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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1994

El Terror y la piedad


Es pertinente dividir la obra de Sade en dos grandes grupos. El primero, que incluye las historias de Julieta y Justine; Las 120 jornadas de Sadoma Alina y Valcour, La Filosofa en el tocador y otros cuentos y relatos breves. En este grupo puede apreciarse lo que se ha denominado sadismo puro; esto es, el protagonismo de seres depravados y pervertidos que gozan martirizando y torturando a sus víctimas y emprenden digresiones filosóficas que justifican su comportamiento. El segundo grupo estaría constituido por obras como La Marquesa de Gange, Eugenia de Franval; La Historia secreta de Isabel de Baviera, Reina de Francia; Oxitern o las desdichas del libertinaje,- y Florville y Curval. Aquí desaparece la que se considera la característica del sadismo, pero se puede distinguir un rasgo más profundo: un ataque a las conciencias más sutil, menos escandaloso.

Florville y Curval está precedido de un pequeño ensayo, Reflexiones sobre la novela , donde Sade expone el efecto que persigue al narrar las innumerables desventuras a las que somete a una parte de sus personajes. Explica que es necesario hacer fracasar la virtud y proponer el triunfo del vicio, pues esto "...debe hacernos ver al hombre no sólo como lo que es, o como pretende ser -ésta es la misión del historiador- sino como es capaz de ser cuando es víctima de las influencias modificadoras del vicio y del impacto de la pasión".[Nota 14]

El temor y la compasión, que de acuerdo con Aristóteles debían provocar las historias trágicas en el espíritu del espectador para producir un efecto catártico purificador, son sustituidos en Sade por el terror y la piedad, medio por el cual se pretende exaltar en el público la aversión al vicio: "Nunca, lo repito nuevamente, nunca describiré el pecado sino con los colores del infierno. Quiero que la gente vea el pecado al desnudo, quiero que le tema y lo deteste, no conozco otra forma de lograrlo, a no ser pintándolo en todo su horror."[Nota 15]

Considerando estas afirmaciones, puede lograrse una comprensión más amplia del pensamiento de Sade, y de aceptarse las razones expuestas, podría pensarse incluso que el sadismo está planteado para conseguir su propio rechazo, la repulsa del público. En una carta fechada el 26 de marzo de 1783 Sadejustifica una de sus obras, probablemente la Historia de Julieta, mediante estos dos argumentos:

1. Que no es de ningún modo necesario que, en el desenlace, el vicio sea castigado y la virtud recompensada. Éste es un viejo error, que voy a demostrar tanto a través de Aristóteles, como de Horacio, de Boileau, y de veinte comedias de Moliere, que es nuestro modelo para todos.

2. Que la viciosa es una mujer, y que seguramente, si hubiera castigado a esa mujer mi pieza sería detestable. Pero aunque resulta impune, ¿quién querría parecérsele? Luego, éste es el arte, el cual consiste no en castigar al vicioso en la comedia, sino en pintarlo de tal modo que nadie quisiera parecérsele, y así, no hay necesidad de castigarlo. Su condena se pronuncia calladamente en el alma de todos los espectadores.[Nota 16]

No fue nunca otra la finalidad del Marqués: hacer fracasar la virtud y triunfar al vicio. La mayor parte de sus obras están concebidas con esa estructura, exceptuadas Eugenia de Franval; La Marquesa de Gange; y Oxitern o las desdichas del libertinaje, donde el Marqués, muy probablemente presionado por el juicio público y deseoso en ese momento de que su obra fuera aceptada, cambió los desenlaces, haciendo que en la primera los malvados se arrepintieran y en las dos siguientes, que recibieran el castigo correspondiente a sus barbaridades. No obstante, hay suficientes elementos como para pensar que esos finales son forzados y contrarían la estructura original de las obras, pues basta ejemplificar con el caso de Oxitern, la cual es una obra de teatro cuyo tema está tomado de Ernestine, una novela corta donde Sade hace triunfar el vicio sobre la virtud, pero invierte los términos al dramatizarla para que no fuese censurada y pudiera representarse por La Comedia Francesa.

Independientemente de hurgar en las implicaciones filosóficas que hay en el fondo del sadismo, la argumentación parece válida. El público debe reprobar y aborrecer a Julieta mientras compadece y siente piedad por Justine. Los héroes de la virtud padecen en la novela pero triunfan en el alma de los lectores. Bajo esta consideración Sade inscribe su obra dentro de la tradición francesa, exaltando las cualidades de las heroínas de la virtud, tal cual lo hicieron La Fayette en La Princesa de Cléves, Prévost en Manon Lescaut o Laclos en Las amistades peligrosas.

La predilección que el Marqués sentía por los personajes femeninos es comprendida y ejemplificada por Mishima en su obra La Marquesa de Sade. Ahí se plantea el efecto logrado por el sadismo cuando la Marquesa dice: "No hay alternativa. Si mi marido es un monstruo de inmoralidad, yo tengo que ser un monstruo de devoción."[Nota 17]Renée, la Marquesa, se siente Justine, ella ha comprendido que la inmensidad del mal y el vicio de su marido no puede autorreproducirse y necesita imperiosamente de la virtud más incondicional y ciega.

