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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1994

Mensajes cruzados


Un aspecto central tenía que ver con la nueva legislación electoral, y con su aplicación. Por un lado, quedaban demasiados resquicios por donde se podía seguir colando la irregularidad y el abuso. Por otro, la Comisión Federal Electoral violó arbitrariamente las listas de "mejores perdedores" panistas en la competencia por diputaciones en las elecciones de 1964. Cuatro candidatos que debieron entrar a la Cámara no lo hicieron y fueron sustituidos por otros, sin explicación alguna. Por otro lado, el PPS y el PARM, pequeños partidos aliados con el gobierno, no obtuvieron el mínimo indispensable de 2.5% de la votación para obtener representación, y sin embargo les fueron asignados "diputados de partido" con el pretexto de que no se atendía la letra de la ley, sino su espíritu. El argumento enfureció a Christlieb. Surgían aquí y allá razones para desconfiar. Otro ejemplo: de la correspondencia de Christlieb se infiere que el líder de la mayoría priísta en la Cámara de Diputados, el secretario de Gobernación y el presidente de la República se turnan asuntos a tratar con Christlieb, triangulación que no hace sino marearlo, y enfurecerlo. ¿Era la confusión resultado de una experiencia enteramente nueva? ¿Producto del presidencialismo omnímodo, que lleva a otros a no hacer nada sin la venia presidencial? ¿O era una confusión planeada, producto de la mala fe? Otro ejemplo: en el primer trienio del gobierno de Díaz Ordaz, sólo en tres municipios se reconocen triunfos panistas (Villa Aldama y Santa Bárbara, en Chihuahua, y Suchintepec, en Oaxaca).

Christlieb no ceja. Su apuesta por el diálogo se sostiene. Esta carta, fechada el 13 de diciembre de 1966, revela con gran nitidez el estado de sus relaciones con el presidente Díaz Ordaz:

Sr. Lic. Gustavo Díaz Ordaz

Presidente de la República

P r e s e n t e.

Respetable Señor Presidente:

Nuevamente, contra mi deseo de no distraer su atención, tengo que dirigirme a usted:

1. No encuentro quien se sienta facultado para tomar la responsabilidad de resolver los asuntos legislativos iniciados por mi partido, que están pendientes. El resultado está a la vista: unas cuestiones son tan interesantes que hay que seguirlas estudiando indefinidamente, ya que más de dos años no han sido suficientes para ello; otras serán apaleadas durante la balumba legislativa de diciembre, sin pena ni gloria.

2. El secretario de Gobernación manifestó que se respetarían los triunfos municipales de Acción Nacional. Resultado:

a) En tres pequeños municipios del Estado de México ganados por el PAN, con votos y documentación, la elección se notificó por maniobras directas del Gobernador a través de la Comisión Estatal Electoral que "investigó las presiones del PAN sobre los electores" (sic). Los diputados Martínez Domínguez y Legaspi conocen la realidad de las mayorías del PAN en estos casos.

b) El Congreso Local de Nuevo León pretende nulificar las elecciones de los municipios de Garza García y Abasolo, ganadas por el PAN.

Si se prolonga por un poco tiempo este clima "pírrico" de convivencia, temo que no sobreviva nadie que pueda disentir sobre los alcances de nuestro desarrollo democrático.

Me he permitido molestarlo no sólo por los hechos en sí mismos, sino por los síntomas que representan.

Reitero a usted las seguridades de mi atenta consideración.

Lic. Adolfo Christlieb Ibarrola

Christlieb no sólo percibe estos hechos como preocupantes, sino también como "síntornas" de un diálogo desleal. Finalmente, sus gestiones prosperan, pero el resultado es ambiguo: se reconocen los triunfos panistas en Garza García y Abasolo, pero los municipios mexiquenses ni pío. ¿Qué hacer? ¿Romper el diálogo? ¿Continuarlo bajo otras bases? ¿Seguir en el estira y el afloje? El nerviosismo de Christlieb va en aumento; sus cálculos renales también.

Pero las elecciones intermedias de 1967 serían la prueba de fuego de su estrategia, apostando a elecciones limpias y triunfos de mayoría. Para él los "diputados de partido" eran una compensación que no debía llevar al conformismo. Buscaremos las mayorías en los distritos y en el Congreso porque pretendemos tomar decisiones de poder y no solamente emitir opiniones de minoría para que queden consignadas en el Diario de los Debates." [Nota 18]Por primera vez en una elección intermedia, el PAN no reduce su participación, esta vez incluso la incrementa presentando candidatos en el 99% de los distritos electorales. La apuesta era ganar mayorías, dado que el sistema posibilitaba que, de no ganarlas, de una u otra forma todos los votos obtenidos se sumarían a un porcentaje agregado a partir del cual se asignarían "diputados de partido Pero Christlieb quería en cualquier escenario elecciones limpias en condiciones de igualdad, y siguiendo con su estrategia de diálogo, negociará algunos términos de la elección... y el acuerdo se viola. Esta carta, fechada el 27 de junio de 1967, cinco días antes de la elección, refleja claramente que la relación Christlieb-Díaz Ordaz, ya se encuentra al borde de la ruptura:

Sr. Lic. Gustavo Díaz Ordaz

Presidente de la República

P r e s e n t e.

