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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1994

La ruptura: destinatario vs. remitente


Las elecciones federales de 1967 arrojaron nuevamente un escenario ambiguo a partir del cual resultaba difícil asumir una actitud definitiva. Con las acostumbradas quejas de fraude, el PAN aumentó ligeramente su votación a un millón 220 mil votos. Le fue reconocido un triunfo de mayoría y se le asignaron, con el 11.3% de la votación, 19 "diputados de partido". Nuevamente se violaron las listas de "mejores perdedores". Uno de ellos era un joven panista muy cercano a Christlieb: Raúl González Schmal. En varios estados se celebraron elecciones municipales concurrentes, de manera que lo que se quitaba por un lado se otorgaba por el otro: se reconocieron triunfos panistas en ocho municipios, todos del estado de Sonora: Cumpas, San Miguel Horcasitas, Cucurpe, San Pedro de la Cueva, Bacoachi, Santa Ana y Opodepe. Por primera vez en la historia posrevolucionaria, se reconocía también la victoria panista en una capital estatal: Hermosillo; y cuatro meses después, la segunda: Mérida, Yucatán.

Concluido el proceso electoral federal, desde el 2 de agosto de 1967 Christlieb pide una audiencia con el presidente Díaz Ordaz, que se le niega. En noviembre y diciembre, nuevas solicitudes son desatendidas: Díaz Ordaz no quiere enfrentar a Christlieb quien, el 17 de enero de 1968 escribe esta carta:

Sr. Lic. Gustavo Díaz Ordaz

Presidente de la República

P r e s e n t e.

Respetable señor Presidente:

Desde hace varios meses he gestionado una audiencia con usted, para tratar algunas cuestiones que juzgo de interés para México.

En el Evangelio de San Lucas se narra la parábola de una viuda que tercamente pedía a un juez que le resolviera un caso, sin ser escuchada. Un día --dice la parábola con el sugestivo lenguaje oriental- el juez pensó: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, por lo que esta viuda me importuna, le haré justicia para que no me esté rompiendo la cabeza." Y la oyó.

En vista de los resultados, me acojo a la técnica de la viuda, para refrendar mi petición de audiencia al iniciarse 1968.

Mientras puedo reiterárselas personalmente, reciba usted, señor Presidente, las seguridades de mi consideración más atenta.

Lic. Adolfo Christlieb Ibarrola

"Aunque usted no me respete, hágame justicia, considerado señor Presidente." La audiencia nunca llegó. El diálogo estaba roto. La estrategia de Christlieb había fracasado.

Las elecciones municipales y legislativas de Baja California, en junio de 1968, simbolizan la ruptura y aumentan la desazón. El PAN reclama con documentos el triunfo en los municipios de Mexicali y Tijuana, y en seis de ocho distritos electorales. El fraude es monumental: sólo se reconoce el triunfo panista en un distrito electoral. Fracasada la propuesta estratégica que había ofrecido a su partido, aislado dentro del mismo, sin interlocución alguna con el gobierno, Christlieb renuncia a la presidencia del PAN el 10 de septiembre de 1968. Pocos días después, festeja su onomástico, para el que no sin cierta desfachatez, el presidente Díaz Ordaz le envía un telegrama de felicitación. Christlieb contesta, con su elegancia y elocuencia de siempre, pero ya no cuida las formas. Era el 28 de septiembre de 1968.

Sr. Lic. Gustavo Díaz Ordaz

Presidente de la República

Palacio Nacional

Con pena devuelvo a usted su telegrama de esta fecha, dirigido al licenciado Adolfo Christlieb Ibarrola, expresándole sus mejores votos por su ventura personal, con motivo de su día onomástico.

Lamentablemente todos los informes recibidos concuerdan en que desde hace tiempo, el destinatario es persona totalmente desconocida para el remitente.

Atentamente,

Lic. Adolfo Christlieb Ibarrola

Tres días después: 2 de octubre de 1968, la matanza de estudiantes en Tlatelolco. El PAN es el único partido que condena desde la tribuna de la Cámara de Diputados la conducta gubernamental. Christfieb había apostado al diálogo con Díaz Ordaz. Creyó que sería el primer presidente comprometido con una auténtica apertura política. Díaz Ordaz acabó siendo el más represor de los presidentes pos-revolucionarios.

Adolfo Christlieb Ibarrola dedica el último año de su vida a componer su crítica situación económica: durante años había descuidado su despacho. Muchos de sus clientes habían desaparecido: unos por descuido, otros por presión gubernamental, otros por miedo a ser presionados. Viaja a Guatemala a dictar conferencias. Escribe profusamente en Excélsior. Su salud empeora. En noviembre de 1969, apenas un año después de la matanza de Tlatelolco el PAN insiste en la ruta electoral. Por primera vez en su historia, el partido puede obtener el triunfo en una gubernatura: Yucatán. Nuevamente fraude; otra vez el ejército toma las calles de Mérida. Dos semanas después, el 6 de diciembre de 1969, Christlieb fallece, víctima de un incontenible cáncer linfático.

A principios de enero de 1970, Alfonso Martínez Domínguez envía un presente a Doña Hilda Morales viuda de Christlieb. Ella devuelve el regalo con una carta, donde lo agradece y explica el motivo de su rechazo. Selecciono un fragmento de aquella carta:

Conozco la relación de trato político y personal que mi marido tuvo con usted en la XLVI Legislatura, y las posibilidades de avance democrático que Adolfo veía en una apertura de buena fe. Cuando Adolfo renunció a la presidencia de Acción Nacional señaló claramente la falta de buena fe en la otra parte, y declaró que él estaba física y políticamente agotado.

Quiero decir algo que explica mi actitud. De acuerdo con la expresa afirmación de los médicos, la noticia de los acontecimientos de Yucatán el 23 de noviembre impresionó en forma desastrosa a Adolfo, lo deprimió gravemente y apresuró su muerte. Adolfo era un hombre íntegro, de una sola pieza, sin divisiones arbitrarias de criterio ni de moral. Lo que Adolfo defendió en público lo practicó en su vida privada y, a pesar del dolor que me causa su ausencia, me parece digno de su vida que los hechos de Yucatán hayan acelerado su muerte.


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