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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

VI. ¿Res pública, res mundialis


El fin de la URSS, como el nazismo, no unificó al mundo. El mercado internacional oligocrático libera la marginalidad en todas las sociedades y asistimos a la creación de nuevos grupos sociales. Además, ningún Estado, nacional o supranacional, es capaz de generar ni de mantener el desarrollo social. El Norte eficientista, subordinado a las leyes de la competencia y del desarrollo tecnológico, se encuentra confrontado con la "contradicción procesal entre rentabilidad y desempleo. A partir de los parámetros vigentes, la única alternativa es el crecimiento sin creación empleos el jobless growth. El desempleo aumenta y los programas sociales se agotan. Los jóvenes, incluso egresados de posgrados, se confrontan con una sociedad que, para sobrevivir, los excluye. En porcentaje, las personas de edad no dejan de aumentar y cada vez se puede financiar menos su mantenimiento. En el año 2030, uno de cada tres alemanes tendrá más de sesenta años. La crisis de los sectores rurales acrecienta la degradación de las ciudades. Y, claro está, no hay que olvidar a los inmigrados, que sólo representan el dos por ciento de la población mundial.

Esta situación coincide con las perspectivas alarmantes del Tercer Mundo. África Negra vive en un inmovilismo sin salida y países enteros están amenazados por las epidemias. El subcontinente indio tendrá 1200 millones de habitantes dentro de 20 años sin alternativas de repartición de riquezas ni condiciones de desarrollo. Habrá 700 millones de árabes en el año 2010, de los cuales el 79% tendrá menos de 30 años y estará confrontado con el cambio de los paradigmas energéticos. En América Latina, con 400 millones de habitantes y un poco más de 600 al final del milenio, y con la tasa de natalidad más elevada del mundo (2.8% frente a 2.2% en Asia, 2.1% en Africa y 1.2% en los países desarrollados), un tercio de la población se encuentra en condiciones de extrema pobreza y más de la mitad restante en condiciones de pobreza "normal. Sin embargo, según la lógica del sistema internacional, el Tercer Mundo se ha convertido, simplemente, en exportador neto de capitales.

La caída del Muro de Berlín metió en serios problemas a la CEE, y la reconstrucción económica de los países del Este se basó sobre las mismas políticas que en el Tercer Mundo. El equilibrio de mercado deseado genera el caos, violencia y radicalización de las ganancias económicas.

Las dictaduras y las democracias formales sin ciudadanos del Sur y del Este coexisten con el vacío de goce de los ex- ciudadanos del Norte. Sin embargo, todos los grupos sociales, antiguos o nuevos, no solamente se restringen en las estadísticas de la oligarquía internacional, sino que constituyen movimientos que vuelven a cuestionar los espacios de la legitimidad de la organización política. Del mismo modo que las identidades culturales que rebasan las fronteras y que la economía, que se internacionaliza alejándose de las sociedades, paralelamente se instalan los problemas de la marginalidad mundial.

Los enfermos y los desempleados, la desesperación y los sociópatas, la ausencia de porvenir y la fatiga eterna coexisten con la alerta ecológica. Evidentemente, la ciencia posee las condiciones para resolver las necesidades de desarrollo de la humanidad en su conjunto; sin embargo, nuestros problemas no son científicos, sino sociales, y estos últimos se limitan al GATT, a los acuerdos entre la CEE y los Estados Unidos y a la intervención humanitaria en Somalia.

El contrato social ya no basta, pues la legitimidad ya no se limita a los fundamentos del poder entre el sujeto y la sociedad tal como los ha concebido la filosofía política clásica. El Fin del fundamentalismo logocéntrico es también el fin de la legitimidad político- social de los últimos cuatro siglos. La conciencia de la identidad y la universalidad de la razón se construyen excluyendo al Otro del pensamiento puro. Éste podía ser aliado o enemigo, esclavo, colono o ciudadano, pero sin formar parte de mi razón. Este modelo fue el eje de la nacionalidad consensual y la fuente de las disciplinas sociales. Actualmente nos vemos obligados a pasar de la universalidad a lo mundano, de la fabricación de los consensos a la cultura del disentimiento intercultural. Así como las ciencias trabajan sobre modelos de racionalidad que no son de identidad, el pensamiento político y filosófico exige la compleja e "intrínseca" presencia del otro en tanto que nueva racionalidad-legitimidad. Solamente un pensamiento abierto a la inestabilidad de nuestro caos, a la permanente reorganización y a la presencia del otro, no sólo en el contexto sino en la estructura del discurso mismo, nos permitirá construir una nueva legitimidad, capaz de pensar la justicia y de poner un término a la muerte ecológica. Los propios comités de ética, indispensables también para los medios de comunicación, y la necesidad urgente de nuevas formas de representación exigen ese nuevo espacio.

