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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

LA UTOPÍA DEL AMOR EN LAS OBRAS DE VLADIMIR SOLOVIEVY NICOLAI BERDIAEV

Author: Mijail Málishev[Nota 1]Y Manola Sepúlveda [Nota 2]


El tema del amor empezó a discutirse en la filosofía rusa a finales del siglo XIX lo cual confirma, una vez más, la acertada observación de Hegel de que el búho de la sabiduría inicia su vuelo en los crepúsculos. Esto no significa que la problemática del amor era desconocida en la cultura rusa antes de esta época. Grandes escritores, como Pushkin, Lérmontov, Necrasov, Turguenev, Goncharov, Dostoievski, Tolstoi, Chejov mostraron, en sus imágenes artísticas, la universalidad y los rasgos peculiares de este sentimiento eterno.

El tema del amor ocupa un lugar importante en la obra de Dostoievski (1821-1881). La belleza que, según su opinión, debe salvar al mundo, lo salvará sólo a través del amor: el corazón debe poseer primero la visión de la belleza y luego ésta encenderá en aquél el amor salvador. Las ideas mesiánicas sobre el amor en la obra del escritor ruso se entretejen con la representación de enormes fuerzas pasionales que a menudo conducen a sus héroes a la ruina. Dostoievski muestra que el amor quema y escinde las almas de sus personajes cuyas vidas frecuentemente terminan en tragedia. La escisión interior del hombre engendra la voluptuosidad que es consecuencia de la soledad y del aislamiento en el recinto hermético de su "yo". El otro polo del amor-la compasión- tampoco es capaz de salvar la personalidad del "demonio de la voluptuosidad", puesto que en la compasión no se da la totalidad del espíritu, sino su desgarramiento. Dostoievski muestra que hasta el príncipe Mischkin, un hombre puro e inocente, a pesar de la gran piedad y compasión que sentía por sus amadas era portador de un amor enfermo que atraía no tanto la felicidad sino la ruina.

Otro gran escritor ruso, Tolstoi (1828-1910) mostró que el amor está vinculado con la muerte, tanto por los obstáculos que se requiere superar para su realización como porque el enamorado se da cuenta de la fragilidad del ser en general y de su existencia en particular. Andrei Bolkonski, personaje de Guerra y Paz, herido mortalmente en combate siente que su amor, que presupone la integridad de sus pensamientos y sentimientos, de alguna manera misteriosa está vinculada con la armonía del universo y ve en la muerte su principal enemigo. Él se enfrenta a su inevitable fin y entonces comprende que sólo el amor puede contraponerse a la nada, porque es el verdadero rival de la muerte y sólo él puede traer consolación. "El amor. ¿Qué es el amor? El amor impide la muerte. El amor es la vida. Todo lo que comprendo lo comprendo tan sólo porque amo. Todo existe sólo porque amo. Todo está unido por el amor. El amor es Dios, y morir significa para mí, partícula de amor, volver a la eterna fuente común."[Nota 1]

La literatura rusa formó un espacio artístico y estimuló las reflexiones de Rózanov, Berdiaev, Florenski, Bulgakov, Merezkovski, Frank, Karsavin, Losski quienes fundaron la tradición filosófica del Eros ruso. En el origen de esta tradición está la doctrina de Vladimir Soloviev (18531900), cuya figura multifasética aún es poco conocida en la historia del pensamiento filosófico.

Al tema del amor Soloviev lo trata en muchos de sus trabajos, pero la obra más importante donde lo desarrolla son sus ensayos "El sentido del amor" publicados por primera vez en la revista Cuestiones de filosofía y psicología durante 1889-1892.

Soloviev dice que comúnmente la gente se inclina a entender el sentido del amor sexual en la reproducción del género biológico y por eso las relaciones amorosas se confunden con el instinto de la reproducción. Pero esta opinión, según el filósofo ruso, es refutada por la simple observación de que la reproducción de los organismos puede llevarse a cabo sin el amor sexual. Por eso la reproducción como tal no tiene nada que ver con el sentido del amor. Entre los seres vivos que se reproducen por medio sexual, la fuerza de la reproducción se debilita en la medida de su ascensión por la "escalera de la evolución", mientras que, por el contrario, la fuerza de atracción aumenta. Si en un polo de la vida se encuentra la reproducción sin amor y en otro el amor sin la reproducción, se puede decir que estos dos fenómenos no están vinculados entre sí. Cada uno tiene su significación y su sentido independiente. Lo mismo sucede con el amor en el mundo humano, donde aquél asume un carácter individual en virtud del cual sólo esa persona concreta del otro sexo tiene la significación absoluta y el valor en sí.

