjuiciamiento del capitalismo, sino al proceso general de enfrentamiento de la especie humana con la naturaleza, a la cultura, desde la aparición del hombre en la tierra. Es decir, al amplio espectro que acompaña a una filosofía de la historia propiamente dicha, cuestión de pretensiones tan totalizadoras y a la que antes se habían negado. La variada situación ahora los empuja, a su pesar, a encararla.

El proceso completo que cultura y civilización sustentan concibe a la naturaleza, al mundo de los fenómenos, como una amenaza a la especie humana en el exterior y en su propio interior: amenazante naturaleza de la que los hombres han ido alejándose cada vez más, tratando de sojuzgarla, a través de la aplicación de la técnica desenfrenada y sin escrúpulos.

Lo novedoso de este análisis del proceso de cultura y no sólo civifizatorio saca de sus entrañas que el extrañamiento respecto a los objetos dominados no es el único precio que el hombre paga por el dominio.

La rectificación del espíritu o racionalización subjetiva de todos los actos con el fin de controlar la naturaleza ha alterado también, radicalmente, las relaciones internas entre los hombres y la de cada cual consigo mismo.

El Iluminismo considera a la naturaleza como objeto externo de dominio y genera el conocimiento de un cuerpo guiado por la racionalidad, controlado como instrumento acorde a fines productivistas. Las relaciones entre hombre y naturaleza se asientan en la sociedad actual en una relación de dominio sobre las cosas, sobre los hombres y sobre nosotros mismos.

Alma, instintos, sentimientos, pasiones aparecen para el conocimiento racional como aspectos "metafísicos", remanentes arcaicos o bien "disfunciones" psíquicas del organismo, al que hay que adecuar socialmente.

La racionalidad instrumental absorbe todos los ámbitos vitales y todos nuestros vínculos - el pensamiento, el inconsciente, el lenguaje, el conocimiento, el cuerpo, el alma... la existencia toda.

La civilización y la cultura se basan en la represión compulsiva de la naturaleza inmanente del hombre, cuyo resultado último es la conformación de un carácter atávico y enfermizo, siempre latente en el corazón del "sujeto civilizado". La marcha de la historia no es sino el eterno retorno de la represión y su liberación agresiva.

4 .Dialeléctica del Iluminismo obliga a una lectura sin parar, casi tan frenética como su escritura. Como si el libro exigiera que se le siguiese sin descanso e inclusive sin realmente entenderlo. Un ritmo febril de palabras-imágenes envuelve en un torbellino de ideas que arrastra hasta la desolación del fin del mundo, donde surge el pasado herido y un porvenir irrevocable en su dolor. Sumergido en el desconcierto, en la perplejidad, uno se pregunta ¿qué mensaje oculto se cifra en estas páginas?es la conmoción a la que nos abisma nuestra propia naturaleza? ¿nuestro deseo de poseer lo Otro, el anhelo de una coincidencia total? ¿o la inutilidad de una carrera académica y el conocimiento acumulado que conforma ahora los márgenes de nuestra propia cárcel, desempeñando un infructuoso rol en una sociedad que perfecciona su dominio y potencia destructiva?

¿Hay un nexo entre la situación actual y el pensar filosófico? ¿guarda el pensamiento un vínculo directo con la situación histórica real y las condiciones y perspectivas del futuro? ¿es posible hacer hoy filosofía? ¿en verdad ha guiado alguna vez la filosofía el sentido de la existencia?

Pretender una clasificación de estas páginas en la perspectiva de una historia progresiva del pensamiento social o filosófico se vuelve inútil, es querer responder a la necesidad compulsiva de certezas con las que actúa el pensamiento académico, cientificista institucionalizado, limitando formalizando y homogeneizando las problemáticas a sus juicios productivistas afirmativos de valor, para luego intentar vanamente "superar" sus planteamientos: Aulhebung, carácter crítico del superar conservando, que no es sino una nueva reducción a contenidos lógicos y positivos que imposibilitan la comprensión del horizonte que esta lectura abre. La codificación normalizadora contra la liberación del pensamiento es lo contrario de lo que Dialéctica del lluminismo pretendía realizar. La Aufhebung actúa dogmáticamente incluso cuando lo hace de forma crítica. Adorno y Horkheimer no se equivocaron al desconfiar de ésta incluso en el conocimiento, pues, convertida en dogma, ella misma se rebela como su contrario, pensamiento inconsecuente:

... las tendencias que están en oposición a la ciencia oficial... han sido embestidas... les aconteció lo que siempre acontece al pensamiento victorioso, el cual, apenas sale voluntariamente de su elemento crítico para convertirse en instrumento de una realidad, contribuye sin querer a transformar lo positivo en algo negativo y funesto... la metamorfosis de la crisis en aprobación... Creíamos poder guiarnos por el modelo de la organización científica.. (pero) la autodestrucción incesante del fluminismo obliga al pensamiento a prohibirse hasta el último candor respecto a los hábitos y tendencias del espíritu del tiempo. [Nota 1]

5. La investigación de Adorno y Horkheimer parte de una "renuncia" la aquella fe", en poder guiarse por el modelo de organización científica "incluso cuando se limitara esencialmente a la crítica", incluso cuando se ejerciera radicalmente como crítica. La crisis de la civilización, que marca toda la tradición científica desde su origen, incluye no sólo a los modelos de estudio especializados y por disciplinas (Husserl), sino al criterio mismo de la crítica como cientificidad (Marx, Tesis 11 sobre Feuerbach acerca de la realización superadora de la filosofía).

