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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

1. Análisis histórico de la función universitaria


A partir del siglo VIII, en el Alto Medievo es posible encontrar una inquietud creciente en torno a la educación, que procede de las altas esferas civiles y religiosas de la época. En efecto, la cristianización profunda de la nueva población surgida de la invasión de los pueblos germánicos y las nuevas necesidades planteadas a los nacientes reinos europeos por la recta administración de los bienes, presionaron al poder civil y al espiritual.

Para los efectos de esta breve reconstrucción histórica, baste recordar que con los reinados de Pipino el Breve y de su hijo Carlomagno, durante el siglo VIII muchas de las antiguas regiones romanas invadidas por los pueblos germánicos venidos de las regiones allende el Dnieper y el Danubio, se dirigían ya hacia una organización política y social más desarrollada y estable. A la primera ley de conquista del Primi Capientis, debía seguir una administración basada en principios jurídicos codificados. Por lo tanto, era necesario rescatar los antiguos escritos romanos y consignar, igualmente por escrito, las antiguas tradiciones jurídicas orales, propias de los pueblos nómadas iletrados.

Por otra parte, la tradición cristiana exigía que sus ministros estuviesen en contacto directo con las fuentes que le dieron origen y legitimidad. También le era necesario rememorar, por la vía sacramentaria, los mysteria fidei. Ambas celebraciones, la conmemoración sacramental viva y la palabra de Dios, eran los vehículos de enseñanza de los valores cristianos para el pueblo y para sus nuevos monarcas.

En la reconstrucción histórica de los antecedentes remotos de la educación universitaria, la cristiandad por un lado y el naciente Imperio Romano Germánicos por otro, son los polos más importantes de la exigencia educativa. Ambas organizaciones, la espiritual y la temporal, trajeron consigo exigencias muy concretas en lo relativo al manejo adecuado del saber y por ende, ambas organizaciones incidieron en la organización y en la transmisión del mismo. En efecto, el naciente estado medieval y la iglesia requirieron, con urgencia cada vez mayor, de amanuenses, intérpretes y aplicadores de los códigos jurídicos, compiladores de gestas y biografías (cronistas), así como expertos en el saber litúrgico y diplomático. Sólo con la relativa paz y estabilidad de siglo VIII, las esferas dirigentes de la sociedad medieval resienten la necesidad de contar con los servicios de personas educadas, cultivadas en y por el saber.

Es en este siglo cuando por primera vez aparece por escrito la preocupación eclesiástica en torno al tema educativo. Las primeras instrucciones de la jerarquía eclesiástica datan del año 757, elaboradas por el papa Esteban II. En este documento se exhorta a clérigos y obispos a que dominen la lectura y a que se ejerciten en ella leyendo continuamente las Sagradas Escrituras. Once años más tarde, en 769, el papa Esteban III amplió esta preocupación mediante un nuevo exhorto en el que se incluye la necesidad, por parte de los ministros eclesiásticos, de leer y estudiar también el Derecho Canónico.

Pero no sólo el poder espiritual se manifestó claramente en torno a esta necesidad, en ese mismo siglo también el poder temporal se expresó por escrito. En efecto, poco después del exhorto del papa Esteban III aparece en el Sínodo de Neuching (Baviera) del año 772, un escrito elaborado a instancias del Duque Tosilon III en el que se manifiesta la inquietud de los monarcas en torno a la enseñanza.

No cabe duda que la manifestación más famosa de esta inquietud de los reyes es la Carta Capitular de Carlomagno, promulgada en el año 787, antes de ser coronado emperador, titulada De litteris Collendis, que será la base para la instauración de las Escuelas Palatinas.

1. 1. Antecedentes remotos de la institución universitaria
1.2. Principales organizaciones universitarias del medievo

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