Soloviev cuestiona las tesis sobre el amor de Schopenhauer y Hartmann, según las cuales el sentimiento amoroso es provocado por la Voluntad Universal para la producción de la descendencia viable y, por consiguiente, cuanto más interés tiene la Voluntad de producir,un hombre sobresaliente con más fuerza atrae a los enamorados. Al suponer la reproducción como objetivo del amor, esta doctrina concibe dicho fenómeno como una artimaña de la naturaleza que a través de la selección de las parejas persigue sus propios fines: crear más individuos con destacadas cualidades o engendrar genios. Pero, en realidad, afirma Soloviev, no hay nada de eso: no existe ninguna relación entre la fuerza de la pasión amorosa y la cantidad y calidad de la descendencia. El amor intenso frecuentemente no deja prole. Desde el punto de vista de la doctrina del amor de Schopenhauer y Hartmann, la enorme pasión de Verter a Carlota hubiese tenido que demostrar que precisamente con Carlota el joven enamorado tuviera que producir una descendencia muy importante en aras de la cual la Voluntad Universal excitó en este desdichado hombre el sentimiento extraordinario. Pero esta gran pasión condujo a Verter al suicidio que, según Soloviev, demuestra una vez más la vulnerabilidad de la doctrina que ve el sentido del amor en la reproducción. La aguda intuición poética de la realidad no permitió a Ovidio y a Gogol que sus personajes -Filimón y Bauquida, Afanasi Ivanovich y Puljeria Inanovna- tuvieran hijos. La misma intuición separó a Tristán de Isolda, a Romeo de Julieta y los condujo a la muerte. Tanto el arte como la vida, dice Soloviev, nos dan una gran cantidad de ejemplos de este tipo que confirman que no existe ninguna correspondencia entre la fuerza del amor y la cantidad y calidad de la descendencia.

Según el pensador ruso, la justicia de esta tesis también se confirma en la Biblia. El hecho central de la historia bíblica -el nacimiento Mesías presupone la Providencia en la selección y unión de los antepasados de Jesucristo. Pero el amor como tal no tuvo nada que ver con este proceso. Por supuesto que el amor se encuentra en la Biblia, pero como un sentimiento independiente y no como instrumento del proceso cristológico. En la larga cadena de nacimientos de los antepasados de Jesucristo éstos más bien fueron frutos de la fe que del amor. Todo esto indica que el amor como sentimiento subjetivo tiene un valor incondicional para la vida personal del hombre y no es un instrumento exclusivo para los fines ocultos de la reproducción del género humano.

Según el pensador ruso, la individualidad del hombre se determina por la fuerza del egoísmo. Pero el egoísta es sólo una partícula en la totalidad universal; él vive aisladamente y, por consiguiente, fuera de la verdad existencial. El ser egoísta suele ser capaz de percibir su propia significación incondicional y su dignidad absoluta. Y, en el mejor de los casos, él reconoce la dignidad de los otros racionalmente. El individuo se percibe a sí mismo como centro del universo y tal visión le separa de los demás. Precisamente porque el egoísmo -la barrera entre mi "yo" y los "yos" de los demás- es concreto y real es imposible superarlo sólo por la razón. Felizmente existe una capacidad milagrosa que elimina esta barrera y la supera no sólo en la conciencia abstracta sino también en el sentimiento interior, en la voluntad vital. Precisamente esta fuerza hace al hombre reconocer la significación incondicional y la dignidad absoluta del otro ser humano. Y esta fuerza es el amor que supera el egoísmo y permite a los enamorados vivir en la "verdad". "El sentido del amor humano en general es la justificación y la salvación de la individualidad humana a través del sacrificio del egoísmo" [Nota 2]. Según esta opinión de Soloviev, la falsedad del egoísmo consiste en la negación de la dignidad e individualidad irrepetible en los otros seres humanos. La paradoja del egoísmo es que al pretender afirmar su propia dignidad, en realidad, la destruye porque pone en primer plano las cualidades de su bienestar en detrimento de los principios que le permitirían realizar sus potencialidades creativas.

