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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

II. Racionalidad, libertad y justicia; la utopía preindustrial


Desde sus orígenes cartesianos, la filosofía moderna se construyó como la autofundación del orden del mundo en la consciencia del sujeto. La razón universal era la base del saber y la garantía de la justicia y de la libertad. Para el sujeto moderno, el conocimiento no es un hecho en sí mismo, sino una legitimidad común a todos los hombres; así, la legislación universal pertenece al conocimiento.

La universalidad existe en el sujeto y para el sujeto. La subjetividad logocéntrica fue legitimada por una sociedad que buscaba organizarse racionalmente con un sentido de justicia inspirado en las leyes universales. La modernidad se despliega como una subjetividad en cuyo seno libertad y justicia social coexisten con la fe en una razón soberana.

El ser humano era concebido como una entidad autónoma que luchaba por su emancipación política y social. La sociedad estaba representada como un contrato horizontal e igualitario que garantizaba el desarrollo de las facultades humanas en un ambiente de justicia social.

La razón universal, la autonomía individual, la justicia y la libertad social constituían el modelo de legitimidad de los primeros modernos. El conjunto de estos valores, expresado en la declaración de los Derechos del Hombre, instituyó el imaginario de la Revolución Francesa, de la Reforma, de la Ilustración, de la Independencia de los Estados Unidos de América, de las guerras napoleónicas y de la formación de las identidades culturales.


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