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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Otoño 1994

Herencia


Poco antes de morir, Christlieb confiesa a uno de sus colaboradores más cercanos haberse equivocado. Al final de su vida pensó que la reforma de los "diputados de partido" y su estrategia política habían sido un rotundo fracaso. Hombre de elevada moral e inteligencia aguda, muere reconociendo que el suyo ha sido un intento algo heroico, una apuesta poco realista, un salto de fe. El sentimiento de frustración no es extraño, sobre todo por la cercanía de acontecimientos ominosos. En diciembre de 1994 se cumplen 25 años de su muerte. La perspectiva histórica nos conduce a la pregunta básica. ¿Se equivocó Christlieb? La respuesta es no, por varias razones.

El período del liderazgo de Christlieb significó un extraordinario avance en la organización y estructuración de su partido. De su fundación en 1939 a 1962, año en que asume la presidencia del mismo, le son reconocidos al PAN 16 triunfos en el nivel municipal. Durante los seis años de su liderazgo, la línea negociadora de Christlieb logra el reconocimiento de 18 triunfos municipales, incluidas dos capitales estatales. Antes de Christlieb, el PAN postuló a 11 candidatos a gobernador a lo largo de 23 años; Christlieb lo hizo en 10 a lo largo de 6 años. Durante su presidencia, y en las dos elecciones federales legislativas que coordinó, el PAN presentó candidatos en casi la totalidad de los distritos electorales en la pista congresional de la Cámara Baja. Su estrategia de participación contribuyó de manera determinante a lo que los anglosajones llaman machine building, algo imprescindible para todo sistema de partidos en una democracia. Christlieb contribuyó, pues, a crear las bases para la estructuración futura de una democracia con partidos. Hoy, Acción Nacional es el único partido político moderno que existe en México.

Antes de 1962, el PAN logró llevar a la Cámara Baja a 24 diputados, descontados los seis que retiró de la Cámara en 1958. Durante su presidencia, 40 diputados panistas ingresaron a la Cámara, varios de ellos extraordinarios tribunos que dignificaron la vida parlamentaria mexicana. Pero más importante aún fue que la pluralidad que la reforma de 1963 impulsada por Christlieb trajo a la Cámara de Diputados contribuyó de manera determinante en la evolución política de México, algo que suele ignorarse y que conviene revaloremos. Aún en el marco del autoritarismo, la pluralidad de esa Cámara posibilitó el surgimiento de un ámbito institucional para la discusión y el razonamiento. Ahí se han tejido, durante años y años, relaciones personales entre miembros de distintos partidos políticos. Se han hecho explícitas las diferencias; se han creado vínculos entre quienes, desconociéndose, se ignoraron u odiaron. Muchas amistades entre miembros de distintos partidos han nacido en la convivencia continua y difícil de la Cámara de Diputados. Esa convivencia parlamentaria que a ojos de muchos, casi todos, ha parecido inútil, a la postre ha resultado extraordinariamente positiva para México.

Estamos al borde de conquistar en México un acuerdo entre partidos para la democracia. Hubiera sido impensable acercarnos a dicho escenario sin el roce, difícil por naturaleza, amable a veces, perdurable casi siempre, entre los cuadros de los partidos. Con su demanda de representación de minorías y con su decidido apoyo a la reforma que la posibilitó, Christlieb creó instituciones para el cambio que aún difícil, sobresaltado, lento y ambiguo, ha permitido documentar nuestro optimismo.

Después de Christlieb, Acción Nacional ha vivido una evolución compleja y difícil. El conflicto entre católicos conservadores y católicos liberales -todavía muy presente durante su presidencia- tendió a apagarse en la década de los setenta.[Nota 19]El corrimiento hacia la izquierda del sexenio del presidente Luis Echeverría (19706) y las dificultades para entablar un diálogo fructífero con el gobierno encendieron otros conflictos: el de los conservadores de derecha, incluidos algunos furibundos anticomunistas, contra los moderados de centro con inclinaciones progresistas (llamados "marxistas-jesuíticos" por el ala más derechista del partido); por otro lado, el conflicto entre los participacionistas y los abstencionistas se hizo más agudo que nunca al terminar el gobierno de Echeverría. Estas líneas de conflicto cruzaron al partido desde distintos ángulos. Las coaliciones tenían cierta fluidez: los cuadros de la dirigencia panista vivían realincaciones constantes, dependiendo de la coyuntura y de las líneas de división dominantes. A principios del gobierno de José López Portillo (1976-82), discuten en el partido quienes ven en la Reforma Política de 1977 una oportunidad para el avance y quienes no creen en sus bondades. Los años ochenta abrieron nuevos frentes internos de batalla: al inicio del gobierno de Miguel de la Madrid (1982-8), se enfrentaban los que querían incorporar a la coalición panista a nuevos grupos sociales y quienes preferían mantener al partido desvinculado de compromisos y temían por el debilitamiento de su identidad histórica. El escandaloso fraude electoral de Chihuahua en 1986 fortaleció el perfil anti-sistema del PAN. Después, la escisión de la élite priísta en 1987 y la crisis política de 1988 enfrentó a los que querían abrir líneas de negociación con el neo-cardenismo en contra de los que anteponían la distancia ideológica al logro de objetivos que se presumían comunes. Muy pronto el conflicto se trasladó a otros ámbitos: estaban los que querían trazar puentes de negociación y de diálogo con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-94), contra los que querían mantener una postura de oposición impugnadora y sin interlocución.

Difícil y compleja la historia del Partido Acción Nacional. La apuesta estratégica que ha instrumentado desde 1988 recuerda a la de Christlieb en 1962. Por primera vez en la historia pos-revolucionaria, el PRI no cuenta --en la Legislatura 1988-91- con mayoría calificada en la Cámara Baja. Esta vez el PAN fortalece sus capacidades y su fuerza política en el Congreso: puede influir en la conducta gubernamental y puede imponer de alguna forma el reconocimiento de sus victorias en el federalismo, posición de poder e influencia con la que no contó Christlieb. Sin embargo, la estrategia fue la misma, con todos sus riesgos, con momentos de tensión y de relajamiento: más influencia parlamentaria, presencia e influencia crecientes en el federalismo. [Nota 20] Nada ha sido fácil; se asumieron riesgos, se cometieron errores, se sufrieron desgajamientos. [Nota 21]Son las vicisitudes de un partido que quiere, sin violencia y dialogando, transformar un sistema autoritario de extraordinaria adaptabilidad, con el que hay que convivir porque no se colapsa. Quienes piensan que desde 1988 el PAN marginó su demanda democrática con su "gradualismo" ignoran la mentalidad panista y la fuerza de sus vocaciones. En los últimos años, Acción Nacional ha logrado romper, sin marchar sólo en el esfuerzo, con muchos trabajos y pagando altos costos, las inercias autoritarias del quehacer político mexicano. Christlieb nunca habló de "intransigencia democrática", sino de "terca voluntad"; apostó al diálogo, método que con dificultades empieza a fructificar en la vida política de México. Hombre de intachable moralidad, de convicciones políticas y de preocupaciones sociales, Christlieb defendió una y otra vez una idea que empieza a ser dominante en la vida pública de México, la de que "no existe disyuntiva entre democracia política y democracia social". Ambas concepciones de la democracia, decía, "deben marchar juntas". A 25 años de su muerte, Adolfo Christlieb Ibarrola se suma a la lista, breve pero ejemplar, de los verdaderos caudillos de la democracia del siglo XX mexicano. [Nota 22]


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