Según Soloviev, el egoísmo, como fuerza real que arraiga en la profundidad de cada hombre, se supera a través del amor y, en primer lugar, en virtud del amor sexual entre el hombre y la mujer. En otros tipos de amor están ausentes la igualdad y el entendimiento mutuo, ingredientes que a veces obstaculizan el reconocimiento verdadero del otro ser humano. Por ejemplo, en el amor místico el objeto se reduce a la indiferencia absoluta que absorbe la individualidad del hombre. En este tipo de amor el egoísmo se diluye en el mismo sentido en que se desvanece la conciencia cuando el hombre duerme. En el amor místico la existencia del objeto conduce a la pérdida del sujeto, que se sumerge en un sueño profundo y cuando vuelve a la realidad se pierde el objeto de su adoración: en lugar de unidad absoluta surge la pluralidad abigarrada de la vida real.

En su artículo "El amor", publicado en el Diccionario Enciclopédico ruso de Brokhauz y Efron, Soloviev examina este tema a través de la reciprocidad entre el sujeto y el objeto. Él distingue tres tipos de amor: el amor descendiente, que da más de lo que recibe; el amor ascendiente, que recibe más que da; y el amor donde los sentimientos entre el sujeto y el objeto están equilibrados. El amor de los padres a los hijos corresponde al primer tipo; el amor de los hijos a sus padres al segundo y el amor sexual al tercero.

El amor paterno y, en particular, el amor de la madre a sus hijos se asemeja en intensidad a los sentimientos del amor sexual. Y sin embargo, en el amor materno, según Soloviev, no se alcanza plena reciprocidad porque la madre y sus hijos pertenecen a diferentes generaciones y el amor de la madre no puede valer para sus hijos lo mismo que el amor de los hijos vale para su madre. Frecuentemente, la madre es capaz de sacrificar su egoísmo en aras de sus hijos pero, a la vez, ella arriesga a perder su independencia, que conduce al crecimiento del egoísmo de sus hijos. Además, en el amor materno no hay ni el reconocimiento absoluto del objeto del amor, ni el respeto verdadero a la individualidad del otro. Para la madre su hijo vale sin más.

Por lo que se refiere a otros tipos de amor -la amistad, el patriotismo, el humanismo- siendo muy importantes, no consiguen anular el egoísmo a causa de la inconmensurabilidad entre sujeto y objeto del amor. El hombre, concluye Soloviev, puede hacer muchos sacrificios, incluso entregar su vida por su pueblo o por la humanidad, pero no puede realizar su verdadera individualidad, crear de sí mismo una nueva persona sobre la base de este tipo de amor. Según el pensador ruso, sólo el amor sexual nos hace reconocer en el otro aquella significación y dignidad que sentimos en nosotros mismos en virtud de la fuerza del egoísmo.

Según su punto de vista, en nuestros sueños aspiramos a la unión plena y eterna con el objeto de nuestro amor. Pero, en realidad, la poesía de la plena unión resulta pasajera. El ardor de los sentimientos paulatinamente se evapora y el encanto del enamoramiento se convierte en la prosa de la aburrida coexistencia cotidiana. El ideal del amor eterno fracasa por su concreción trágica. El amor siempre aspira a la infinitud, siempre tiende a superar los límites de este mundo. Según Soloviev, el amor es trágico porque fracciona su objeto en el proceso de su encarnación en el mundo empírico. La mutilación de la esencia ideal del amor, Soloviev la vincula con el fetichismo. Según su opinión, esta enfermedad emocional consiste en que el objeto del amor se percibe por el enamorado no como la individualidad orgánica conjunta de alma y cuerpo, sino reducida a algunas cualidades aisladas: por ejemplo, el cabello, los ojos, la voz, el intelecto, que enloquecen al enamorado y por tanto, adquieren para él un sentido de fetiche. El fetichismo lleva a la escisión de la individualidad íntegra de la persona amada. El amor carnal que aspira al placer fisiológico es un ejemplo típico de la manifestación del fetichismo. Pero el amor espiritual que se avergüenza por la espontaneidad de los placeres eróticos, que califica la alegría de la unión de los cuerpos como voluptuosidad sucia, se degenera también en hipocresía y, por consiguiente, es otra fuente de fetichismo. Al reconocer la importancia del cuerpo, el pensador ruso a la vez afirma, la necesidad de elevación y purificación del sexo para que el amor pueda ser realizado plenamente.

