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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1994

La pastorela electoral


Acción Nacional enfrentó desde su nacimiento un dilema de enorme complejidad: participar en elecciones en un sistema de partidos no competitivo, por donde resultaba difícil avanzar -y donde, para colmo esta participación contribuía a legitimar el sistema existente- o renunciar a la vida institucional para concentrar esfuerzos en la difusión doctrinaria y en la formación cívica de los ciudadanos. Desde el primer documento oficial del partido, el Informe a la Asamblea Constituyente del 14 de septiembre de 1939, Manuel Gómez Morín dibujaba el complejo escenario:

Dos caminos se abren, pues, desde su iniciación, ante Acción Nacional: uno, el de intervenir desde luego en la vida política no sólo en cuanto se refiere a una posición doctrinal o programática, sino como participación en la lucha electoral concreta que, dado nuestro sistema constitucional, es la ocasión indicada para poner término a un régimen con el que se está en desacuerdo; otro, el de abstenerse, el de no tomar parte en la lucha electoral y concentrar el esfuerzo en la actividad de programa y de doctrina, no limitándolo por supuesto a un trabajo de academia, sino dándole desde luego la orientación y el carácter de actividad política decidida; pero sin intervenir como grupo en la campaña electoral. [Nota 2]

Desde entonces, Acción Nacional rechazó la violencia como medio para conquistar sus fines. En el mismo documento, Gómez Morín rechazaba la idea de buscar "un éxito inmediato", la percepción de que estaba a la vista "un triunfo próximo". Enfatizaba los riesgos de la "desesperación subversiva" y subrayaba que el éxito, la "primera y radical victoria" del partido, sería 1a rehabilitación moral de la política". Pero el dilema de participar o no seguía ahí. Ningún partido político en una democracia discute en sus convenciones si participa o no en elecciones. El PAN lo hizo durante décadas: en cada convención se decidía si el partido competía o se abstenía de participar en los comicios. A lo largo de los años cuarenta, las convenciones de 1943, 1946 y 1949 se inclinaron cada vez más por participar y menos por abstenerse. Ganan los participacionistas con el 61%, 89% y 92%, respectivamente.[Nota 3] Después de una década de creciente participación, el PAN postula en 1952 candidatos a diputado en el 80% de los distritos electorales del país,[Nota 4]al tiempo que participa por primera vez en elecciones presidenciales con la candidatura de uno de sus principales fundadores: Efraín González Luna.

Los resultados de la estrategia no despertaron un entusiasmo mayúsculo. En las elecciones de 1943, ninguno de los 21 candidatos a diputados obtiene el triunfo. En 1946, el partido participa en 64 distritos (37% del total): sólo a cuatro candidatos se les reconoce el triunfo. Durante todos estos años, Acción Nacional se queja de fraude y reclama victorias, varias de ellas documentadas, sin éxito alguno. En el frente municipal, el balance arrojaba igualmente magros resultados: Quiroga, Michoacán, es el primer municipio en que se reconoce un triunfo panista, en 1946; siguieron El Grullo, Jalisco, en 1948; Santa Clara, Durango, en 1950, y nuevamente Quiroga, en 1950, junto con Tzintzuntzan.[Nota 5] En 1952, año en que las energías del panismo se concentran sobre la arena electoral, se participa en el 88% de los distritos, y se consigue el reconocimiento de cinco victorias. En ese año se celebran concurrentemente elecciones municipales en varios estados, reconociéndose la victoria del PAN en seis municipios: uno en Jalisco y cinco en Oaxaca. A González Luna se le reconocen 285 mil votos, 7.8% de la votación total.

Las quejas de fraude no cejaban... las críticas en el interior del partido tampoco. Una de las voces más críticas de la estrategia participacionista provenía de un joven abogado de 32 años, que había trabajado como pasante en el despacho de Roberto Cossío y Cossío (secretario general de Acción Nacional durante la presidencia de Gómez Morín, 1939-1949) y colaborado esporádicamente en La Nación, [Nota 6] sin ser militante activo del PAN: Adolfo Christlieb Ibarrola.

