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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

¿QUÉ GUERRA? ¿QUÉ PAZ?

Author: Edgar Morin [Nota 1]


El debate se ha planteado: o la suspensión del embargo para permitir que Bosnia se defienda en igualdad de condiciones contra la agresión sufrida, o bien presión de las grandes potencias para imponer la paz, particularmente por medio de la amenaza del retiro de los cascos azules.

Pero lo que está cada vez más oscuro es la pregunta: ¿Qué guerra hay que proseguir? ¿Qué paz se necesita por lo menos proponer, si no imponer?

La guerra comenzó como una guerra de secesión entro dos Estados nación en reformación, fundados cada uno sobre una etnia/religión dominantes [Nota 1] Se transformó en una guerra para que Serbia recuperara todos los territorios habitados por serbios en Croacia y luego en Bosnia Herzegovina. Pero en un segundo estadio se convirtió en guerra de liquidación de la única nación de Europa oriental cuyo carácter propio era ser multietnica. Esta guerra corre el peligro de verse seguida por la eliminación masiva de los albaneses mayoritarios en Kosovo, por una purificación serbia de Voivodina y un desmantelamiento de Macedonia, que se vería repartida entre Serbia, Grecia y Bulgaria.

Este proceso se inscribe geográficamente en unos espacios donde los imperios otomano, austrohúngaro y rusoviético habían constituido patchworks con religiones y nacionalidades extremadamente diversas. Se inscribe históricamente, tras la caída del comunismo y la crisis que de esto resultó, en el surgimiento de etnonacionalismos virulentos que reivindícan la soberanía absoluta en territorios donde viven minorías, que prímero se vuelven extranjeras y luego enemigas. La primera tragedia se juega en Armenia-Azerbaidjian, Georgia, Moldavia. Existe el peligro de que no solamente prosiga en la exYugoslavia, sino en otros lugares, particularmente en el ex-imperio rusoviético.

La guerra de Bosnia es entonces un momento, un episodio de un proceso que ya había comenzado en otro lugar y que tiene muchas posibilidades de extenderse más allá de sus fronteras actuales. Pero es el episodio más cercano al corazón de Europa, el más desastroso para Europa, porque revela la impotencia profunda de la Unión Europea, porque hirió a la única comarca donde, durante siglos, ha habido una convivencia entre poblaciones de diversas religiones, a pesar de erupciones explosivas debidas a los conflictos entre imperios (el austríaco y el otomano), y luego a conflictos entre ustachis y chechniks, consecutivos a la ocupación nazi. Es, a diferencia de las regiones del Cáucaso y más allá, el único lugar donde Europa puede intervenir eficazmente.

Además, la guerra de Bosnia cambió de carácter. Guerra de defensa de esta nación multiétnica contra el despedazamiento, no pudo evitar el desmembramiento y la constitución de una Bosnia serbia, luego de una Bosnia croata, con las limpiezas étnicas que esto implicó. ¿Qué é queda de la Bosnia multiétnica? En algunas ciudades sitiadas la fraternidad étnica ha comenzado a descomponerse.

¿Cuál es la guerra que prosigue la Bosnia reducida cada vez más a sus territorios musulmanes? Es una guerra que volvería viable a una nación bosnia en lugar de hacer de ella un bantustán. Podemos esperar, entonces, sobre todo si hay una suspensión del embargo que coloca en desventaja a Bosnia en cuanto a armamento pesado, que se constituya un territorio coherente, dotado de un acceso al río Save y al mar (cosa que estaría asegurada además por la confederación croata-bosnia si ésta se mantiene).

Pero esto al mismo tiempo significa que hay queperder la esperanza de la resurrección de la Bosnia Herzegovina anterior. Esta Bosnia Herzegovina es desde ya un cadáver que ninguna Isis podría volver a pegar. Es el fin de una realidad multisecular que se había desarrollado bajo el imperio otomano y bajo el imperio austrohúngaro y que ha sido destruida por la concepción del Estado-nación monoétnico. Es tomar conciencia plena de la irremediable pérdida para los Balcanes, para la Europa de hoy, pérdida que amenaza con destruir a la Europa futura antes de que se construya.