Para la realización del sentido ideal del amor se exige la unión de dos seres aislados que podrían formar una personalidad absoluta e ideal planteamiento que recuerda el proceso de ascensión del Eros platónico. En la realidad empírica el hombre no goza de la plenitud de su individualidad; él existe sólo en su individualidad limitada y en su sexo determinado como hombre o mujer. Señala Soloviev: "el ser humano auténtico en la plenitud de su persona ideal no puede ser sólo un hombre o sólo una mujer, sino debe ser la unidad de ambos. Realizar esta unidad, crear los hombres verdaderos como la unión de los principios varoniles y femeninos, aunque formalmente separados, debe ser la tarea para el amor."[Nota 3] Y esta tarea se desprende de las intenciones primordiales de los enamorados, de su aspiración a la fusión total en una pareja unida por lazos inquebrantables. Los enamorados quieren unir sus cuerpos pero su naturaleza material no lo permite. Mas ellos no son sólo cuerpos, también son almas, lo que significa que el sentido superior del amor se alcanza a través de la unión de los enamorados con el Alma Mundial. La fuerza del amor, dice Soloviev, tiene que conducir al seno de la Feminidad Eterna que simboliza la verdadera predestinación humana. La plasmación de este principio en la vida individual engendra resplandores de bienaventuranza celestial familiares a cada hombre o mujer que alguna vez estuvieron enamorados.

Para Soloviev el amor es una fuerza real que interviene en la vida y no sólo una vivencia subjetiva. Así como el don de la palabra consiste no sólo en hablar por hablar sino en transmitir el pensamiento, la verdadera vocación del amor consiste en la encarnación de la esencia física y espiritual del hombre en la práctica. En cierto sentido, el amor es el restablecimiento de la totalidad de la personalidad humana, la creación de la individualidad absoluta. "En el sentimiento del amor, en su sentido superior, afirmamos la significación incondicional de nuestra persona. Pero la individualidad absoluta no puede ser perecedera o vacía. La inevitabilidad de la muerte y la vacuidad de nuestra vida son absolutamente incompatibles con la exigencia de nuestra individualidad y la del otro unidas por los lazos del amor. El sentimiento del amor, si es fuerte y consciente, no puede reconciliarse con la futura vejez, con la muerte de la persona amada o con la destrucción de nuestra propia persona. [Nota 4]

Algunos creen en la inmortalidad del alma, pero la experiencia de los enamorados muestra insatisfacciones ante esta fe abstracta. En el amor el hombre ama la individualidad del otro en su totalidad concreta. Quien ama no puede reconciliarse con la inevitabilidad de la futura desaparición del ser amado y no sólo de su alma, sino también de su cuerpo. Por eso el amor presupone la inmortalidad del ser amado en su totalidad. Todas las otras expresiones de la vida social no exigen esa inmortalidad: la ciencia, el arte, la política satisfacen necesidades históricas perecederas pero no comunican un sentido absoluto a la individualidad. Sólo el amor lo necesita y sólo éste llena la vida del hombre de un sentido absoluto y le hace protestar contra la inevitabilidad de la muerte.

El amor verdadero, según el pensador ruso, excluye la robinsonada. Los enamorados nunca viven en una isla desierta, sino en un medio social. Por consiguiente, la superación del egoísmo no puede estar limitada a la transferencia de los cálidos sentimientos del amante al amado. La pareja separada de todos los demás hombres, tarde o temprano, perderá el amor. La existencia de la individualidad en su pleno sentido se realiza en el desarrollo conjunto con otros hombres. En este punto la doctrina de Soloviev se acerca a las ideas del pensador ruso Nicolai Fiódorov, quien consideraba que la tarea principal del género humano consiste en la lucha contra la muerte, en la eternización del hombre y en el retorno de todos los desaparecidos de la vida, es decir, en la resurrección de los muertos, En este sentido, la tarea de perfeccionamiento de los individuos, es inseparable del proceso de la unión universal, del alcance de la inmortalidad y la resurrección de todos los seres humanos que vivieron en esta tierra.

Como Fiódorov, Soloviev sueña en eternizar la vida del hombre a través del verdadero amor. Su ideal del universo perfecto es aquél donde existe la integridad de todos y, a la vez, la autonomía individual. El pensador ruso propone transformar la oscura energía sexual inconsciente en conciente y creativa, dirigida al conocimiento del mundo y a la restauración de la vida perdida de las generaciones pasadas. Si la existencia inauténtica consiste en la impenetrabilidad en los mundos interiores de los hombres y en sus mutuas repulsiones, el fundamento de la vida auténtica presupone la capacidad de encontrar en los otros el complemento positivo de su ser. No dominar al otro, no supeditarlo, sino entablar con él lazos de auténtica solidaridad, tales deben ser las relaciones humanas en la sociedad futura.

