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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

V 5 De la universalidad a la paranoia


Desde los orígenes de la filosofía griega la razón occidental se ha ido construyendo a partir de los siguientes preceptos: producir una forma sintética de la realidad, basada en la universalidad de una razón capaz de organizarse y de validarse por la verdad. La experiencia de la realidad, de lo social y de lo político se halla sumergida en la estructura universal de una razón que implica y domina las diferentes actividades de los seres humanos. Este largo camino ha estado presente desde Platón, padre de la razón occidental y de la antidemocracia, hasta el empirismo lógico contemporáneo. El sueño y la locura del pensamiento moderno consistieron en ya no creer en la fuerza autofundadora del logocentrismo. Desde entonces, a fuerza de estar encerrado por la razón, el pensamiento se volvió loco. Sin embargo, a pesar de las innumerables críticas a la metafísica desde hace más de un siglo, continuamos creyendo que el mundo está estructurado racionalmente por sí mismo o subordinado a un sistema racional, lo cual es aún peor. La consecuencia más notable es que en nuestros días la razón se radicaliza en un alejamiento alarmante; su paranoia es más importante que cualquier problema social

Nuestra obsesión de la identidad racional es cada vez más auto-referente, y continúa soñando con el progreso. La exacerbación de esta racionalidad de identidad es más peligrosa que las armas. Los acontecimientos actuales se restringen a las referencias de un sistema de interpretación que se asume como coherente e irrefutable, como el caso clínico de los delirios paranoicos. La cultura democrática ya no piensa sobre sí misma, por la simple razón de que ni siquiera se da cuenta de que se encuentra en un mundo cerrado. Se aceptan las leyes sin ninguna crítica, como una necesidad inevitable a la cual hay que someterse. De la universalidad, hemos llegado a un sistema racional cerrado y paranoico. Además, tomada en el sentido más platónico de los términos, esta concepción de la validez-legitimidad emana de la idea de que toda diferencia es un error, por lo tanto un no-ser, o un ser malo que es necesario reorganizar.


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