©ITAM Derechos Reservados.
La reproducción total o parcial de este artículo se podrá hacer si el ITAM otorga la autorización previamente por escrito.

ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

PATRICIO MARCOS, PSICOANÁLISIS ANTIGUO Y MODERNO

Author: Mauricio Beuchot


Patricio Marcos, Psicoanálisis antiguo y moderno, 1993, México, Siglo XXI, 232 p. ISBN 88-356-0014-6

La terapia del alma es algo ya antiguo, como nos lo recuerda el profesor Patricio Marcos. Las mismas nociones de therapeia y katharsis tienen una gran prosapia. Se han estudiado en los griegos, pero no son privativas del mundo occidental. Se da en el oriental también, singularmente, con otros matices, en el mundo bíblico, pasando de él al acervo del mundo judeocristiano. Sin embargo, como una herencia griega, ha recorrido la historia de nuestra cultura. Algo de eso se ve en el cultivo de las virtudes en la escuela peripatética.

El profesor Marcos lo reseña en el tratamiento aristotélico de los vicios oponiéndoles diversas virtudes que los llevan al equilibrio, y así se logra el equilibrio del hombre en su psique y en su organismo. Esto es colocado justamente en la Etica, la cual tenía un contacto muy estrecho y profundo con la psicología. Como dice el mismo profesor Marcos: "¿Existe Psicoanálisis en los tiempos antiguos, o algo que se le parezca? Ha llegado el momento de responder a esta pregunta formulada en el prólogo: ética es el nombre antiguo del Psicoanálisis moderno. ¿Significa esto que la ética es más o menos lo que el Psicoaná. lisis? Sí, a condición de añadir más que menos, porque la ética de los antiguos contiene un saber científico no sólo semejante sino superior al redescubierto por el Psicoanálisis a fines del siglo pasado y principios del presente" (p. 50).

Con ello se nos hace entender que la ética aristotelica no se construía en el vacío, como se la ha acusado; tenía muy en cuenta el sustrato psicológico, tan concretó, de las pasiones e impulsos que anidan en el hombre, y que pueden ayudar a obstaculizar el logro de las virtudes. Esa ética de virtudes resulta ser más concreta y humana, más viva y más existencial, por así decir, que las éticas de leyes o imperativos que surgieron en la modernidad. La ética del estagirita tiene un ingrediente psicológico que hace al profesor Marcos percibirla como una teoría que fundamenta y ejerce una suerte de Psicoanálisis. Este tratamiento que el profesor Marcos hace de la presencia de teorías psicoanalíticas en Aristóteles nos parece acertada.

También nos parecen acertadas muchas críticas que enfila contra Lacan (su interlocutor principal a lo largo de todo el libro), por su intento de dar al Psicoanálisis un estatuto científico, que en definitiva sólo lo es entre comillas. Esto es cierto, porque, a pesar de los denodados esfuerzos que hace Lacan por apropiarse de Aristóteles, es de una manera excesivamente transgresora y hasta distorsionante (de manera injustificada, ya que no basta con ser heterodoxo en cualquier cosa, hay heterodoxias o herejías muy poco interesantes). Inclusive la utilización de Aristóteles que hace Lacan para dar cientificidad al Psicoanálisis resulta sumamente discutible. Tal vez el mejor ejemplo sea el seminario en el que Lacan pretende incorporar a su empresa teórica psicoanalftica el esquema de las cuatro causas (ver J. Lacan, "La ciencia y la verdad en Escritos 2, 1984, 2a., México, S. XXI, p. 834 s.). Allí uno alcanza a ver el juego de ambigüedades y equívocos con los que Lacan transpola las nociones aristotélicas a lo que hace el Psicoanálisis, redefiniendo cada una de ellas según lo que conviene a su discurso, y manteniendo siempre una equivocidad que le permite escapar de cualquier discusión fructífera.

Acerca de esto, el profesor Marcos nos comenta: "Un colega me comentó haber leído en una nota marginal de Moustafa Safouan que Lacan había corregido en Londres el pivote de su retorno: su regreso no había sido a Freud sino a Aristóteles" (p. 183). Claro que puede preguntarse ¿a qué Aristóteles? Si bien puede decirse que cada quien tiene su interpretación de un autor, y sobre todo de un autor clásico, creemos que Lacan no tiene derecho a torcer lo dicho por Aristóteles tan a su antojo o a su favor, El profesor Marcos ha logrado hacernos ver que el abordaje que hace Lacan de algunas de las pasiones más importantes M ser humano no alcanza la hondura ni la amplitud del que supo realizar el estagirita.

Lo que no deja de parecernos un desacierto del profesor Marcos es el estilo en que esta escrito su libro: "desenfadado" y burlón, bromista con un dejo de pesadumbre, jocoso con un fondo de tristeza. Demasiado señalador de lo negativo, demasiado "transgresor lo cual hace descreer de que sea auténtico. Y, además, no hace falta.

MAURICIO BEUCHOT

Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM


Inicio del artículoRegreso