Escribía Christlieb en noviembre de 1951, con estilo mordaz:

La oposición ha manifestado hasta la saciedad su inconformidad con la pastorela electoral. No es posible que haya elecciones [ ... 1 con el sistema electoral vigente, que deja en manos del régimen el reparto de papeles y la dirección artística de la farsa. [ ... ] Si [la oposición] quiere seguir la enseñanza, debe cambiar de método. Es ¡lógico y absurdo que por una parte se afirme que las elecciones, por cuestión de sistema, no pueden realizarse limpiamente, y por otra se respalde el sistema mediante la concurrencia a la elección y mediante la aceptación de tres o cuatro curules que sirven de justificante a la democracia de exportación. Mientras no se modifiquen los sistemas electorales a fondo, con limpieza, la oposición debe abstenerse de jugar a las elecciones. Ganará las elecciones si no participa en ellas, pues la farsa caerá por su peso. [ ... 1 Si los sistemas electorales no cambian, debe propugnarse por un abstencionismo electoral [ ... 1. Mientras la oposición auténtica se preste a ser Diablo de pastorela, la farsa seguirá igual. [De lo contrario,] el pueblo, no obstante los argumentos heroicos de quienes pugnan por la participación electoral, le volverá [a la oposición] la espalda sonriendo socarronamente, mientras cultiva el mal pensamiento de que por vanidad de ser Diablo, por la merienda y el itacate, o en espera de caerle bien a la tía en el futuro próximo o remoto, la oposición acepta que le Pisen el cogote. Aunque mueva la cola y haga bombitas de saliva.[Nota 7]

Es obvio que Christlieb intentaba influir en los miembros de la Convención, que se reuniría a principios de 1952. Es claro, por lo comentado anteriormente, que no tuvo éxito. El PAN participó con más energia que nunca, y la queja de fraude continuó.

Para las elecciones legislativas de 1955, el PAN decide participar nuevamente, esta vez en sólo el 50% de los distritos electorales, tal vez por el hecho de ser intermedias y generar poco entusiasmo frente a la ciudadanía. En esas elecciones, Acción Nacional obtuvo 567 mil votos, casi 100% más que en 1952, y con casi la mitad de los candidatos. Había habido un avance, sin embargo, los triunfos reconocidos no aumentaron sustancialmente: sólo seis diputados panistas llegaron a la Legislatura 19558.

En el ámbito municipal, al PAN se le habían reconocido cinco victorias hasta 1950. Entre 1950 y 1958, se le reconocieron once victorias municipales: ocho en Oaxaca y una en Chiapas, Jalisco y Chihuahua. No era mucho, pero se percibía un avance. Por otro lado, la experiencia de 1955 hace llegar al PAN con optimismo a las elecciones presidenciales y legislativas de 1958. La elección del candidato presidencial evidencia ese estado de ánimo, al tiempo que revela más agresividad en la estrategia electoral y participacionista. La Convención elige a unjoven que se había venido destacando en la vida político-electoral del norte del país, como candidato a la presidencia municipal de Ciudad Juárez en 1953, y en 1956, como candidato a gobernador del estado de Chihuahua: Luis H. Álvarez. Nuevamente, participaron candidatos a la Cámara Baja en el 80% de los distritos electorales.