La doctrina de Soloviev es un sueño de transformar al mundo según propuestas de conciencia utópica. Al pensador ruso le inspiran no tanto las imágenes concretas del futuro, sino la aversión al presente teñido de egoísmo y desesperanza. Pero en vez de elaborar vías concretas de cambio o de precisar el cuadro del futuro, Soloviev hace hincapié en el impulso ideal del amor sexual en su proyección utópica en la pantalla de la eternidad, mientras que el camino para su alcance se pierde en la nebulosidad de un sueño.

El discurso de Soloviev sobre el amor está marcado por nobles intenciones, pero la familiarización con esa utopía suscita no pocas dudas. Como ya hemos mencionado, según él, el amor es la salvación de la individualidad a través de la superación del egoísmo, lo cual presupone que los que aman deben entregarse abnegadamente. Pero surge la pregunta ¿y si el amor no es recíproco? Soloviev no toma en consideración esta situación. Para él cualquier amores la imagen empírica del amor a Dios, un símbolo de la alegría, del éxtasis y de la admiración. Pero aquí se confunde el amor con sus posibles consecuencias, que tienen matices emocionales positivos. "Pero no es menos cierto que el amor es a veces triste como la muerte, tormento soberano y mortal. Es más: el verdadero amor se percibe mejor a sí mismo y, por así decirlo, se mide y se calcula a sí mismo, en el dolor y sufrimiento de que es capaz."[Nota 5]

La concepción del mundo de Soloviev en muchos aspectos es diametralmente opuesta a los principios filosóficos de Nietzsche. Para el pensador ruso, quien predicaba la armonía universal y buscaba la justicia del bien, el vocero de una moral "más allá del bien y del mal" le parecía el Anticristo. En su ensayo "La idea del superhombre" Soloviev escribe: "El lado malo del nietzscheanismo salta a la vista: el desprecio al hombre débil y enfermo, el concepto pagano de la fuerza y de la belleza, la adscripción a sí mismo con antelación de la importancia exclusiva y sobrehumana --de manera personal y colectiva, como a la minoría elegida de los "mejores", es decir, más fuertes, talentosos, poderosos, los dueños de la vida" a quienes todo les es permitido- tales son los errores evidentes del nietzscheanismo."[Nota 6] Y sin embargo, según el pensador ruso, en la filosofía de Nietzsche, se encuentra alguna verdad que le atrae las almas vivas. Y esta verdad se encierra en la palabra "superhorribre". Todo depende del sentido que se le dé a esta palabra. El hombre, sostiene Soloviev, por su esencia es un ser crítico, le es inherente el sentido de la angustia, el descontento de las formas existentes de su vida y la aspiración a las formas superiores del ser. Él siempre quiere ser más y mejor a lo que en la realidad es y por eso aspira al ideal del superhombre: "si él lo quiere realmente, él lo puede y si puede él debe". [Nota 7] También piensa que la historia de la humanidad demuestra que el hombre se trasciende a sí mismo, supera el presente y se plantea tareas que ayer le hubieran parecido utópicas. El sueño superior que el hombre todavía no se ha planteado como tarea real, es su aspiración a la inmortalidad.

Ya en la aurora de la civilización humana Gomero estableció que hay dos categorías principales de seres: los hombres y los dioses, los unos mueren y los otros son inmortales. Desde tiempos remotos las palabras "hombre" y "mortal" llegaron a ser sinónimas. Todos los animales mueren pero a nadie se le ocurre llamarles "mortales". Este atributo es inherente al hombre porque él conoce la inevitabilidad de su fallecimiento, y sin embargo esta conciencia siempre le origina angustia porque no quiere reconciliarse con su suerte. El animal no toma conciencia de su muerte y por eso para él tal problema no existe. "El hombre es ante todo y en particular, un ser mortal en el sentido de que la muerte lo vence, lo supera. Esto quiere decir que el "superhombre" debe ser ante todo y en particular, el vencedor de la muerte..."[Nota 8] Según Soloviev, superhombre como ser inmortal todavía no existe, pero existe el camino que conduce a ese ideal. Para descubrir esa vía es necesario sentir en sí la vocación de superhombre, cuya condición inicial presupone la superación del propio egoísmo. El hombre que siente en sí esta vocación está dispuesto a luchar contra su propio mal, mientras que los pregonadores del superhombre suelen idealizar el egoísmo, elogiar esa fuerza brutal encubriéndola por el velo de la belleza.