Por otro lado, es necesario que tomemos conciencia de que la guerra misma radicaliza lo peor, los odios nacionalistas y religiosos dementes, los poderes dictatoriales donde sólo los histéricos etno-nacionalístas tienen el control y la palabra. Cuanto más se prolonga la guerra, tanto más se agrava la radicalización en el sentido de oscurantismos y fanatismos.

Es necesario darse cuenta de que el promotor de la guerra no es sólo el enemigo, sino que su continuación se nutre también de la radicalización, que a su vez nutre a la guerra, dislocando lo que estaba mezclado, oponiendo lo que se encontraba unido.

Sólo la paz permitiría el arranque de una dinámica de democratización en Serbia y en Croacia, dándole la palabra a las oposiciones hoy amordazadas, a los pacíficos y a los innumerables yugoslavos mestizos. Sólo una pacificación democrática permitiría concebir nuevas fórmulas asociativas, no solamente en Bosnia Herzegovína, sino también en la ex-Yugoslavia.

Pero en este punto se enfrentan dos conminaciones contradictorias:

1. no se puede concebir aceptar como paz el diktat serbio que convertiría a Bosnia en un territorio estrafalario e incoherente;

2. no se puede concebir dejar que se prolongue la guerra que canceriza la región y Europa.

Ahora bien, no conviene oponer, como hasta ahora, negociación e intervención. De hecho, si hubiera habido una amenaza real de intervención, la negociación habría podido acabar en numerosas ocasiones, e incluso antes de la agresión contra Bosnia Herzegovina. Los negociacionistas hablan sobre todo de evitar la hipótesis de la intervención, lo cual sabotea la negociación. Los intervencionistas quieren golpear a los serbios sin proponer una perspectiva de paz (desgraciadamente eso ya es imposible), sino el restablecimiento del statu quo anterior.

La suspensión del embargo militar sobre Bosnia debe ser una amenaza que pese en la negociación, del mismo modo que la suspensión condicionada del embargo económico sobre Serbia podría ser una incitación a aceptar las condiciones de una propuesta de paz.

¿Cuáles serían estas condiciones?

1. La salvaguarda de las ciudades poliétnicas como Sarajevo, Mostar, Goradze, Bihac, que en un primer tiempo verían su territorio bajo la protección de la ONU, y posteriormente se integrarían con su estatuto particular en una nueva confederación.

2. La delimitación de una Bosnia con fronteras coherentes, con acceso al mar y al río Save, así como la consolidación de una confederación croatabosnia que, después de unas elecciones libres, podría integrar la Bosnia Serbia. Si la configuración geográfica tuviera que privilegiarla, la confederación volvería posible la fórmula de la cantonización.

3. Las fronteras entre las tres Bosnias y las fronteras entre las naciones de la ex-Yugoslavia deberían ser permeables a las personas y a los bienes como lo son las de la Unión Europea. No se trata de resucitar a la exYugoslavia, sino de reencontrar una viabilidad económica para territorios hasta ahora complementarios, y una viabilidad humana por medio del retorno a las comunicaciones interpersonales y familiares que, tras las peores atrocidades mutuas siempre se han reconstituido intactas --como después de 1945.

A pesar de las purificaciones étnicas realizadas, sólo una paz como ésta permitiría restablecer no ya la antigua interpenetración, sino un mosaico multiétnico (sobre una base de confederación y/o cantonización). De todas maneras, sería muy difícilmente viable la creación de un territorio musulmán homogéneo y aislado.