La diversidad étnica, las demandas del desorden mundial, los saberes marginales y las tensiones de los nuevos y antiguos agentes sociales son el coproducto de una nueva racionalidad y de la invención de una ciudadanía internacional. La urgencia de esta "mundicracia" deberá rebasar los márgenes de la ONU, que no llena los requisitos mínimos del voto directo y de la representación proporciona Este gran parto tocará el fondo político, antropológico y psíquico de lo que Castoriadis llama la institución imaginaria de la sociedad. Las ilusiones, la imaginación creativa y las tensiones de la pluralidad de los mundos cuentan tanto como la realidad de los expertos.

La razón en la cual nos encontramos atrapados y que nos aísla de los problemas actuales no es el resultado de un devenir libre o necesario, sino de un fenómeno de contingencia. Tampoco se trata de un instrumento adaptable a mejores usos, sino de una realidad histórica formada por las tensiones sociales. El nuevo orden mundial indispensable es inseparable de una movilización de nuevas representaciones en tanto que valores y maneras de ser en el mundo.

El triunfo de la filosofía consiste en no ser ya necesaria como fundación racional. El fin de su universalidad es la de su obsecuencia. Aquí se construye su libertad, en el sentido más antihegeliano del término. Su urgencia es la guerra contra su propia conciencia.

Uno de los grandes méritos de Habermas es establecer nuevos lazos entre teoría y praxis, por los cuales el Otro aparece como un componente intrínseco de la razón. Su permanente crítica a la racionalidad subordinada a elecciones finalistas encuentra en las reglas del entendimiento, el paso de las influencias persuasivas de los consensos a una comunidad estructurada por la comunicación. Habermas pasa de la fundación autoracional al paradigma del entendimiento, de la razón encerrada a la eficiencia, al Otro como comprensión. La validez de las proposiciones es aceptada o rechazada en función del orden social, y la contingencia social del sentido no implica ninguna anarquía en lo que se refiere a la estructuración de la razón. Problemas como el significado y la validez se estructuran a partir de la unidad de la razón, fuente de diversidad. La cultura aparece como un mundo vivido, la Lebenswelt, estructurado por el entendimiento y legitimado por la comunicación.

En lo que se refiere a Castoriadis, encontramos una de las críticas más sugestivas en cuanto a la organización social. Para él, la poiesis social y humana es el desarrollo de una "multiplicidad coexistente y heterogénea de alteridades"[Nota 5] que no se reducen a la articulación de sistemas racionales. El modelo incidente-de identidad no es enteramente el de la racionalidad ni el de la vía de la estructuración social. Para él, es necesario dirigirse hacia la formación de nuestras significaciones como fuente y resultado de nuestra organización social. Una significación es la construcción de la identidad, el valor y la manera de ser en el mundo de las diferentes formaciones históricas. Su formación no es el resultado de una articulación entre la razón y la sociedad, sino el producto de la imaginación radical creativa, que es la coproducción de la intitucionalización social. La autonomía, individual y social, debuta a partir de la creación de significaciones e instituciones, asumiéndolas como una obra inestable que puede cambiarse. Aspectos como la ciudadanía, la democracia y la política encuentran un camino de búsqueda vinculado con la creación permanente de significaciones.

Personalmente considero que la idea de "magma" es la gran cuestión a desarrollar. Un "magma" aparece como el tipo de organización, siempre inestable e imposible de reiterar, que representan las significaciones sociales. Está lleno de conjuntos pero no se reduce a esto, lo cual fue el problema y fracaso del racionalismo, del funcionalismo y del estructuralismo en el campo sociohistórico. [Nota 6] A partir de ahí, la pluralidad de los mundos no puede agotarse en el discurso libertario y culpabilizador del Tercer Mundo o restringirse al vacío del contenido liberal de los derechos del hombre.

La creación de significaciones a partir de los modelos que integran al Otro en la estructura misma de la razón-legitimidad, hacen frente al gran problema de la alteridad cultural. El Otro, como razón y legitimidad, debe estar completado por la creación de nuevos "magmas" a partir de la pluralidad de los mundos. Aquí es donde reside el desafío del nuevo pensamiento, disentidor e intercultural. Las variaciones de las nuevas vecindades, sus lazos con nuevas formas de territorialización, sus cargas imaginarias y las modalidades del entendimiento se ven obligadas a vencer al Otro como una amenaza. Desde allí podremos vencer el fundamentalismo sistémico que atrofiaba nuestras sociedades. La democracia no podrá seguir siendo la tolerancia de una conciencia de identidad subordinada a los consensos y a la imperfección de las reglas económicas, será necesario que forme parte de la cultura de la diferencia y de la alteridad. A partir de estos espacios similares, hemos vivido la revolución cultural más importante de este siglo: la liberación de la mujer. Evidentemente no será fácil; será necesario rebasar al pequeño Platón que llevamos en nosotros y aceptar que la diferencia, la multiplicidad y la alteridad nos habitan tanto como nuestras ilusiones y nuestros miedos. Estos últimos nos han acompañado durante los diversos momentos de la historia: el siglo cuarto con la institucionalización cristiana, el paso de la alta Edad Media a la insuficiente ilustración. Pero el Atlántico también nos dio miedo, nos tomó tiempo aceptar la evidencia, y aún seguimos aquí.


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