Destaca Soloviev que tal estetización del mal y el egoísmo fue inherente al poeta ruso Lérmontov, en este aspecto precursor de Nietzsche: "El amor no podía ser para Lérmontov el principio vital porque a él básicamente le interesaba su propio estado amoroso."[Nota 9] En virtud de sus dotes geniales él hubiera podido comunicar a sus contemporáneos y descendientes el movimiento poderoso hacia arriba, hacia la verdadera superhumanidad. Pero en lugar de luchar contra el demonio de la soberbia el poeta elogiaba al príncipe de las tinieblas.El sentimiento del amor, según el filósofo ruso, presupone no sólo la lucha contra el egoísmo -cuya manifestación superior es la soberbia- sino la unión con el ser amado y a través de esta fusión, el alcance de la bienaventuranza en el seno de la Eterna Feminidad, la unión con Dios. Sólo este tipo de amor, subraya Soloviev, podría ser la condición de la existencia del hombre en la verdad. El objeto celestial del amor siempre es el mismo, la Feminidad Eterna de Dios.

La utopía de Soloviev fue percibida con gran entusiasmo por muchos pensadores y artistas rusos. Sus ideas fueron adoptadas y desarrolladas sobre todo por Nicolai Berdiaev en su doctrina sobre Eros. Según su opinión "El banquete" de Platón y "El sentido del amor" de Soloviev son lo más profundo e interesante de todo lo que han escrito los filósofos sobre el tema.[Nota 10] Para Berdiaev el misterio del amor y el tormento del sexo, simbolizan la aspiración de superar la ruptura trágica de los sexos y alcanzar la individualidad eterna por la unión mística. Sólo la individualidad perfecta no muere ni crea instantes posteriores. Cuando se exclama: "deténgase el instante, eres bello", quiere decirse que la belleza como perfeccionamiento absoluto no debe engendrar otro momento y quedarse así por eterno, pues sólo lo imperfecto fluye en el tiempo.

Berdiaev aprecia altamente la doctrina de su predecesor porque según su opinión, Soloviev entendió adecuadamente los legados de Cristo sobre la Afrodita Celestial y el Eros Divino. En la historia del cristianismo, sostiene Berdiaev, estos legados a menudo fueron interpretados incorrectamente como prédica del ascetismo, la negación del sexo y del amor. Además estas hazañas ascéticas se predestinaban sólo a los elegidos que dedicaban su vida a Dios. Con base en esta interpretación crecieron las flores negras del monacato medieval y toda la penosa lucha contra la tentación de Eros. La misión del ascetismo cristiano era puramente negativa. Pero la comprensión del pecado del sexo, de la vileza de los instintos naturales no es toda la verdad de la palabra de Cristo. "Una cosa es indudable: El Eros de Cristo es la inclinación positiva mística, el enamoramiento místico, la alegría mística. Cristo no sólo restableció el mandamiento del Viejo Testamento, sino también dio el Nuevo Testamento y mostró la nueva unión. A la comunidad primitiva de los creyentes en Jesús le había sido familiar la alegría del Eros cristiano y esta alegría es conocida en cualquier amor verdadero, lo que significa la unión positiva y no sólo la compasión negativa."[Nota 11] Según tal opinión, la nueva conciencia religiosa no debe suprimir el amor carnal sino transformarlo en espíritu de Afrodita Celestial.

Según Berdiaev, el cristianismo fue la fuente del romanticismo y del culto caballeresco a la Dama Hermosa. La nueva doctrina sobre el amor, -entre cuyos partidarios Berdiaev incluye a Soloviev y a sí mismo hereda el culto medieval de la Eterna Feminidad y afirma la dignidad divina de la personalidad humana. Según su opinión, la nueva conciencia religiosa es continuación de las mejores tradiciones del romanticismo: "El romanticismo, está lleno de presentimientos y presagios, pero no rebasa los límites de las buenas intenciones, todavía le falta el verdadero realismo místico, puesto que aún no han llegado los tiempos para la realización del nuevo amor divino en el mundo, aún no se han revelado muchos secretos. Y nosotros no necesitamos regresar al romanticismo, sino ir más adelante. Pero tenemos que recurrir permanentemente a la verdad y a la belleza del romanticismo en el amor, donde está ausente este demonio que elogia el género humano, donde no existe la dependencia esclava del tiempo, sino donde está presente la aspiración poderosa a la eternidad, al sentido del honor y a la dignidad." [Nota 12]