La detención de los combates sobre estas condiciones constituiría el andamio para una pax europea, dado que sería lo único que podría evitar la propagación de la barbarie en Kosovo, Voivodina, Macedonia y en los países ex-soviéticos. Dicha paz sólo puede fundarse sobre el principio de la asociación. Este principio fue el que permitió que Europa del Oeste dejara atrás los dos males que habían acompañado el nacimiento y la vida de los Estados-Nación. Uno la obsesión purificadora, que primero fue religiosa, luego racial y que hoy es etno-religiosa. La guerra de Yugoslavia es uno de los avatares recientes de la obsesión purificadora, en el contexto heredado de dos ex imperios. Ahora bien, ésta se calmó en las naciones a la vez poliétnicas, polirreligiosas, laicas y democráticas del oeste europeo, y sólo el mantenimiento y el desarrollo de la asociación europea puede exorcizar al espectro purificador. La otra obsesión ha sido la sacralización de las fronteras nacionales, también rebasada hoy en el Oeste, gracias a su permeabilización.

Ahora bien, estos dos males se han vuelto virulentos en el Este a causa de los impulsos etno-nacionales y Bosnia, que fue la víctima suprema, no podrá encontrar su salvación en una pureza étnica ni en una frontera sacralizada. Entonces, el antídoto efectivo contra los males de la guerra de Yugoslavia es el principio asociativo europeo que, al mismo tiempo, será el medio para reconocer las soberanías de los nuevos Estados-nación, retirándoles su carácter absoluto, es decir, integrándolos.

La necesidad asociativa es multiforme. Ciertamente, hay que tener la esperanza de encontrar un lazo asociativo nuevo entre las naciones de la exYugoslavia, pero también es necesario intentar crear asociaciones interbalcánicas y danubianas que deberían inscribirse dentro de una gran Confederación Europea. De todas formas, una forma específica de inserción de una confederación de Bosnia Herzegovina a la Unión Europea es necesaria y urgente, y puede precipitar la formación de la gran Confederación Europea, que permitiría la nueva solución. Todo esto es posible, pero falta la cristalización de una voluntad política, armada con un poder de intervención creible.

Está claro que si no fueran propuestas a los beligerantes las condiciones de paz que he enunciado, no podríamos evitar las peores consecuencias de la guerra. Sería necesario dar a Bosnia los medios para defenderse, suspendiendo el embargo de las armas (no basta con comprobar que Bosnia tiene fábricas de armamento o que recibe armas por vías diversas; no tiene acceso a armas pesadas y la aviación, decisivas fuera de las zonas montañosas).

Estamos en una situación trágica porque, a pesar del electroshock electoral creado en Francia por la Lista Sarajevo en las elecciones europeas, siguen estando ausentes la conciencia y voluntad políticas que faltaron en los momentos decisivos en los que se pudo prevenir y luego detener la guerra. Los procesos de disolución siguen más activos que los de asociación. Nuestra impotencia frente al espectáculo de los males que devasta al mundo tranquiliza a la inacción en Bosnia-Herzegovina, cuando podríamos no ser impotentes sino activos.

Ni siquiera nos damos cuenta de que la línea sísmica donde se enfrentan con virulencia Oriente/Occidente, Ricos/Pobres, Laicidad/Religión, Islam/Cristianismo/Judaísmo, se ha propagado desde el Medio Oriente hacia el oeste mediterráneo, y arrasa a la ex-Yugoslavia, despertando cada vez más el antagonismo catolicismo/ortodoxia. No nos damos suficiente cuenta de que los países ex-soviéticos también corren el riesgo de trastornarse. La Unión Europea ha elegido la miopía, la sordera y la palabrería.

Una máquina infernal puesta en marcha en 1933 tomó una progresión irresistible en 1937, 38, 39 hasta la catástrofe de 1940. Quizá otra máquina infernal se puso en marcha en 1992. ¿Acaso el peligro despertará la conciencia que produzca el sobresalto? De todas maneras, es urgente escuchar a Casandra.


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