El ambiente pre-electoral resulta escandaloso. El equipo de campaña presidencial enfrenta agresiones constantes. El candidato Luis H. Alvarez recibe amenazas de muerte y sufre atentados contra su vida. Rafael Preciado Hernández, comisionado del PAN ante la Comisión Federal Electoral, propone una serie de medidas (mecanismos para garantizar la designación imparcial de funcionarios de casilla, mecanismos para impedir el voto sin credencial, o con credenciales ajenas o falsas, etc.) y exige que la Secretaría de Gobernación investigue los atentados contra Álvarez. La Comisión rechaza las propuestas. Preciado Hernández renuncia a la Comisión antes de las elecciones. Llega el día de los comicios y La Nación los califica desde su portada como: "Gigantesca maniobra del gobierno." La lista de agravios resulta interminable: electores con varias credenciales agotando en unas cuantas horas las boletas disponibles en varias casillas, brigadas de "turistas" (así llamaban entonces a lo que después fueron los "carruseles") votando de casilla en casilla, repartición de credenciales de elector el día de la elección, clausura de casillas sin previo aviso y apertura de otras en lugares inhóspitos (hoy "ratón loco"), casillas donde vota quien quiere, sin credencial y sin padrón, expulsión de representantes de casilla, propaganda el día de la elección ... y un largo etcétera. Finalmente, brigadas de choque de la CROC salen a las calles de Guadalajara y la ciudad de México para atemorizar e inhibir la movilización anti-fraude.

Al PAN se le reconocen 750 mil votos (9.4% de la votación total), sólo 35% más que en la anterior elección federal, con un atractivo candidato presidencial y casi el doble de candidatos a diputados. Acción Nacional no acepta el resultado y decide luchar "denodadamente" por defender cada uno de sus votos, sin incurrir en actos de violencia y como demostración de repudio a lo sucedido, exige a sus sólo seis candidatos a diputados oficialmente triunfadores que renuncien a sus escaños.

Christlieb, partidario de la no participación electoral, apoya enérgicamente la decisión del Consejo Nacional del PAN en julio de 1958:

Sería ¡lógico y absurdo que Acción Nacional por una parte afirmara que no sólo por razones de sistema, sino por falta de honestidad política del régimen, no pudieron realizarse limpiamente las elecciones, y por otra parte respaldara el fraude mediante la aceptación de unas cuantas curules (algunas menos claramente obtenidas que otras muchas que no se reconocen). [ ... 1 Por ello, por la lealtad que deben a un partido del cual aceptaron la postulación y por mínima honradez, los diputados de Acción Nacional no concurren a la Cámara. [ ... 1 Las amenazas, las zalamerías y los argumentos de conciencia han sido puestos en juego para obtener que los diputados de oposición legalicen con su presencia en la Cámara todo el proceso electoral fraguado por el régimen [ ... 1. Les preocupa la los fariseos de la democracia"] que un diputado no asista a la Cámara y no les preocupa que todo el sistema representativo se funde en el fraude y la mentira; les preocupa que Acción Nacional no asista al Congreso y no les preocupa haber convertido a las Cámaras en simples camarillas de compadres [ ... ]. [Hay] causas justísimas y gravísimas para abstenerse de integrar un Congreso espurio [ ... 1. Acción Nacional no vende su primogenitura temporal y moral en la política mexicana por el mísero plato de lentejas de unas dietas congresionales.[Nota 8]

Cuatro de los seis diputados panistas se niegan a renunciar a sus curules y son expulsados del partido. Las relaciones institucionales con el gobierno prácticamente se suspenden: con el retiro del comisionado Preciado Hernández y de los diputados del partido de la Cámara de Diputados, el PAN, lejos de participar en la vida institucional, la boicotea.

Agosto de 1959 ofrecería nuevos argumentos a los enemigos de la participación electoral en el interior de Acción Nacional: en Baja California, concluido el gobierno de Braulio Maldonado -un hito de corrupción y abuso en la historia pos-revolucionaria mexicana- el electorado vuelca su apoyo a Salvador Rosas Magallón, abogado litigante, candidato panista a la gubernatura del estado. Campea el fraude y, después de meses de movilización, la represión. Ochocientos panistas terminan su lucha postelectoral en las cárceles del estado. La conclusión parecía evidente, la estrategia de participación no pagaba, la contabilidad política panista sólo registraba costos.


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