Para Berdiaev el sexo como tal es un mecanismo aplastante que destruye las relaciones individuales y las somete a las tareas de la continuación del género. Esto se pone de manifiesto en el movimiento por la emancipación femenina. El pensador ruso no niega la necesidad de la independencia económica de la mujer, su liberación del poder despótico de la familia, el acceso libre a los bienes de la cultura, la igualdad de los derechos jurídicos con los hombres. Él protesta sólo contra la tendencia del movimiento feminista que tergiversa el verdadero sentido del amor. Según Berdiaev, el error principal de este movimiento se basa en la falsa suposición de que sólo el varón es el ser humano normal, que sólo él posee la plena individualidad. Los partidarios de ese movimiento creen que para conseguir el estatus de plena individualidad es necesario que la mujer sea igual al hombre. En este aspecto, considera Berdiaev, la emancipación femenina en su sentido intrínseco, es la humillación de la dignidad de la mujer, la negación de su alta vocación en el mundo, el reconocimiento involuntario de que la Feminidad es la expresión de la debilidad y del atraso de la mujer. La liberación del sexo bello se entiende aquí corno la renuncia a la Feminidad, como la liquidación de su predestinación verdadera. Pero tal liberación en realidad destruye la Feminidad, distorsiona la vocación de la mujer en el mundo, conduce a fin de cuentas al surgimiento de individuos de segunda categoría que son sólo malas copias de los hombres y no tienen los auténticos atributos de su propio sexo. "La imagen concreta de la Feminidad eterna se tergiversa cada vez más, pierde su belleza, pues se ve contaminada con todos los vicios considerados masculinos en guisa de las virtudes humanas." [Nota 13]

La mujer no es peor que el hombre, por lo menos, ella es igual a él. Pero la vocación de la mujer no es imitar al hombre, sino ejecutar su propio papel en las formas que te son inherentes. Y a esta vocación el filósofo la ve no en el nacimiento y alimentación de los niños, sino en la realización del principio metafísico de la Feminidad. Desde tal punto de vista, la predestinación de la mujer consiste en la creación de la armonía, la belleza y el ideal del amor. La mujer debe ser una obra de arte, un ejemplo de creación divina, una fuerza que inspire a la creatividad masculina. Ser Dante es una alta vocación, pero no menos alta misión es la de ser Beatrice; Beatrice es igual a Dante por la grandeza de su vocación en el mundo, ella es necesaria no menos que Dante para el fin superior de la vida." [Nota 14]

La creatividad del hombre siempre ha estado inspirada por la imagen de la Dama Hermosa. Por eso, sin la atracción mística de la mujer, sin el amor a la Feminidad Eterna el hombre no podría crear nada. Que la mujer cambie su modo de ser pero no por la imagen y semejanza de los estereotipos masculinos, sino por la afirmación de sus excelentes cualidades femeninas. [Nota 15] Berdiaev está convencido de que el deseo de ser semejante al varón lleva a la mujer a la pérdida de su identidad sexual.

Precisamente para llegar a ser una personalidad en el pleno sentido de la palabra, la mujer tiene que rechazar la falsa idea de igualarse con el hombre.

Según su opinión, la plena individualidad humana sólo se alcanza a través de la unión mística de los sexos. "La polaridad sexual es la forma principal del aislamiento y de la pérdida de la personalidad, mientras que la fusión sexual es la forma principal de la solidaridad y de la afirmación de la personalidad. Pero el misterio místico de la unión sexual consiste, justamente, en evitar la servidumbre del poder de los instintos anónimos del género, en no ser víctima de la astucia de la naturaleza pecaminosa sino en encontrar el completo orgánico en la imagen eterna de Dios..." [Nota 16]

La fusión del hombre y la mujer en una individualidad única presupone el éxtasis y el placer. El placer puede ser malo y feo, pero puede ser bueno y bello. En el primer caso es la manifestación de la servidumbre de los instintos; en el segundo, es la afirmación de la personalidad, puesto que a través del deleite amoroso se lleva a cabo la penetración mística en el "tú", en el ser predestinado por Dios. El demonio de la voluptuosidad se engendra por el fraccionamiento de los hombres en dos sexos, cuando cada cual considera el amor sólo como la utilización de los órganos sexuales del otro. Tal amor es la pérdida de la individualidad en la selva de los oscuros instintos. El deleite verdadero es la ascensión hacia la Afrodita Celestial que presupone la individualización de la inclinación amorosa. Sólo el amor individualizado merece el nombre de Eros en el propio sentido de esta palabra, como el producto más fino de la cultura mundial. El Eros de Platón por sí mismo es anónimo; él aspira a la belleza, pero a la belleza del mundo trascendental de las ideas y pasa por alto a los individuos concretos de este mundo que, en el mejor de los casos, se consideran como débiles reflejos de la belleza trascendental. El amoreros platónico, según Berdiaev, tiene que estar unido con el amor-agape cristiano. El amor que no conoce la caridad es un sentimiento aborrecible. Según Berdiaev, el demonio del sexo se vence sólo por medio del amor individual místico, en la unión de la carne y el espíritu en el seno de Dios.

