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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

V.4 La democradura


Hablamos aquí de cualquier sistema político, en cualquier región del mundo donde se viviría bajo el poder imperioso de los expertos. Los poderes legislativos, si existen, se ven limitados frente al poder ejecutivo.

En el mejor de los casos, la política tradicional deja su lugar a las medidas tecnocráticas; si no, está automáticamente prohibida.

Los cambios de las identidades tradicionales y sus subordinaciones a la lógica sistemática de la oligocracia internacional alteran las formas clásicas de la democracia. La disociación de la sociedad es el coproducto de la falta de proyectos colectivos. Los movimientos sociales cada vez más escasos agotan las demandas de mantenimiento de los espacios de bienestar, fundamentalmente aisladas del resto de la sociedad. El sindicalismo ha perdido su fuerza de negociación para diluirse en la corrupción, la incapacidad y la pérdida de confianza de sus miembros. El ejemplo más contundente es el de los partidos políticos. La cadena compleja de nuestra democracia representativa se construyó a partir del ciudadano, de las organizaciones civiles y de los partidos políticos que luchaban por el poder. Las redes de representaciones que identificaban a estos actores desaparecieron y actualmente sufren una profunda desilusión. Las propuestas sociales de los partidos políticos están subordínadas a la viabilidad que permita el imaginario sistémico de la sociedad. La diferencia entre los programas de campaña y la política que luego se aplica es total. La democracia actual es un modelo elitista de equilibrio. Los electores no deciden políticamente, solamente eligen a quienes tomarán decisiones a partir de un consenso de recursos y apoyos construido previamente, que beneficia a las élites antes citadas.[Nota 3] La propia voluntad política de la fabricación de los consensos busca la necesidad de eliminar del sistema los errores cometidos.

En nuestros días la democracia es un sistema de mercado: la empresa es la élite política, el elector es el consumidor. No es una casualidad que los teóricos vigentes fueran los economistas que trabajaron sobre modelos de mercado. En efecto, el mercado cataliza la información, las necesidades y la racionalidad desde la operatividad de la lógica procesal. Nuestras decisiones políticas no son autónomas ni soberanas, sino que están perfectamente construidas como cualquier otra mercancía a través de las redes simbólicas de una sociedad oligocrática. Algunos se dirigen hacia la revolución informática, pero aquí nos encontramos frente a las mismas interrogaciones: ¿Quién formulará las preguntas? ¿Con qué criterio responderán los consensos? 0 como dice Bobbio, [Nota 4] ¿quién controlará a los que controlan?

Nuestra legitimidad democrática se encuentra fracturada. Por una parte se limita al mantenimiento de la rentabilidad y de la acumulación propia de la razón procesal. Por la otra, se limita a las pocas fuerzas de presión que quedan para encontrar o mantener una espacio en la sociedad. Lo que da una legitimidad cada vez más reducida a las filas del seguro social y a las del desempleo.


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