El sentido mismo de la ciencia es ahora lo puesto en cuestión, su intrínseca direccionalidad, su búsqueda esencial de una verdad "objetiva", la pregunta sobre el para qué de las cosas más allá de su servicio instrumental positivo, problematizando su teleología política e intencionalidad teórica.

Horkheimer retrata de manera directa la posición teórica de la izquierda en su perspectiva de materialización dialécticofilosófica y de sus diatribas antiintelectuales contra el formalismo teoricista.

Pero ¿logra Dialéctica del Iluminismo salvar la parcialidad propia de lo teórico? ¿despeja con su escritura el terreno militante de la escritura? ¿qué es en realidad la "verdad objetiva", el Bien, la idea de comunidad? ¿qué significa la afirmación de que sólo descubrimos la verdad de la vida a través de la praxis de la filosofía?

Se puede reflexionar acerca de lo que dice Blanchot:

Lo teórico es necesario (vgr. las teorías del lenguaje), necesario e inútil. La razón que obra para autogastarse, mientras se organiza en sistemas en busca de un saber positivo en el que pone y se repone, a la vez que llega hasta un extremo que detiene y clausura. Tenemos que pasar por aquel saber y olvidarlo. Mas el olvido no es secundario, no es el desfallecimiento improvisado de lo que se constituyó en recuerdo. El olvido es una práctica, la práctica de una escritura que profetiza porque se cumple renunciando a todo: anunciar es renunciar tal vez. La lucha teórica, aunque fuese contra una forma de violencia, siempre es la violencia de una incomprensión; no dejemos que nos pare el rasgo parcial, simplificado, reductor, de la misma comprensión. [Nota 2]

6. La escritura desquiciante. Una ez que "el pensamiento se tranforma en mercancía y la lengua en embellemiento de ésta", el intento desnudar tal depravación sólo puede calizarse por una vía única: negándoe a obedecer las exigencias lingüístias y teóricas actuales.

El carácter desquiciante de la escriura de Adorno y Horkheimer cobra sí un significado específico, el no obeecer a las reglas del "estilo" sino deigrarlas, negarlas hasta confrontar en n mismo párrafo filosofía con literaura, teoría con política, historia con mito y crear una nueva imagen de pcnamiento. Esta intencionalidad marca rasgo fragmentario del libro y tamién la dificultad para acercarse a él.

Cabe aquí el comentario de Valery: El pensador está enjaulado y se mueve indefinidamente entre cuatro paabras." Eso dicho peyorativamente, según Blanchot no es peyorativo, implica la paciencia repetitiva, la perse- del practicismo, del profetismo, del verancia infinita. "De manera que el espacio que no es más papel en blanco. mismo Valery ¿será el mismo? afirmará luego de pasada: '¿Pensar? ... !pensar! es perder el hilo.'Comentario fácil: la sorpresa, el intervalo, la discontinuidad.[Nota 3]

El estilo fragmentario de esta obra, en un primer momento radical y aventurado, sorprende en sus saltos de la filosofía a la literatura, de la denuncia de los crímenes de la ¿poca al comentario de una novela. Su lenguaje es en muchos pasajes de una fuerza sorprendente. Esta manera de expresión no puede ser vista sino como manifestación de la crisis misma del lenguaje de la filosofía y del pensamiento, una negación, como ellos mismos lo expresan, a rendirse ante las exigencias formales del teorizar. No obstante, se trata también de una escritura en su ímpetu, controlada. El estallamiento de su pensar nunca se abre hasta un punto en que hubiese sido posible comenzar a hablar de ellos mismos incluso directamente. Hablan de uno de los aspectos vitales que les afecta pero se tiene la impresión de que algo de ellos no aflora. Desocultan pero no se nos desocultan. Pese a la radicalidad de la intención, sus líneas continúan respondiendo a una forma de pensamiento, el de la filosofía. La transición a la forma de un diario íntimo, por ejemplo, no se hace aparecer. Escritura: ejercicio del pensar zigzagueante y persistente en no dejarse atrapar, manifestación en el campo minado del teoricismo, del practicismo, del profetismo, del espacio que no es más papel en blanco.


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