Respetable señor Presidente:

A petición del PRI y con la intervención indebida del secretario de Gobernación, a partir del lunes 26 todas las estaciones de radio y televisión del país iniciaron en forma gratuita una campaña de publicidad política transmitiendo en forma intensiva la frase EL 2 DE JULIO PRI.

Desde el 23 de junio protesté ante el secretario de Gobernación por esta circunstancia, en virtud de que personalmente me había dado su palabra de que no habría propaganda política por radio y televisión en estas elecciones.

De las presiones que realizó fui informado por diversas personas del medio, inclusive simpatizantes del PRI que encontraron fuera de lugar las presiones del PRI apoyadas por Gobernación.

Más que el hecho en sí mismo, me duelen la arbitrariedad y el engaño, la presión sobre los medios de difusión y la parcialidad del funcionario que más imparcial debiera ser respecto a las próximas elecciones.

Confiando en la palabra dada, ni destinamos recursos ni hicimos gestiones oportunas para ese tipo de propaganda.

Usted sabe, señor Presidente, mi interés para que la política en México tenga nuevos perfiles de trato entre los mexicanos de distintos partidos y entre la oposición y el Gobierno.

Sin embargo, este hecho, junto con otros de diversos tipos sucedidos anteriormente en análogas condiciones de palabra no cumplida, me coloca en una situación muy difícil frente a quienes no consideran que estoy en lo justo cuando afirmo que es posible que la oposición trate con el Gobierno sobre un mínimo común de valores humanos, entre los que no está excluido la lealtad del adversario.

Me siento profundamente dolido por un trato que no creo merecer.

Lamento manifestarle la grave dificultad que, frente a la repetición de circunstancias similares, tengo para creer que el señor secretario de Gobernación entiende la honradez y la decencia con que deseo tratar y ser tratado en materia política.

Ningún avance objetivo ha habido en los procedimientos para estas elecciones, ni durante los tres años transcurridos desde las últimas federales. Ningún avance ha habido en materia de elecciones locales en los mismos tres años. Ni siquiera el padrón electoral y la credencial de elector, sobre la cual omitimos críticas para evitar que los mexicanos sigan acumulando desconfianza respecto al voto, resisten análisis primarios, a pesar del bombo publicitario.

Tengo con mi Partido y conmigo mismo un compromiso para permanecer todavía un año y medio como Presidente del PAN. Ignoro si pueda cumplirlo, no tanto por razones de salud, como por la creciente conciencia de la inutilidad o la ineficacia de mis esfuerzos, en una tarea en que sólo he pretendido servir a México, del que usted y yo, y tantos otros que piensan como usted o como yo, o en distinta forma, formamos parte.

Más amargo que la hostilidad me resultaría tener que admitir, no mi fracaso personal, explicable por mis muchas limitaciones, sino el fracaso de una actitud de concordia libre de componendas, que, sigo y seguiré creyendo -a pesar de las críticas de propios y extraños- es la adecuada para renovar la convivencia política entre los mexicanos.

Con tristeza pero sin amargura -si tuviera que volver a empezar seguiría por el mismo camino- he querido con estas líneas presentar a usted un punto de vista, para no contribuir con mi silencio it que sólo se oiga a quienes están empeñados en presentar como normal y de avances una realidad deformada.

Reitero a usted señor Presidente las seguridades de mi atenta consideración.

Lic. Adolfo Christlieb Ibarrola

Christlieb se aisla políticamente. Por un lado, su estrategia de diálogo no prospera, por otro, se encuentra en una situación crítica frente a los miembros de su partido que, no creyendo en su estrategia, empiezan a tener razón. Esta carta contiene un gran volumen de información, que puede ser analizado bajo distintas perspectivas. Me detendré, en un detalle. Al PAN se le ha caracterizado en un sinúmero de ocasiones como un partido de "oposición leal". Aquí Christlieb habla ciertamente de "lealtad", pero no de la suya, sino de la de la otra parte. Nunca existió en el PAN una lealtad ciega a la conducta del otro. El dilema siempre existió, y con Christlieb se recrudeció: apostar a las instituciones, al cambio institucional, o retirarse "a la formación cívica de las conciencias". El cambio por la vía violenta nunca se contempló. El dilema se agudizaba por la vocación institucional, con abogados de primera línea pensando todo el tiempo en reformar el propio partido. El sanbenito de "oposición leal" le fue colgado al PAN en una época en que para muchos, la violencia era una ruta legítima. Hoy ya no lo es para casi nadie. Para el PAN nunca lo fue. Después de la experiencia de Christlieb, las actitudes anti-participacionistas se fortalecieron, al grado de que en 1976 el PAN no se presentó a la competencia por la presidencia de la República. José López Portillo, candidato del PRI con el apoyo del PPS y el PARM compitió contra su sombra. Se desnudaba el carácter nodemocrático del régimen pos-revolucionario. No fue un acto de violenta deslealtad al sistema, fue simplemente una omisión.


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