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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Verano 1994

IV. Las paradojas de la universalidad y del progreso


La modernidad es también la universalización de Occidente como modelo de legitimidad. ¿Acaso las dos Américas no son una confrontación histórica en la construcción de la modernidad europea? Esto es solamente un ejemplo que muestra que la formación de las nuevas sociedades no fue unidimensional o no formó parte de la lógica de un proceso inmanente al progreso.

Durante el siglo XIX el capital europeo formaba un submundo colonial en África y en Asia, mientras que en América Latina se determinaba el carácter dependiente de los Estados-nación. La occidentalización latinoamericana, que pasa por el lenguaje, por la religión (propia de los Estados conservadores y subdesarrollados de Europa del Sur) y por las instituciones políticas formales a la francesa, no creó el desarrollo y la democracia . El etnocidio, los capitales internos y el endeudamiento no bastan. Los Derechos del Hombre y la legitimidad del progreso fueron organizados en West Point, y el Estado militar-centralista esperó 150 años antes de ser cuestionado por el liberalismo.

En las sociedades occidentales, europeas y norteamericanas, el desarrollo y la democracia estaban asociados a las comunidades políticas enlazadas por la dinámica de un mercado interno y por la movilidad de sus grupos sociales. Del otro lado del progreso, la "patria", formada por los intereses de caudillos y de las guerras civiles dependientes del mercado internacional, se construye en una dimensión estatista y militar. Del mismo modo, el crecimiento no forma parte de la movilidad social, sino que está subordinada a la consolidación de una sociedad de castas y de un verticalismo antidemocrático. Mientras que al Norte los agentes de la modernización consolidan una sociedad civil fuerte, relacionada con la soberanía ciudadana y con una capacidad de negociación, en el Sur los principales agentes de la modernización son el ejército y la oligarquía. El ejército, en tanto que ejemplo de soberanía y de progreso técnico dependiente de préstamos provenientes del exterior, y la oligarquía en cuanto que único origen de recursos y de intercambios con el mercado internacional. Además, estos sectores coexisten con el clientelismo de Estado, la violencia, la corrupción y los fraudes electorales. Se trata concretamente de una democracia formal, sin ciudadano, subordinada al orden económico y social estatal. Los conflictos y las tensiones no se resuelven con acuerdos sociales, sino con golpes de Estado militares.

El terrorismo de Estado y la corrupción sustituyen al diálogo social.


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