Según nuestra opinión, los razonamientos utópicos de Soloviev y Berdiaev sobre el misticismo en el amor tienen un fundamento que los autores no lograron hacer suficientemente claro. Trataremos de profundizar un poco en este problema. El amor, en efecto, incluye en sí un elemento místico puesto que no conocemos sus causas; es un misterio inexplicable porque no podemos señalar el fundamento de nuestra elección. Sólo conocemos que esta causa viene de una fuerza enigmática y, en este sentido, el surgimiento del amor es un verdadero misterio.

En cierto modo el amor es un milagro, porque el hombre en el estado amoroso se transforma. Su persona empírica puede seguir siendo la misma pero, sin embargo, su estado interior es otro. ¿Qué cambió? El problema es muy complicado. Lo que pasa es que resulta casi imposible describir adecuadamente lo que sucedió en el mundo interior del enamorado tanto para el observador imparcial, como para el mismo sujeto del amor. Para este último, en verdad, este cambio es algo real, palpable y, desde el momento del enamoramiento, el cambio es inseparable de su persona. El sujeto del amor sabe de este cambio, no puede ignorarlo porque lo sucedido tiene para él consecuencias importantes. Ahora al hombre se le abrió algo nuevo que no le permite comportarse como antes: él siente, piensa, comprende de otro modo. Sucede algo semejante a lo que en religión se llama conversión.

Lo más importante en este proceso es el cambio de valores que determinan los fundamentos de su comportamiento. A veces, decía Gabriel Marcel, la "realidad del mundo invisible" da a conocer más que la realidad del "mundo visible". Y comprender porqué tiene gran significación esta "realidad invisible" es posible si consideramos que este hombre está enamorado, que dentro de su mundo interior tuvo lugar una conversión espiritual. De esta manera podemos explicar la lógica real de su comportamiento empírico. Pero y en eso consiste el enigma, es imposible ir en dirección contraria: reconstruir las causas por sus consecuencias empíricas. 0 sea, no se puede llegar a la conclusión fidedigna de que dicha persona está enamorada porque se comporta de esta manera (tal afirmación es siempre una conjetura). Ella puede comportarse como se comporta por razones pragmáticas o por hipocresía. Nosotros no disponemos de criterios infalibles para la comprensión de las vías de selección en el amor. Sólo sabemos que "como brota del centro personal, de la profundidad anímica, los principios selectivos que la deciden son a la vez, las preferencias más íntimas y cercanas que forman nuestro carácter individual". [Nota 17] Por eso el amor es un misterio, ya que nadie, ni siquiera el mismo enamorado, sabe porqué él ama precisamente a esa mujer. Dicho de otra forma, no existen recetas para amar o ser amado.

El amor siempre es un acontecimiento que sucede con el enamorado y no depende de su deseo o voluntad. La divinización del amor se engendra no sólo por el enigma de su surgimiento, sino también por el misterio de su mágica influencia sobre el mundo interno del sujeto del amor. Según su naturaleza, el amor es un principio luminoso y, como el bien, la justicia, la misericordia es un valor moral absoluto. No es casual que la sabiduría popular en los cuentos mágicos nunca responsabilicen al amor del crimen o la crueldad. Al contrario, la fuerza del amor vence al mal o a la brujería y aspira a la armonía, la plenitud y la integridad de la humanidad.

Indudablemente que el amor está vinculado con la muerte, pero en mayor grado es su negación; es el intento de detener el instante y convertirlo en eternidad. Sin embargo, la experiencia de la vida cotidiana nos dice lo contrario, que el amor se termina rápido. Y sin embargo (y en esto consiste la gran paradoja) por triste que sea la experiencia de los enamorados, a ellos les es profundamente ajena la idea del fracaso de su amor. Al sentir el amor como algo superior y sagrado, lo proyectan a la pantalla de la eternidad. Cada enamorado no puede imaginar su vida sin su amado, reconciliarse con su muerte. El testimonio verdadero del amor consiste en que el enamorado prefiere la desdicha junto a su amado a imaginar cualquier placer o felicidad sin él. Precisamente en esto consiste el verdadero sentimiento de la utopía del amor de Vladimir Soloviev y Nicolai Berdiaev.


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