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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1994

2. Un tema liberado:


Por las consideraciones que acabamos de hacer, creemos que esta confrontación, no excluyente sino complementaria entre historiografía y antropología, documentos y tradición, crítica documental y análisis de dinámicas culturales, es uno de los aspectos más valiosos de esta contribución de Xavier Noguez. Hasta donde llegan nuestros conocimientos, es un aporte novedoso que libera al tema guadalupano tanto del exclusivo fervor de los devotos como del prurito un tanto iconoclasta de los historiadores. Libera el tema, pero no invalida ni desautoriza la legitimidad existencial o académica de los enfoques. En definitiva, los relativiza abriéndolos a la posibilidad de otras considcraciones que evocan y convocan, no sólo a una tolerancia social sino a un pluralismo teórico-metodológico.

El tipo de documentos que se presentan, el estudio de los mismos que el autor realiza y la evaluación de los análisis realizados tanto por "aparicionista? como por "no-aparicionistas" a modo de conclusión metodológica previa, parecen llevar a la necesidad de introducir en el debate otra "clave" para la revisión de los "fundamentos históricos de Guadalupe":

a) Según Fray Francisco de Bustamante OFM, en su polémico sermón de 1556, la devoción "no había tenido grandes principios y se había levantado sin fundamento?. Los fundamentos en los que Bustamante está pensando son hechos grandiosos, canónicamente sancionados. Con toda seguridad, esto nunca ha existido; tampoco las apariciones en cuanto acontecimientos historiográficamente identificables (independientemente de la densidad ontológica que se atribuya a tales hechos).

b) Quizás la clave de los "fundamento? que menciona Bustamante en 1556 y que acaparó con obsesión a los historiadores, tenga que buscarse por otro camino: los fundamentos de la violencia de la conquista, que desfiguraba al cristianismo y destruía la identidad y las religiones de los vencidos, era suficiente argumento y fundamento como para iniciar un proceso de resistencia, reinterpretación y sincretismo (detectado con agudeza por Sahagún) que llevarían a una nueva identidad. De estos "fundamentos" (no "históricos" sino "culturales") sobraban, pero había que saber rescatarlos de un lenguaje subliminar en el que los vencidos tuvieron que expresarse por razones de seguridad. La versión explícita más aproximada a ese "discurso" es la extensión y profundidad que el movimiento devocional de Guadalupe ya ha adquirido en Nueva España en fechas muy tempranas. Por lo mismo, hasta el Sermón de Bustamante y la crítica de Sahagún se convierten en "fundamentos" fidedignos. La fuerza con que se expresa la devoción a Guadalupe tal como puede verse en testamentos y en abundantes relatos de la tradición oral, en realidad tiene más que ver con la conciencia socializada de que Guadalupe representa un poder religiosamente eficiente en cuanto productor de "rnilagros cotidianos", que con el "milagro portentoso" de las apariciones. Esto es precisamente lo que refleja el texto de Berna] Díaz M Castillo escrito entre 1560 y 1568:

... la santa iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla donde solía estar asentado el real de Gonzalo de Sandoval cuando ganamos a México; y miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita Madre Nuestra Señora y loores por ello que nos dio gracias y ayuda que ganásemos estas tierras donde hay tanta cristiandad...[Nota 1]

Ésta es una de las características más significativas del aporte de la obra de X. Noguez: crear un término alternativo a la polémica entre aparicionistas y no aparicionistas situando el fenómeno Guadalupe en la perspectiva de los fenómenos culturales. Esta alternativa se genera, por encima del ejercicio historiográfico y sus batallas en torno a la veracidad de los documentos, por la priorización del proceso cultural dentro del cual tienen lugar los hechos, relacionando éstos con la dialéctica cultural (vencedores y vencidos; Virgen Blanca y Virgen India; el blanco, como interlocutor religioso principal, frente al indio, receptor de milagros y favores, etc.).

Dentro de esta misma dialéctica, no tenemos por qué dudar de la sinceridad de la ignorancia que Bustamante y Sahagún confiesan sobre los "orígenes" milagrosos de Guadalupe (p. 904). Probablemente el mito aparicionista circuló por años por las sendas de la "pequeña tradición" (en términos de R. Redfleld) de la religión popular; procesos "invisibles" para la "gran tradición" representada por el clero. Para los ojos de la élite religiosa - habida cuenta de las relaciones imperantes en el campo religioso -[Nota 2]son mucho más visibles las expresiones externas del culto que los relatos de la tradición oral. Por eso no son extrañas las reacciones de dos servidores de la ortodoxia que, no obstante ver un culto abundante entre los indios, lo rechazan y condenan al ignorar sus "fundamentos". Son los mecanismos típicos de la relaciones históricas entre el catolicismo popular y el oficial.

La asociación que hace el Virrey Enríquez de Almanza del desarrollo (reconoce que el origen es anterior) del culto y la experiencia del "milagro" (p. 99), refuerza nuestra hipótesis de circulación paralela de los datos de la "pequeña tradición" en torno a los orígenes de Guadalupe. Admitido, como lo hace el Virrey, el origen popular, humilde e indígena del movimiento devocional, no es extraño que muchos elementos del mismo hayan sido ignorados por los estratos sociales más altos, incluso los eclesiásticos.

La perspectiva del proceso sincrético que en esos tiempos estaba teniendo lugar, será muy bien señalada por De la Serna (p. 124), que a su vez nos da un ejemplo del enfoque de quienes, desconociendo las tesis aparicionistas y despreciando no menos las taumatúrgicas, simplemente se sitúan en la posición de la ortodoxia oficialista desde la cual no puede entenderse la dinámica de la religión popular (así Bustamante, Sahagún, Ciudad Real, Torquemada, etc.). La naturaleza eminentemente oral de la información sobre Guadalupe (como se muestra en especial al analizar las "Informaciones de 1666', p. 124-32) hace más evidente la imposibilidad de que la metodología historiográfica pueda agotar el fenómeno Guadalupe y cerrar el caso. De ahí la pertinencia de un enfoque que reivindique el discurso y el análisis proveniente de la etnohistoria, la antropología y la lingüística, entre otras disciplinas.


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