Las heroínas de la virtud sufren terribles castigos físicos; el escarnio más indigno y el espectáculo de contemplar seres dichosos en el vicio y la impiedad. Incluso Sade considera infalible la fórmula y aconseja a los escritores jóvenes: "Cuando queráis inspirar un sentimiento de piedad en vuestro público, tened la valentía de asaltar, aunque sea por un momento, lo que es más hermoso arriba en el cielo o abajo en la tierra, y veréis las lágrimas que vuestro sacrilegio provocará."[Nota 18]

Para ilustrar esto basta pensar en Florville, quien después de pasar una vida llena de tormentos parece encontrar la felicidad y tranquilidad en su matrimonio con Curval, un hombre maduro que le ofrece protección y cuidado. Sin embargo, el desenlace es trágico, pues descubre que Curval es su padre, que asesinó a su propio hermano y que gracias a su testimonio su madre fue ejecutada. Florville es un Edipo magnificado, quien termina suicidándose.

La Marquesa de Gange y La historía de Isabel de Baviera describen la impotencia de la virtud frente al crimen y al vicio. La segunda pretende reconstruir los crímenes cometidos por la esposa de Carlos VI, y aunque Sade argumenta que hizo su reconstrucción basado en documentos verídicos, no se han encontrados vestigios de ellos. Ficción o verdad, esta historia junto con la de La Marquesa de Gange relatan una serie de crímenes, felonías y traiciones que exaltan la candidez de las víctimas; el lector llega incluso a irritarse por el exceso de la tolerancia que muestran tanto la Marquesa ante la malicia de sus cuñados como los miembros de la corte de Carlos VI ante la perversidad de Isabel.

Eugenia de Franval realiza un sueño acariciado por Sade en muchas de sus obras. En esta historia el padre de Eugenia la sustrae desde su nacimiento de la educación de su madre y la educa de acuerdo a sus principios libertinos y viciosos. La niña se convierte en una auténtica libertina, pues deviene amante de su padre y no siente ninguna culpa por ello, pues él mismo le ha prevenido acerca de lo que representa el incesto dentro de la sociedad. Pero ella se muestra convencida de su conducta, no es sino hasta el final donde de frente a la muerte de su madre se arrepiente y también muere, siguiéndola el señor de Franval igualmente arrepentido.

Sin embargo, hay una diferencia entre los personajes trágicos de Sade y los de la tragedia observada por Aristóteles. A excepción hecha de Florville, quien cae en desgracia sin merecerlo o tener alternativa, las otras victimas, las otras heroínas de la virtud, se sitúan en esa posición, aceptan el castigo a sabiendas y lo sufren estoicamente.

Las heroínas de la virtud se postran ante su verdugo al obedecer el imperativo moral de la virtud, entonces el libertino ejerce una primacía absoluta sobre esos seres incapaces de contrarrestar el castigo. No son masoquistas, pues no disfrutan el dolor, son redentoras, purificadoras del mal que hay en la sociedad.

¿Es posible entonces tomar en serio lo que dice Sade de su obra y concebirlo como un moralista? La consideración de este planteamiento merece su examen al menos en dos niveles: uno considerando su propia biografía y otro remitiéndose únicamente a su obra.

Si consideramos que Sade no sólo teorizó el sadismo sino que lo practicó apasionadamente durante toda su vida, al menos cuando tuvo oportunidad de hacerlo, podremos comenzar a sospechar de la autenticidad de ese moralismo. Esta sospecha no debe fundarse únicamente en la imposibilidad de separar vida y obra de un autor, sino también en considerar que la vida de Sade podría equipararse a la de cualquiera de sus libertinos ficticios, y pensar que así como él estuvo lejos de querer moralizar con su propia vida, tampoco el libertino de sus novelas pretendió hacerlo.

Si se considera sólo la obra podrá constatarse cómo efectivamente la reacción causada por Sade en el lector normal es de repulsión y reprobación. No obstante, consciente de la diversidad de sus lectores, el Marqués deseó brindar; a unos, elementos para descalificar total y absolutamente los excesos de¡ libertinaje; a otros, un sistema filosófico que les eximiera de sus crímenes e inclinaciones; y a los menos, demostrarles la gran diversidad de los individuos, la heterogeneidad de la sociedad y la manera en que un hombre ingenioso, astuto, puede valerse de los demás para satisfacer sus apetitos, ambiciones o caprichos.

Muchos críticos y lectores del Marqués de Sade piensan que su obra poco tiene que ver con la historia de las letras; Blanchot, Klossowski y Bataille así lo consideran. Otros prefieren ubicarlo en la historia de la filosofía, la sociología, la psicología o aun de la teoría política. No comparto esas apreciaciones, pues considero que buena parte de ellas se deben a un examen parcial de su obra. Por lo tanto, una lectura de sus cuentos, fábulas, novelas y obras de teatro podrán reinsertarlo en el legítimo sitio que le corresponde dentro de la historia de la literatura francesa y universal, además de permitir una comprensión más amplia del sadismo original.


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