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ESTUDIOS. filosofía-historia-letras
Invierno 1994 Primavera 1995

1. 1. Antecedentes remotos de la institución universitaria


El proceso que culmina con estas manifestaciones por escrito había iniciado mucho antes, pero las condiciones generales de una sociedad naciente al golpe de la espada no eran las mejores para permitir la generalización. En efecto, en la iglesia se había cultivado el amor por las letras y por las artes desde mucho tiempo antes. Ya desde el inicio de las órdenes monásticas en el siglo V, estas instituciones religiosas se habían caracterizado por promover las virtudes intelectuales, aun cuando fuese en forma muy restringida. Las prácticas monástícas implican la exigencia de una dedicación diaria al trabajo manual y a la oración comunitaria. Por consecuencia lógica, esta última promovió entre los monjes el cultivo de la lectura y la escritura. Todavía hoy podemos admirar los maravillosos trabajos manuscritos con que fueron copiadas las obras de la antigüedad clásica, sobre todo latina, y los libros litúrgicos que guiaban la plegaria común. Ambos tipos de obras fueron realizadas por los amanuenses en los scriptoria monacales, bajo la mirada vigilante del bibliotecario.

De este breve recuento resulta claro que tanto los núcleos de poder espiritual como temporal fueron los factores de aglutinamiento de las actividades propiamente educativas.

En esta línea, los monasterios, sobre todo los benedictinos que se expanden por toda la Europa Medieval, fueron los primeros en lograr un ordenamiento educativo-curricular. Bien es verdad que éste fue muy simple en su inicio, pero es el precursor de todas las demás organizaciones curriculares hasta nuestros días. Es en las Scholae (Escuelas) Monásticas donde nace este proto-currículum que incluía las siguientes "rnaterias": Gramática Latina (lectura y escritura) y Aritmética (las cuatro operaciones).

La población atendida por estas instituciones adosadas a los monasterios estaba constituida por los hijos varones de la nobleza, por los hijos de aldeanos y artesanos que aspiraban a la vida monástica y por los expósitos o donados al monasterio, cuando se les veía alguna inquietud intelectual por la que pudieran aspirar a mayores responsabilidades dentro de la vida monacal.

En general, la relación educativa directa con la población civil era sumamente restringida, al igual que la atención educativa a la mujer. Esta actividad se consideraba patrimonio femenino familiar y, en algunos casos, era objeto de los monasterios femeninos. Sin embargo, en cualquiera de esas circunstancias, la educación estaba dirigida a introducir a la mujer en las funciones consideradas propias de su sexo y en las actividades familiares a su cuidado.

Con Carlomagno inicia el florecimiento de las Escuelas Palatinas, con un carácter más secular y abierto que las anteriores. Bien puede decirse que no poco influyó en esta direccionalidad lo que podríamos denominar razón de Estado.

Sin embargo, el exhorto papa¡ a obispos y clérigos de dominar la lectura para poder consultar y meditar las Sagradas Escrituras, promovió un nuevo centro con intereses educativos. En efecto, la jerarquía eclesiástica dedicada a la pastoral en general, las diócesis arzobispales y episcopales, resintieron también la necesidad de formar a sus miembros más allegados, los canónigos miembros de las Colegiatas. Por ello, un poco después de las Escuelas Palatinas aparecen las Escuelas Catedralicias, con el fin de facilitar la participación en el canto del oficio divino a los miembros del Cabildo, pues para ello debían leer los libros litúrgicos.

Es probable que en esta práctica, como en otras implantadas en normativa del ritual popular durante la Edad Media, se pueda rastrear de manera indirecta el influjo de los monasterios, a través de los obispos que ocuparon una determinada sede después de haber sido monjes. En muchos casos, monjes que habían dado muestras de sus dotes personales dirigiendo prioratos o comunidades monacales más pequeñas, fueron elevados a la dignidad episcopal. No es improbable que algunos de estos personajes hayan trasladado a sus propias sedes y demarcaciones diocesanas algunas prácticas aprendidas en sus monasterios, entre ellas la escuela.

A continuación se enumeran algunas de estas instituciones que fueron famosas en su tiempo y que corresponden a alguno de los tipos mencionados:

Escuelas Monásticas: Montecassino; Saint Denis; San Martín de Tours; Fulda; Montserrat; York.

Escuelas Palatinas: Aquisgrán, fundada por Carlomagno; París, que contó entre sus directores a uno de los pensadores medievales más importantes durante los años 845-67, Juan Scoto Erígena.[Nota 1]

Escuelas Catedralicias: Metz; Saltzburg.

No estaría completo el cuadro de los antecedentes medievales si omitiésemos al suelo hispano. En efecto, cuando en el centro del territorio europeo se consolidan las Escuelas Monásticas y se abren las Escuelas Palatinas, en el inicio del siglo VIII (713), la antigua Hispania, convertida ya en la España visigoda, casi en su totalidad cae en manos de los ejércitos musulmanes. La onda expansiva del Islam pasó el antiguo estrecho de las columnas de Hércules al mando del general Gib-il-Tarik. Lo que para el reino visigodo de España fue una desgracia política y militar que requirió siete siglos para ser resuelta, en el ámbito educativo fue una bendición.

En efecto, con el florecimiento del Califato de Córdoba a partir del año 929 se fecunda culturalmente todo el territorio europeo, pues en el pensamiento islámico español existe una apertura intelectual sumamente importante. Las bibliotecas y escuelas de las mezquitas hispanas cultivan muy diversas ciencias, como medicina, matemáticas, botánica, farmacología, alquimia, geografía, filosofía y teología.

Un siglo más tarde, en el año 1031, con la dispersión del poder que trajo la caída del Califato de Córdoba, el espíritu intelectual árabe se extiende a Sevilla, Granada y Valencia.

El contacto y el trasiego de ideas que promovieron las rutas de peregrinación a los lugares santos, en este caso hacia la tumba del apóstol Santiago en el campo de estrellas (Compostela), permiten a Europa entrar en contacto con una España intelectualmente muy fecunda, que repercutirá en toda Europa en varios sentidos. Baste recordar uno, el movimiento de rescate del pensamiento griego antiguo, mediante la traducción del árabe al latín de muchas obras que habían permanecido desconocidas para el mundo romano-germánico.

Se puede concluir esta primera aproximación a los antecedentes remotos de la educación universitaria con una aseveración por la que se remarca la importancia de los dos polos de demanda educativa y cognoscitiva de la Alta Edad Media: La Iglesia y el Estado.


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